Lo que natura no da…

Por Lizzy Santoyo

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Existe un refrán muy conocido principalmente en España, desde principios del siglo 20, “Quod natura non dat, Salmantica non prestat” en castellano “Lo que natura no da, Salamanca no presta” dicho coloquialmente: lo que no traes por naturaleza no lo obtienes ni aún en la mejor Universidad. Se dice que fue Miguel de Unamuno quien la acuñó, cuando era rector de la Universidad de Salamanca, una de las más reconocidas desde 1218. El príncipe llegó a estudiar, después de un mes y del hartazgo de Unamuno al ver que no había progreso, lo devolvió al rey con una nota donde se leía la frase citada anteriormente.

Nacemos con ciertos rasgos como el temperamento, no obstante, según la psicoterapia, la personalidad, así como otras características y habiidades se desarrollan, sin embargo, depende mucho del entorno, de las situaciones, los patrones familiares etc. Nacemos con un cerebro sin terminar de formarse, de hecho, el Instituto de Neurociencia Cognitiva de Londres a través de un estudio señaló algo que sorprendió; el cerebro continúa desarrollándose en la infancia y pubertad y está totalmente maduro hasta los 30 años, e incluso después de los 40. El área que más tiempo toma en madurar es el córtex prefrontal, la parte más evolucionada y racional de nuestro cerebro.

Echemos un breve vistazo a esa maravillosa computadora que la naturaleza nos dio, desde una división que nos facilitará la comprensión del mismo, el cerebro reptiliano, el mamífero y el córtex. El reptiliano es el compuesto por las partes más bajas del cerebro, en ella se dan las conductas más simples, primitivas, las de supervivencia, como el miedo, el hambre, etc.

El cerebro mamífero, o límbico, en el cual surgen las emociones asociadas con las situaciones que vive la persona. Esta parte del cerebro nos condiciona, aprendemos a partir de unas experiencias y usamos ese aprendizaje en lo sucesivo, si te preguntas por qué algunas personas reaccionan como niños pequeños, es por eso, seguimos usando esa información de la infancia en vez de suplirla por la aprendida como persona adulta.

El neocórtex, que es la parte frontal de nuestro cerebro, es lo más desarrollado y evolucionado que tenemos, pues en esta parte se realiza el proceso del razonamiento, nos ayuda a un pensamiento sistemático, crítico y lógico que puede ser independiente a las emociones y conductas que traemos programadas.

Todas las personas tenemos estas tres partes en nuestro cerebro, sin embargo, sucede que muchas veces no aprendemos a usar más el neocórtex, una persona impulsiva reaccionará más movida por el cerebro reptil, una persona que permite que sus emociones le controlen a veces de forma contraproducente usa más el mamífero.

Lo que nos suceda, lo que vivamos, aprendamos y decidamos hacer con ello determinará en gran parte nuestras capacidades. Como diría Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias”.

Giovanni Sartori, filósofo, señalaba que hoy podríamos ser catalogados como Homo videns, un ser centrado en la imagen, en ver sin razonar, que ve y a todo le da validez, a diferencia del sapiens, un ser que se caracteriza por la reflexión, por la capacidad de generar pensamientos abstractos.

Si pensamos en ambas ideas que he expuesto, podemos preguntarnos, ¿realmente si no traemos ciertas capacidades por naturaleza, es decir, genéticamente, de nacimiento, no podemos obtenerlas? La inteligencia, la capacidad de aprender, analizar, reflexionar, incluso la inteligencia emocional, ¿se trae o se aprende?

Los estudios acerca del cerebro dan muestra que la capacidad de desarrollar inteligencia, pensamiento sistémico, crítico está en todos, la psicoterapia, la sociología y personajes como Sartori, muestran que podemos hacerlo. No obstante, depende mucho de qué elegimos hacer, se puede ser ignorante, todas las personas en ciertos rubros y momentos los somos, no obstante, la elección de qué hacer con esa ignorancia, y qué hacer con lo que natura nos da, está en uno.

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Y si por naturaleza no poseemos la capacidad de ser más reflexivos, seamos rebeldes, elijamos ir contranatura.

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