Ajuar de Reina Maya regresa a México después de 24 años

En la madrugada del 1° de junio de 1994, el arqueólogo Arnulfo González, fue la primera persona en todo el mundo, en mirar adentro del sarcófago de la Reina Roja.

Lo que descubrió fueron decenas de huesos adornados con miles de piedras de jadeíta y conchas de mar, todo cubierto por polvo de cinabrio, un mineral tóxico de color rojo que le dio el famoso nombre.

De acuerdo con especialistas, el sarcófago fue enterrado hace 1,300 años y los restos pertenecían a la señora Tz’ak-b’u Ajaw, quien midió 1.54 metros de altura y llegó a vivir entre 50 y 60 años.

Tras dos décadas de investigación, se ha detallado que se trataba de la esposa del Rey Pakal, uno de los líderes más importantes del periodo clásico de la cultura maya.

Era conocida como la señora de la sucesión, porque su tarea era perpetuar el linaje de Pakal. Fue madre de Kan B’alam y K’inich K’an Joy Chitam, dos poderosos gobernantes de la región.

Este es uno de los muy pocos casos en Mesoamérica en donde se puede asociar la iconografía con los hallazgos”, apunta la arqueóloga Patricia Ledesma, directora del Museo del Templo Mayor.

Y es justo ahí, en el centro de la cultura mesoamericana, ahora CDMX, donde La Reina Roja será exhibida hasta el nueve de septiembre. Arribó de Nueva York, a donde fue llevada prácticamente desde su descubrimiento, con fines de restauración.

Después de esa fecha, volverá al Museo de Sitio de Palenque, Chiapas, donde “descansará” permanentemente.

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La Reina Roja fue enterrada junto a dos súbditos, los cuales fueron sacrificados para que la acompañaran durante su extenso recorrido por el inframundo.

A diferencia de las creencias europeas, el ancestral pensamiento maya no considera al hombre como un individuo compuesto de cuerpo y espíritu, sino como una parte constitutiva del mundo circundante, al que se encuentra unido de distintas formas”, puntualizó el arqueólogo Arnulfo González.

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