Tren Maya: peje-delirio

Por Óscar González – [email protected]

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Por Óscar González

La alucinación de Andrés Manuel López Obrador del famoso tren maya ya se volvió emblema, así que los mexicanos muy probablemente tendremos que cargar con el delirio faraónico con todo y sus increíbles costes. Al señor presidente se le ocurrió y, como en los mejores tiempos del priismo absolutista, no nos quedará otra más que apechugar. Sin embargo el proyecto es tan idiota que hasta con la naciente corte monárquica morenista sería muy difícil sacarlo adelante.

No lo decimos nosotros, quienes de no existir la economía aplaudiríamos muchas de las propuestas del presidente electo, sino precisamente los actores de la estratégica “industria sin chimeneas”: una ocurrencia de campaña le puede salir muy caro a México, a la región y sobre todo a Quintana Roo. No hay cerebro. Unas líneas de Sergio Sarmiento:

“Andrés Manuel López Obrador ha cuestionado el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que considera caro e innecesario, a pesar de que los capitanes de la industria turística lo han señalado como indispensable y rentable. El costo del aeropuerto se calcula en 13 mil millones de dólares (247 mil millones de pesos), la mayor parte dinero privado. Los estudios técnicos se llevaron años, pero hoy el presidente electo recibirá un nuevo dictamen preparado por su equipo y con el que piensa lanzar la discusión que llevará a la consulta pública sobre si continúa o no la construcción.

“López Obrador ha anunciado también un proyecto para construir un tren en la zona maya, mucho mayor que el prometido en campaña. En lugar de 900 kilómetros, con una vía de Cancún a Palenque, el proyecto tendrá 1,500 kilómetros y llegará a Mérida y Calakmul, Campeche. El costo será de entre 120 mil y 150 mil millones de pesos”.

No se puede creer soberna estupidez y menos de quienes le abanican sus ocurrencias en aquella casona de la colonia Roma de la Ciudad de México: ¿A qué hora se volvieron locos?
Aquí les cuento otro pequeño problema, con ayuda de una nota de El Economista:

“La gran mayoría de los trabajadores sindicalizados de la Secretaría de Turismo (Sectur) federal no está de acuerdo con la decisión del virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, de cambiar la sede de la Secretaría de Turismo a la ciudad de Chetumal, Quintana Roo, afirmó José Carlos Navarro Valencia.

“El secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Sectur señaló que el anuncio ha generado un clima de incertidumbre generalizado entre los trabajadores de esa dependencia.

“Mencionó que, hasta el momento, la única información que tienen es la vertida por los medios de comunicación, por lo cual la representación sindical no cuenta con los elementos necesarios para tener un posicionamiento al respecto o para orientar debidamente a sus representados.

“El líder sindical expuso que lo más delicado de trasladar a los trabajadores de esa dependencia a aquella entidad del sureste del país es que los alejarán del patrimonio que han forjado durante años.

“En entrevista, explicó que la Secretaría de Turismo tiene 1,154 trabajadores operativos de base más alrededor de 385 de confianza que serían los que se trasladarían cuando lo disponga el próximo gobierno. Mencionó que el promedio de años de servicio está en el rango de entre 10 y 20 años.

“Los trabajadores están muy inquietos a raíz del anuncio y, sobre todo, porque no conocen más que eso.

“Esa incertidumbre es la que día a día se convierte en consultas al sindicato y es un comentario que ya se ha vuelto común” en la dependencia.

“Una de sus preocupaciones es que una decisión de gobierno se convertirá en la disolución de una familia y de sus patrimonios, sobre todo porque en la mayoría de los casos se trata de familias en las que los cónyuges e hijos también tienen que trabajar para solventar los gastos de sus hogares, estudian o tienen sus actividades en esta ciudad y les sería muy complicado mudarlas a Chetumal.

“El secretario general subrayó que incluso en estos momentos no es posible ni iniciar un diálogo porque el nuevo gobierno todavía no asume funciones, es más la autoridad electoral aún no le entrega la constancia de mayoría que acredite a López Obrador como presidente electo.

“No quiero ser responsable de decir algo que alguien me lo tome como un hecho o en el sentido contrario, insistió.

“Sin embargo, dijo que una vez que se establezca una mesa de diálogo para este asunto se les hará ver a quien corresponde que no se trata de una tarea sencilla.

“‘No por el hecho de que tú me ofrezcas una vivienda en el estado, es suficiente porque habrá compañeros que quisieran tener un patrimonio, pero no desean tenerlo en Chetumal’.

“La preocupación va desde cuestiones como que los hijos se tendrían que quedar en la ciudad y no tienen quien cuide de ellos. Al preguntarle si hay quienes estén pensando en recurrir a algún tipo de amparo por verse afectados por esta medida dijo que ‘con toda responsabilidad’ no lo sabe”.

No va a suceder. Milenio publicó que de la treintena de propuestas si acaso apenas seis ciudades tienen posibilidades reales de asimilar la llegada de secretarías federales y que el proceso pudiera llevarse varios sexenios en ejecutarse. La única experiencia previa –la mudanza del muy menudo Inegi a Aguascalientes a partir de 1985, tras los terremotos– tardó muchos años, por lo menos cuatro, en lograrse. Es una experiencia que acabó en éxito, ciertamente, pero no sin mucho esfuerzo, al grado que salió mucho más caro el caldo que las albóndigas.

Eran tiempos de Miguel de la Madrid Hurtado de Mendoza, de millonarias arcas, nacía el PSUM, la gran ciudad apenas tomaba conciencia de su existencia. Con todo, no fue miel sobre hojuelas: muchos trabajadores no emigraron y se quedaron sin chamba, otros lo hicieron y no se adaptaron a una ciudad hostil abandonando la fuente de ingresos de sus familias. Pocos, que viven en la colonia hidrocálida creada ex profeso, Ojo Caliente, tienen existencias regulares y la dependencia se estabilizó al fin. Si sacamos cuentas históricas, en verdad, no valió la pena.

Da pavor que todo lo que plantea en materia económica el próximo gobierno sea tan estólido. Viene un sexenio destructivo y que nos puede devolver a los años 70 en un abrir y cerrar de ojos.

Claro, eso sí: al desastre nos iremos sobre vías y cantando “Chattanooga Choo Choo”.

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