En México, hablar de concesiones suele provocar una reacción casi automática de desconfianza. La palabra “privado” muchas veces genera sospecha cuando se mezcla con servicios públicos, como si de entrada significara abuso, descuido o negocio a costa de la gente. Y sí, hay casos que alimentaron esa mala fama, pero también hay otros que —aunque incomoden al discurso— demostraron que una concesión bien hecha puede traducirse en mejores servicios para la ciudadanía.
Ahí están, por ejemplo, algunas autopistas concesionadas del país. Más allá del debate eterno sobre peajes y tarifas, es innegable que en varios tramos la diferencia entre el antes y el después fue clara: carreteras en mejor estado, mayor seguridad, tiempos de traslado más cortos y mantenimiento constante. No es un modelo perfecto, pero difícilmente esas mejoras habrían llegado con la misma velocidad sin inversión privada y reglas claras.
Algo similar ocurre con ciertos aeropuertos operados bajo esquemas de concesión. Modernización de terminales, ampliación de pistas, mejor experiencia para usuarios y una operación más eficiente son logros visibles. ¿Son empresas con fines de lucro? ¡Por supuesto! Pero también han demostrado que cuando hay supervisión y compromisos definidos, el resultado beneficia a millones de personas que usan esos servicios todos los días.
EL CASO DE QUINTANA ROO
En Quintana Roo hay un ejemplo que suele provocar más ruido que reconocimiento. Tan solo en 2025, la empresa concesionaria del servicio de agua potable —que suministra la red en Playa del Carmen, Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres— tuvo avances que marcaron una gran diferencia en estos municipios.
Durante el año pasado la concesionaria del servicio de agua potable consolidó inversiones en infraestructura hidráulica que durante décadas habían sido postergadas. Se ampliaron redes, se redujeron fugas, se fortaleció la capacidad de abastecimiento y se modernizaron procesos que permiten mejor control del servicio. Todo esto, en una entidad que crece a ritmo acelerado donde la demanda de agua cada vez es más compleja.
También hubo avances en atención al usuario, digitalización de trámites y respuesta a reportes, aspectos que suelen pasar desapercibidos, pero que impactan directamente en la vida cotidiana. No fue magia ni ocurrió de la noche a la mañana, pues es un trabajo a lo largo de los años que ha operado y los resultados de 2025 están ahí: sería deshonesto negarlos.
MÁS DATOS, MENOS CONSIGNAS
Esto no va de defender estrictamente a las empresas concesionarias ni afirmar que el sector privado es la solución universal, es más simple —y más incómodo— reconocer lo que funciona. Porque cuando se trata de servicios esenciales, la discusión debería centrarse en resultados, calidad y beneficio social, no en consignas ideológicas.
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Criticar es necesario. Vigilar también. Pero cerrar los ojos ante los avances solo porque no encajan en cierto relato, termina perjudicando a la ciudadanía. Y al final, de eso se trata: de que el servicio funcione y mejore.
