Caída del cacique en Tulum, oportunidad

Por Óscar González – columnacafenegro@gmail.com

Por Óscar González

La creación del décimo municipio de Quintana Roo el 19 de mayo de 208 fue toda una fiesta para los habitantes de Tulum, que hasta entonces formaba parte de su hermano inmediatamente mayor: Solidaridad.
A diferencia de otras demarcaciones condenadas a la dependencia presupuestal estatal y federal, Tulum comenzaba su vida libre y soberana como municipio con nada despreciables ingresos propios que debía obtener del impuesto predial que pagan los grandes hoteles de la parte sur de la Riviera Maya que le corresponde, de Akumal hasta la cabecera, amén de que la actividad económica por el turismo ya hacía mucho que a los tulumenses no les era ajena. La ciudad cuenta con la tercera zona arqueológica más visitada de México –solo después de Teotihuacán y Chichen Itzá, aunque en turistas extranjeros, por lo tanto divisas para los prestadores de servicios, es la primera del país–, gastronomía propia y una oferta singular de hoteles boutique, ecologistas y de baja densidad pero de precios muy elevados acorde a su clientela más europea y sudamericana que estadounidense y canadiense.
Pero esta preciosa joya no nació en terrenos políticamente vírgenes, sino ejidales, que generaron nichos de poder muy fuertes que hasta la elección del 1 de julio parecían imbatibles. El actual alcalde electo, Víctor Mas Tah, fue el primero en encabezar la presidencia municipal ante un Concejo nombrado para preparar elecciones, lo que casi todos creyeron que serviría solamente para calentar la silla para el cacique de caciques, Marciano Dzul Caamal, el encargado de controlar a la población para los gobierno priistas en una época absolutista, pero el primer edil tulumense desarrolló un trabajo notorio a favor de la comunidad, llamando mucho la atención tanto de su partido como de la gente.
En efecto, luego de las elecciones Marciano Dzul se convirtió en presidente municipal. Los tres años que gobernó tuvieron resultados muy cortos respecto a las expectativas, y de ahí se sucedieron la destituida y encarcelada Edith Mendoza Pino, su peor que gris suplente Martín Cobos Villarreal, David Balam Chan y Romalda Dzul Caamal, todos priistas, la última hermana de Marciano y cual más cual menos de uñas bastante largas.
El entusiasmo inicial poco a poco pasó a hartazgo. Para la elección de ayuntamiento del 1 de julio, como es tradicional, el cacique mayor volvió a imponerse dentro del PRI y se volvió a postular, pero en esta ocasión la coalición Todos por Quintana Roo, que integran PAN, PRD y PMC, percibió la simpatía popular por el primer gobernante, ya que no convirtió su año de administración en uno “de Hidalgo”, y así postuló a Víctor Mas.
Arriba por segunda ocasión Víctor al primer inmueble de la avenida Tulum Oriente, pero esta vez con un importante bono democrático y por lo tanto de gobernabilidad, que deberá aprovechar, ahora sí, con tres años por delante.
Víctor Mas obtuvo ocho mil 852 votos, mientras que el exdueño de Tulum Marciano Dzul, con todo y maquinaria priista y caciquil, se quedó con siete mil 832. La diferencia fue de 14 por ciento más sufragios para el ahora presidente municipal electo.
Postulado por dos de los partidos que llevaron al gobernador Carlos Joaquín González al cargo, Víctor seguramente tendrá una muy buena comunicación con la administración estatal y por tanto capacidad de obtener los recursos que tanto requiere Tulum para seguir creciendo, en paz y orden.
Cuidado, pues no que no haya amenazas. Hay que aplicarse con todo.

GRILLOGRAMA
Mini-maximato, chao-chao…

En Tulum no hablaba más
Que el poderío de un fulano
Pues terrícola o Marciano
¡Ya lo sacó Víctor Mas!

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