El Vaticano inició este lunes una intervención técnica sin precedentes sobre el fresco que preside el altar mayor del templo más emblemático de la cristiandad.
Los expertos del Laboratorio de Restauración de los Museos Vaticanos instalaron los primeros andamios para comenzar la limpieza extraordinaria del “Juicio Final”, la obra maestra que define la identidad de la Capilla Sixtina.
Durante los próximos tres meses, una lona de alta definición cubrirá totalmente el muro frontal para ocultar las labores de los especialistas mientras permiten que el flujo de turistas continúe de manera ininterrumpida.
Esta reproducción fotográfica a escala real garantiza que los visitantes mantengan la experiencia visual de la obra mientras los restauradores trabajan minuciosamente detrás de la estructura textil para devolver el esplendor al fresco.
El equipo de conservación detectó la urgencia de esta campaña específica tras observar una preocupante acumulación de sustancias extrañas que alteraban las tonalidades concebidas por el genio renacentista.
Según los informes técnicos, un velo blanquecino difuso cubría la superficie pictórica debido a la sedimentación de micropartículas que transportan las corrientes de aire generadas por los miles de visitantes diarios.
Paolo Violini, director del laboratorio encargado, señaló que estos depósitos han atenuado los contrastes de claroscuro y reducido la vivacidad cromática de los más de 180 metros cuadrados de pintura.
A diferencia del resto de los muros laterales, que reciben limpiezas nocturnas periódicas, el altar mayor de la Capilla Sixtina requería un acceso total a su superficie para realizar un tratamiento profundo y uniforme.
La intervención actual ocurre tres décadas después de la histórica restauración concluida en 1994, la cual reveló al mundo la verdadera paleta de colores de Miguel Ángel que permanecía oculta bajo siglos de hollín.
Con esta nueva actuación, la administración vaticana asegura la preservación a largo plazo de una de las piezas más influyentes de la historia del arte universal.
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La directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, supervisa personalmente este proceso que busca restituir plenamente la complejidad formal y el dramatismo lumínico deseado por el artista toscano.
El proyecto aprovecha el complejo sistema de andamiaje para inspeccionar cada centímetro del muro y eliminar cualquier residuo químico que pueda comprometer la estabilidad del pigmento original.
El encargo original del papa Clemente VII, ejecutado entre 1536 y 1541, vuelve a ser el centro de una meticulosa operación científica que combina técnicas tradicionales con tecnología de punta.
Los restauradores emplean disolventes suaves y herramientas de precisión para retirar el polvo acumulado sin afectar la delicada capa pictórica que Miguel Ángel aplicó hace casi cinco siglos.
Una vez finalizados los tres meses de trabajos, la lona desaparecerá para mostrar nuevamente el “Juicio Final” con una claridad y profundidad renovadas que sorprenderán a los estudiosos y devotos por igual.
Con información de: Latinus

