Gritos y sombrerazos, enemigos de la democracia

Por Lizzy Santoyo

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Voltaire
Unos de los mayores y frecuentes miedos del ser humano son: el temor a ser rechazado, el temor al abandono y a la humillación.
Son miedos causados por heridas en nuestra infancia principalmente y pueden darse también en la adolescencia, todos se relacionan con la supervivencia: “si se me rechaza, se me humilla o se me abandona no podré sobrevivir, necesito de la familia”. es la conclusión en la mente infantil, no obstante, crecemos con ese “programa” en nuestro software mental, lo que represente una aprobable humillación, rechazo o abandono es peligroso. Y así traducimos diversas cosas como “peligro”, una de ellas es el equivocarse, da temor estar equivocado porque muchas decisiones se hacen con base a un sistema de creencias, de principios personales a los cuales les hemos dado validez, si los cuestiono y dudo de los, o si alguien me muestra un argumento fuerte con sustento que pueda insinuar que yo esté en una equivocación, se alerta en la mente la señal de “peligro”.

Es fácil observar esto en una discusión en redes sociales, que llamaría mejor “pleito”, puesto que las discusiones nos llevan a acuerdos, intercambios de opiniones, incluso resultan sanas. Un pleito es ataque y defensa, básicamente. Elijan cualquier publicación referente al tema de la contienda electoral en su mayoría percibiremos ataque y defensa. Porque la posibilidad de que alguien opine distinto es visto como peligro, la posibilidad de estar en una equivocación es visto como peligro, y preparamos nuestro arsenal para ello.

¿Y si dejáramos de ver como amenaza otra forma de ver las cosas? ¿Y si observamos más, nos informamos más antes de emitir una opinión? ¿Estamos conscientes que para que exista una democracia se NECESITAN distintas formas de pensar?

El discurso que plantea un panorama apocalíptico o el que está lleno de odio, no hace otra cosa más que abonar a ese temor, y sí de por sí existen ciertas diferencias y divisiones, éstas se fortalecen y son más perceptibles. Es común leer personas que dejan de seguir a personas, o amistades que incluso se ven afectadas por las diferentes posturas en esta temporada electoral, porque una diferencia terminó en pleito, en agresiones, atacando y defendiendo algo. ¿Es realmente necesario?

Invito a que, ante cualquier opinión distinta antes de responder, procuremos hacerlo desde la razón, desde la parte en que está consciente que es válido pensar diferente, es válido expresarlo, es necesario para una democracia, y si quiero un país menos violento puedo evitar contribuir a ello, al menos no violentando a las demás personas con mis palabras.

Dejemos de actuar desde el temor por eso se agrede y se actúa a la defensiva, dejemos de vernos como enemigos y mejor comprendamos que para salir a delante como país necesitamos aprender a trabajar en conjunto a pesar de las diferencias. Y si por naturaleza nos dejamos llevar por el temor, seamos rebeldes, elijamos ir contranatura.