Cuando sólo tienes un martillo, todo te parecen clavos. Tolerancia a la frustración

Laura esperaba con emoción el poder compartir una tarde con las amigas, una de ellas se sentía indispuesta y avisó que no podría llegar. Laura sintió mucha tristeza y molestia, los dedos fueron más veloces e inmediatamente respondió por mensaje que había estado esperando varios días para poder convivir con todas, y eso le daba una profunda tristeza, que nuevamente se quedaría con las ganas de poder convivir juntas todas como originalmente tenía pensado.

¿Te ha sucedido algo así? Tener una idea acerca de algo y de pronto se ve modificado, o desear que algo sea como planeado y alguien o algo, frustra ese deseo. La forma en que podemos actuar respecto a ello dice mucho de uno/a mismo/a. Se le llama “Tolerancia a la Frustración”, y es que esta emoción, la frustración es lo que se siente cuando no logramos lo que queremos.

La frustración provoca otras emociones como enojo, tristeza, impotencia. Y puede detonar formas de actuar en la vida.

  • Víctimización: Ante la imposibilidad de tolerar la frustración muchas veces optamos por el diálogo interno (y a veces externo) de culpar a las situaciones, personas y ponernos en un lugar de víctima: “sí, a mí me ignoran, total no importa lo que sienta”, “Después de todo lo que procuré para estar aquí contigo”, “ yo tengo la culpa por darlo todo” y frases así que si bien, pueden tener una razón válida, la forma en que procesamos los hechos es situándonos en el papel de víctima, donde el berrinche, el chantaje, el drama son los recursos que usamos para lidiar con la frustración. Y esto es porque muchas veces no somos conscientes de que podemos acudir a otros recursos en vez de seguir usando los de la infancia. Una persona que se victimiza usualmente reacciona de forma infantil.
  • Agresión: Otras personas para poder lidiar con la frustración optan por dar rienda suelta al enojo que sienten ante la impotencia de que algo sea distinto a lo esperado, lo planeado o deseado. Son personas que no responden ante las circunstancias, sino que reaccionan, una respuesta requiere un proceso de razonamiento, la reacción es meramente impulso. Gritos, empujones, golpear algún objeto, o insultar son unas de las formas en que se expresa la intolerancia a la frustración. Muchas veces es una conducta aprendida, es la única herramienta con la cual se cree que se puede sobrellevar algo frustrante, sin embargo, desencadena problemas mayores, como pleitos, heridas físicas, discusiones innecesarias, y después de ello la frustración aumenta, suele ser peor.
  • Miedo: El miedo como una reacción ante el peligro de la vida es muy útil. Sin embargo, el miedo aprendido por situaciones adversas puede no serlo tanto. En ocasiones se evita hacer algo, por temor a que sea distinto a como se anhela y para evitar la frustración que pudiese sentirse en ese hipotético caso, preferimos entonces mejor ni intentarlo. Esto disminuye la auto estima, pues se evitan las metas, los retos, el crecimiento propio. Preferimos estancarnos en aguas quietas, aunque turbias, con tal de evadir la frustración.

Si te ha sucedido algo de esto, es en gran parte a que recurres a una sola forma de lidiar con la frustración; es como si la vida te diera una caja de herramientas y conforme a lo que vamos aprendiendo de las experiencias adquirimos herramientas que ponemos en esa caja. Cuando aceptamos nuestra forma de ser y actuar ante las situaciones y consigo mismo/a, somos conscientes de qué tantas herramientas tenemos y cuáles nos hacen falta, incluso ver la forma de adquirirlas, podemos ser torpes al usar alguna por primera vez, por ejemplo con la asertividad, el saber decir en el momento más funcional, de la forma más funcional lo que se piensa o siente, sin drama, sin victimización, sin darle el control de nosotros mismos a las emociones, es una gran herramienta y se adquiere la habilidad de usarla con la práctica.

¿Cómo mejoraría tu estado de ánimo, tu salud, tus relaciones y tu autoestima si usaras otra forma para tolerar la frustración? Ahora imagina si cada persona pusiera el empeño en ser más tolerante a ella, sería sin duda una sociedad mucho más madura.

Y si por naturaleza reaccionamos inconscientemente y de forma poco útil para tolerar la frustración, vayamos contranatura y aprendamos a dejar de ver a todo lo que nos sucede con forma de clavos.