La trama secreta de lo que fue y lo que será

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Hugo Martoccia
La Jornada Maya

Hay dos anécdotas, una pública y una privada, que pintan con precisión el proyecto de Marybel Villegas para el Congreso de Quintana Roo.

La primera la vieron todos: fue la irrupción de la senadora con decenas de seguidores al recinto legislativo, que fue, de hecho, un mensaje para la política de que ella llegaba a mandar en ese Poder.

La segunda, la privada, fue también muy elocuente. En las primeras horas de la nueva Legislatura, el diputado de Morena, Edgar Gasca se reunió con sus pares Eduardo Martínez, del PAN; José Luis Toledo Medina, del MC, y Carlos Hernández del PRI. Buscaban algún tipo de salida al entuerto legal y político en el que estaban.

A la reunión ingresó, sin pedir permiso, Jorge Parra, esposo de Marybel. Desde ese instante, Gasca perdió la voz. Parra fue el encargado de pedirle a Eduardo Martínez, en tono de exigencia, que le diera las llaves de la oficina de la Presidencia. El panista, por supuesto, no se las entregó, y la reunión se terminó. En ese momento, quedó muy claro de dónde venían las órdenes, y hacia donde iba el conflicto.

Debe decirse con todas las letras: lo que ha sucedido en el Congreso desde el martes pasado es gravísimo, y fue originado por el “Marybelismo”, en alianza con el Verde y el PT, partidos que deberán explicar a la sociedad por qué aceptaron participar de un plan que violaba abiertamente la ley.

En las últimas horas horas, diputados de los tres institutos políticos han dicho que todo se hizo conforme a derecho. Esa es, lisa y llanamente, una mentira. Por eso, hay que explicar paso a paso lo que fue realizado, para que nadie pueda excusarse.

EL PLAN ILEGAL

Lo primero que debe decirse es que nunca hubo una ruta jurídica por parte del “Marybelismo” para quedarse con el Congreso. Era simplemente un plan ilegal, basado en la idea de que nadie podía frenarlos. La idea la dieron un par de abogados borgistas contratados por Marybel. Era, entonces, lógica la propuesta de no cumplir la ley: hablar de borgismo y legalidad al mismo tiempo es una paradoja.

El plan que fue seguido, y aún está vigente, es el siguiente: el 3 de septiembre diputados asumieron la Legislatura con la nueva Ley Orgánica aprobada en diciembre pasado. Una vez que el Verde Ecologista, Gustavo Miranda quedó como Presidente de la Mesa Instaladora, decidió aplicar la ley anterior, la de 1995. O sea, un procedimiento ilegal.

Con esa ley ya derogada, Miranda instaló, secundado por el petista Hernán Villatoro y la morenista, Reyna Durán, la Mesa Directiva, y lo hizo por un mes. Ese es el procedimiento según la ley de 1995. La nueva ley tiene un procedimiento diferente: se instala antes la Junta de Coordinación Política (Jucopo) y luego la Mesa Directiva, que dura un año.

El plan era que en la sesión del jueves 5 de septiembre, se volviera a usar la nueva Ley, la de 2018, para instalar la Jucopo. Allí, Gasca asumiría la presidencia del primer año, y a la vez sería presidente de la Mesa Directiva. La nueva ley le impide a un mismo partido tener los dos cargos, por eso era necesario usar dos leyes diferentes. Así de ilegal era el plan.

Antes de ello, sin embargo, se daría entrada a una iniciativa de reforma a la ley de 2018, propuesta por el PT, que fundamentalmente propondría darle el control total de los recursos al presidente, sin la aprobación del resto de las bancadas. Además, cambiaría la forma de integrar la Jucopo para sacar al PAN y que sólo estuvieran Morena, Verde y PT.

Esa es toda la verdad; fue pública y está grabada. Hoy, lo único legal en el Congreso es la Mesa Instaladora, y desde allí debe reponerse el procedimiento.

La situación actual

El Plan hubiese sido probablemente exitoso si Morena no iniciaba formalmente su rompimiento como bloque el mismo 4 de septiembre. Las palabras de Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de que el partido no puede utilizar procedimientos ilegales y el enojo de los referentes del morenismo, porque Marybel quería quedarse con el poder, las comisiones, y los recursos, hicieron que el bloque estallara, y cuatro morenistas decidieran dejar sin quórum a Gasca y su grupo.

La presión de esos referentes y la llegada de la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, ayudaron a que la situación hoy sea mucho mejor, al menos en el papel. El acuerdo firmado entre la dirigente y los nueve diputados de Morena, incluye al Verde y al PT y dice, textualmente:

“Para estar acorde con los postulados de la Cuarta Transformación, los Grupos Legislativos de Morena, PT, y PVEM hemos optado porque se convoque a sesión a la brevedad posible, con la intención de elegir la Jucopo y la Mesa Directiva de dicho cuerpo colegiado, en términos de la Ley Orgánica del Poder Legislativo del estado (vigente)”.

O sea, es reconocida la ilegalidad, y se regresa a la legalidad. En el mismo acuerdo se decidió lo que es público: que la coordinación de diputados fue dividida en tres, y que quedará para Edgar Gasca, Euterpe Gutiérrez y Reyna Durán, un año cada uno.

¿Quién gana con esto? Todos un poco. Primero, las instituciones, que volverán a la legalidad. Luego el PAN, que podrá presidir la Jucopo un año. Y también gana el morenismo que está en contra de Marybel, porque se le quitó a la senadora lo que podría haber sido el control total del Poder Legislativo.

Sin embargo, la pregunta que hay que hacerse ahora, en realidad, es si ese acuerdo se va a cumplir.

El futuro y la política

La batalla que se avecina es la del grupo de Marybel por buscar que Morena presida la Jucopo el primer año, para que le toque a Gasca esa posición. Yeidckol prefiere que el partido se quede el primer año con la Mesa Directiva, y que la Jucopo la presida el Verde.

El problema es que ya nadie confía demasiado en Yeidckol. Marybel tuvo un triunfo simbólico ante ella. Demostró que ni todos juntos, Yeidckol, Mara Lezama, Chucho Pool, Luis Alegre, Mildred Ávila, Paty Palma y José Luis Pech, pudieron sacar a su candidato.

Esos referentes del morenismo estarán preguntándose para qué fueron a poner la cara junto a una presidente de partido que no puede ni siquiera vetar un nombre. También deberían preguntarse cómo es que, en un mes, ninguno de ellos pudo operar un cambio en la correlación de fuerzas entre los nueve diputados de Morena.

Nunca pudieron romper la mayoría de los marybelistas puros y los de ocasión. Y ese es un déficit de operación política propio, de cada uno de ellos. Más allá de eso, lo que quedó es un bloque que, en los hechos, ya está dividido. Hoy, todos desconfían y recelan de todos.

El otro tema es: ¿Marybel va a respetar los acuerdos que se tomaron? Difícilmente. No está en su ADN el reparto de poder. Su objetivo es claro: si Gasca queda el primer año en la presidencia de la Jucopo, nadie le va a sacar la coordinación, y todo lo firmado será igual que nada.

No hay que dar demasiadas vueltas: si la instalación del Congreso se repone, no se cambia la ley (el PT insiste en presentar la iniciativa, porque quiere presidir la Jucopo un año) y Gasca no queda de presidente de la Junta, Marybel habrá perdido gran parte de la batalla.

Pero si Gasca preside la Jucopo, habrá una nueva embestida de Marybel, que se declarará justa ganadora de la contienda, e irá, nuevamente, por todo.

Que nadie se confunda: nada se ha solucionado aún; está es una guerra que apenas está comenzando.

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