La ausencia de Carlos Joaquín

Por Óscar González - columnacafenegro@gmail.com

Por Óscar González

Como suele suceder y no debe sorprendernos, al ser solo Javier Corral Jurado y Carlos Joaquín González, de Chihuahua y Quintana Roo, respectivamente, los gobernadores ausentes en el mensaje con motivo del mensaje por el sexto informe de gobierno de Enrique Peña Nieto emitido en Palacio Nacional, las especulaciones más o menos en tono de conspiración menudearon, partiendo del señalamiento del hecho en el influyente editorial de Reforma, Templo Mayor, firmado con el pseudónimo Fray Bartolomé.
Ignoramos los motivos del norteño mandatario, pero Carlos Joaquín tuvo que atender un grave problema de salud de un miembro de su familia y por ello cancelar la visita al sitio en que gobernaba el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin a la llegada de los conquistadores españoles. No omitió excusarse con el presidente. Lo cierto es que un recuento de la relación, acciones y colaboración entre los órdenes de gobierno en los últimos dos años ha sido altamente positivo, de buena voluntad y suficiencia interinstitucional. No hubo desaire, pues.
Pero en menos de dos meses esto será historia. Lo que importa desde ya es el futuro de las relaciones entre niveles de gobierno; a todo el país le preocupa que se mantengan o se diluyan el pacto federal y la vida republicana. Andrés Manuel López Obrador ha dado claras muestras de que el respeto a los estados y municipios no solo se mantendrá, sino incluso pudiera fortalecerse, lo que se puso bajo cuestionamiento tras el anuncio de la instauración de un representante estatal del gobierno federal en sustitución de los delegados federales en las entidades federativas, pero aunque nosotros señalamos el riesgo de que la figura pudiera significar una especie de virreinato lo cierto es que los adelantos de posturas han disminuido ese temor.
Arturo Abreu Marín, tabasqueño y morenista fundador, quien representará al gobierno federal en Quintana Roo, es de por sí un viejo amigo del estado en le que, como en todos los del Sureste –nos alienta su perfil político y la expertise económica y financiera que evidentemente ha adquirido en una muy larga carrera–, se desempeñó principalmente en varios cargos de Banobras y Nacional Financiera, recién se refirió con los términos más halagüeños a Carlos Joaquín, al tiempo que el mandatario ha sido uno de los siete panistas gobenadores –agrupados en Goan– que desde antes de las elecciones manifestaron sus simpatías por Andrés Manuel López.
Joaquín, en particular, ha celebrado los proyectos centrales del tren maya –desde nuestro punto de vista muy difícil de realizar, pero que pudiera arrancar precisamente con el proyecto quintanarroense del tren Cancún-Tulum y el yucateco Cancún-Valladolid –en el Mayab gobernará Morena–, estos sí muy viables, y el plan forestal para Tabasco, Veracruz y Chiapas –a ese honestamente no le vemos ni pies ni cabeza: pretende emplear y dar sustento a una población equivalente casi al doble de la de Chetumal, verbigracia, durante los más de 20 años que tarda en ser aprovechable un cedro o una caoba, ¡nomás regando plántulas y plantones!–, pero lo importante es que hay muy buena “vibra” y fuertes coincidencias entre el próximo gobierno federal y el estatal, que cohabitarán los próximos cuatro años.
Desde luego que los municipios quintanarroenses gobernados por el Morena se verán beneficiados no solo por tener un presidente correligionario, sino porque en muchos temas quien es mediador por ley, el gobierno del estado, estará en plena sintonía y disposición para trabajar a favor de los quintanarroenses.
Sabemos que Mara Lezama, Hernán Pastrana Pastrana y Laura Beristain Navarrete de por sí han recibido de Carlos Joaquín no solo un compromiso de coordinación institucional, sino muestras de la simpatía que debe generar en principio el resultado de la voluntad ciudadana expresada en la urnas, que es la que manda –o debiera mandar–.
Mal empieza la semana para quien ahorcan en lunes y qué bueno que no sea caso. Pintan bien el arranque del nuevo gobierno federal del 1 de diciembre, el segundo tercio de la administración de Carlos Joaquín y el comienzo de los noveles ayuntamientos –de todos: no solo los del Morena, aunque estos lo harán con más reposo–, y ahora los ciudadanos lo que tenemos que hacer es estar pendientes y exigir que cumplan.

HONÚNCULOS

Ahora desde el PT, el esclarecido diputado Gerardo Fernández Noroña –ese que el 23 de julio de 1993, exigiendo “diálogo”, se arrojó a los pies del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León cuando salía de la residencia oficial de Los Pinos–, apenas dos días después de haber rendido protesta en San Lázaro se aventó ya su primer zipizape del sexenio en las afueras del antiguo Palacio de Axayacatl. Forcejeó con miembros del Estado Mayor Presidencial exigiendo que le franquearan la entrada al acto del mensaje de Enrique Peña con motivo de su último informe de actividades.
Ya no estamos en los 80 para esos performance, pero a Gerardo Fernández nadie se lo ha dicho. No podemos creer que un hombre tan culto –lee por lo menos cinco libros a la semana: le creemos porque lo conocimos y platicamos con él, y nos consta que el exlíder de El Barzón es un mar de conocimientos– no sepa que el Informe de Gobierno es un documento que por mandato constitucional el presidente entrega a los diputados y no el acto que organiza la presidencia desde que los opositores de izquierda –hoy muchos son diputados y autoridades electas del Morena en todo el país, y él militaba en el PRD– impidieron el 1 de septiembre de 1996 al presidente Vicente Fox Quesada pronunciar su mensaje en el Congreso de la Unión en protesta por el “fraude” electoral contra ¡Andrés Manuel López Obrador!, tras la llegada a la presidencia Felipe Calderón Hinojosa. Noroña fue el más furibundo de los detractores del segundo presidente panista.
Lo más curioso de lo sucedido este lunes es que el flamante coordinador de los diputados de la LXIV Porfirio Muñoz Ledo, luego de Ifigenia Martínez Hernández decano de Morena en el Congreso de la Unión, que en 1986 durante la ceremonia del informe de gobierno de Miguel de la Madrid se convirtió el primer diputado en interpelar al presidente, interrumpiendo el rancio rito del interminable mensaje, fue impugnado por Gerardo Fernández desde el otro lado de la valla en su caminata hacia el patio del palacio por acudir al ritual de despedida de Peña Nieto y recibió cabizbajo iracundos reclamos y la imprecación –peques y pudibundos: favor de suspender aquí la lectura– “culero”.
¡Toma! Primera experiencia acre del provecto legislador como miembro de la nueva hegemonía del poder, por más que merced a su legendaria pericia verbal –que mantiene intacta– haya respondido más tarde que asistió en aras de que la transmisión del poder sea lo más tersa posible. Bien bajado ese balón, pero palo dado ni dios lo quita y tendrá que coexistir con el basilisco Noroña durante tres largos años, y vaya que es una piedra en el zapato o, mejor, como dicen los angloparlantes, a pain in the ass.

GRILLOGRAMA

Sopa de Profrio…

Se la interpeló con ganas
A Noroña, gran pelado
Que así, procaz, le ha gritado
“Culero”, sin ver sus canas

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