Narcocandidato

AMLO Narcocandidato

Rosa María de la Peña para Quinta Fuerza.
5 de Noviembre de 2017

En menos de 36 horas, con la ayuda de los medios de comunicación y redes sociales, López Obrador logró un objetivo electoral clave: transmitir su mensaje a las bases socio-culturales de la delincuencia organizada para convertirlas en fuente de votos y lealtades. La mayoría de sus rivales políticos han reaccionado de manera equivocada declarando que se trató de una ocurrencia, una locura, o que de plano no hay que tomar en serio al político de Macuspana. La realidad puede ser mucho más siniestra por sus repercusiones para el futuro de los mexicanos.

Lo que López Obrador pretende –y probablemente ya consiguió con su oferta de amnistía–  son los votos que le faltan para ganar la elección de 2018 y que calcula se encuentran en el orden de millones entre las bases sociales de los capos. Necesita ganar por ejemplo en el norte del país, donde la izquierda históricamente no ha logrado ni votos, ni estructuras partidistas suficientes. Su cálculo es frío pero acertado porque aunque sólo el Congreso la puede aprobar, la oferta de amnistiar a miles de delincuentes activos o potenciales puede determinar a su favor el resultado de la elección.

Como veremos, la delincuencia es ya un sector social en nuestro país que tiene varios segmentos electorales. A ellos fue dirigido el mensaje que López Obrador sabe les es atractivo: narcomenudistas, tratantes de personas, huachicoleros… y claro, a políticos corruptos de otros partidos como los que ha estado aceptando para integrar sus candidaturas. El objetivo primario es por supuesto, los millones de votos de bases sociales de la delincuencia que ningún político había convocado abiertamente, por la sencilla razón de que —por fortuna— nadie en este país tiene la carencia de escrúpulos de López Obrador para concebir alianzas.

La oferta de amnistiar a los delincuentes, no a todos, sino sólo a quienes hablen con él, fue lanzada en Quechultenango, donde los temidos criminales conocidos como Los Ardillos, se han elevado a la categoría de caciques.

El líder de MORENA viene cultivando eficaz y productivamente las redes de la narcodelincuencia desde hace muchos años. No debemos olvidar su complicidad con Lázaro Mazón a quien sostuvo como candidato a gobernador de Morena durante muchos meses a pesar de ser ampliamente conocido como el padrino político tanto de los Abarca como de los Guerreros Unidos y a pesar también de la tragedia de Ayotzinapa, donde logró desviar la atención pública de los verdaderos culpables, los narcopolíticos,  gracias a aquella consigna tan conveniente: “Fue el Estado”. No es casualidad que haya sido en Guerrero donde López Obrador lanzara la oferta que completa el paquete de regalo: la amnistía para los narcos, que obviamente comprende a sus socios, los Abarca de Iguala.

“Vamos a explorar todas las posibilidades, desde decretar una amnistía, escuchando a las víctimas, hasta exigir al Gobierno de Estados Unidos que lleve a cabo campañas para aminorar el consumo [de drogas]” Hablaba del problema de la seguridad y de que no ha sido conveniente usar fuego contra fuego. Contrario a ello, él hablaría con todos los mexicanos, lo que obviamente incluye a los líderes de los cárteles y a políticos corruptos que desde hace tiempo López Obrador ha estado recibiendo en Morena aparentando creer que por ingresar a su partido se han vuelto honestos.

Ética delincuencial

En el cálculo de López Obrador está el agradecimiento que le deberán a él y sólo a él, los amnistiados. Pero el resultado que López Obrador pretende con su oferta de impunidad para los delincuentes no se limita a la elección, donde efectivamente necesita miles de vigilantes y representantes para atender las casillas electorales. Su objetivo es formar un ejército paralelo de gente sin escrúpulos, leal sólo a él que le ayude a inhibir a la oposición. El “know how” es estalinista. Dice Carlos Alberto Montaner que procede de Cuba, ya que “los soviéticos enseñaron a los cubanos cómo gobernar sin sublevaciones”. En su Ética a Nicómaco, Aristóteles señala que hay ética en todos los grupos humanos, hasta en los delincuentes, pero con una jerarquía especial. El valor principal de los delincuentes es la lealtad. La apuesta de López Obrador, no es que los delincuentes dejen de delinquir, sino que los agradecidos amnistiados le servirán para instalar un tipo de gobierno basado en el miedo. Es por este motivo que el primer convenio que firmó fue con la CNTE, que más que un grupo de choque es un ejército. Los “profesores” más que un gremio son un ejército político que se conduce con mucha agilidad y disciplina. Como López Obrador, su ética no corresponde a la de —todavía— la mayoría de los mexicanos. Los maestros cobran sin dar clases y su herramienta principal es la extorsión a padres de familia y autoridades. Pero es importante advertir que la CNTE también se ha destacado por golpear opositores.

No debemos seguir instalados en la ingenuidad. López Obrador tiene proyectado un gobierno tipo caudillista, basado no en la democracia sino en un “movimiento popular” donde los golpeadores de la CNTE resultan idóneos para asegurar el control efectivo de un régimen basado en el miedo a los defensores del caudillo. Pero, de nuevo, la idea original no es de él, sino de otro tabasqueño que inspirado en Mussolini, aplicó el procedimiento allá por los años treinta. Fue el Gobernador Garrido Canabal quien fundó un temido grupo de golpeadores conocido como “camisas rojas”.

Amnistía a la cubana

López Obrador, al igual que en su momento lo hicieran Fidel Castro y Hugo Chávez niega su filiación socialista. En youtube podemos encontrar declaraciones de ambos negando ser socialistas. Ahora sabemos que ya en el poder aplicaron esa doctrina estatista contraria a la libertad tanto económica como política. Ocultar la filiación ideológica es parte de la receta para alcanzar el poder engañando a los seguidores. La última versión de este socialismo antidemocrático es el Socialismo Siglo XXI. Fue ideada por Fidel Castro y promovida con el dinero del petróleo venezolano. Y la última versión de amnistiar a la insurgencia criminal, está siendo aplicada por el Presidente Santos de Colombia. Pero la línea la dicta Raúl Castro. No por casualidad el convenio de paz entre el presidente de Colombia y las FARC fue firmado en La Habana. Ahora los colombianos tragándose su indignación están viendo a Timochenco, el líder de las FARC, presentarse como candidato a presidente de la república. Se trata nada menos que del líder de la narcoguerrilla que secuestró a miles de niños para entrenarlos como guerrilleros al tiempo de tenerles como esclavos cultivando la amapola y produciendo los estupefacientes que en opinión de muchos colombianos las FARC siguen todavía exportando a Estados Unidos y Europa.

La meta: segmentos electorales que nadie se había atrevido a convocar.

En suma, López Obrador está comprando lealtades de líderes políticos por un lado y bases sociales de delincuentes organizados por el otro, con rango de influencia hacia toda la narcocultura que cuenta con fans de los narcocorridos y las narcoseries.

La oferta de impunidad obviamente es música para los oídos de líderes políticos deshonestos de los que desafortunadamente abundan en nuestra clase política, en especial aquellos gobernadores que tienen fundado temor de ir a la cárcel, como ha sucedido últimamente con Duarte de Veracruz y Borge de Quintana Roo.

¿Y qué tan interesante resultará la propuesta de impunidad a los líderes del corrupto corporativismo tanto nacional como local, que no desean que llegue a su fin la opacidad con que se manejan por lo que se niegan a rendir cuentas ante sus agremiados?

Ciertamente el sector electoral más apetitoso de López Obrador está conformado por las bases sociales de la delincuencia que incluyen desde narcomenudistas, laboratorios de procesamiento de estupefacientes, tratantes de personas, “empresarios” dedicados al secuestro o los nuevos huachicoleros, pero el dinero de los capos políticos también cuenta.

El método para decidir y para promover candidaturas en Morena no es institucional, sino unipersonal. MORENA no es un partido, es López Obrador, ahí el único que decide es él.  Por ello es que en todas los carteles de Morena, aparece él junto al candidato o candidata local. Así lo ha estado operando a nivel local integrando candidaturas en sus repetidas visitas a todo lo largo y ancho del país donde ha ido tejiendo alianzas pero no con lo mejor de México, sino con políticos de pobre reputación.

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