Cuando el amor te toca

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Rocío Martínez Preciado

Hace tres años fui al hospital general vestida de doctora de la risa, con mi bata de doctora que tenía el nombre de Alonsina, mi estetoscopio de juguete y mi nariz roja, lo que me recordó a la película de Patch Adams el “Doctor de la Risa“, pues encierra tantas verdades y cosas positivas, como que la risa ilumina tu corazón, aunque la luz de la tristeza quiera apagarlo.

Yo tomé un curso de risoterapia y visitó hospitales tratando de provocar sonrisas que iluminen a mis hermanos, a mis prójimos, que se encuentran postrados en una cama de hospital recuperándose.

Un día, específicamente no recuerdo la fecha, pero si recuerdo lo bendecida que fui con esa visita al hospital, visite varios pacientes acompañada por amigos también con bata y nariz roja, en una cama estaba una señora con peligro de embarazo, llegamos a su cama, nos platicó que esperaba a su bebé, y de repente les dije a mis compañeros -¿Escucharon? está esperando un bebé, y todos tenemos hambre ¿Verdad? así que como cada bebé trae una torta bajo el brazo…- ¡Esperaremos! Todos nos recargamos en la cama, con nuestras caras apoyadas sobre la mano en señal de espera, la señora no paraba de reír esas lágrimas que  encontramos cuando llegamos, cambiaron a sonrisas que iluminaron su bello corazón de madre.

Continuamos nuestra visita a las demás camas y entré a un cuarto aislado, donde estaba un ángel llamado Lalo, de 8 años, y a su madre Rocío, igual que yo.

Lalo jugaba en la calle con un amigo, y un raro virus del ambiente le causó una extraña enfermedad aún desconocida que lo convulsionó en ese momento, lo dejó paralizado y sin poder hablar.

Ese niño hermoso, con unos ojos claros que mostraban su alma, a pesar de no poder hablar, te invitaban a que el amor te tocara.

Su mami, una guerrera incansable con sus pies hinchados y el cansancio, unida al lado de la cama de su hijo, sin querer moverse, era de otra ciudad, la invité a bañarse y descansar en mi casa, lo que rechazó por amor a su hijo, ¡Una mamá María!

Estuve visitando varios días a Lalo, ya vestida normal como Rocío, como mamá que conocía ese luchar por la vida al lado de tu hijo, tratando de ganar la batalla. Así como yo estuve al lado de Alonso, esa señora me recordaba la lucha de mi hijo, ir a visitarlos, no era darles de mí, era que su amor me fortaleciera, su amor me tocaba, me lo daban haciéndome valorar más la vida.

Un día por la mañana sonó mi teléfono y era Rocío, diciéndome “Rocío ¡Lalo acaba de morir!”, le respondí -voy para allá-, me vestí y me apresuré al hospital.

Al llegar y abrazar esa madre llena de dolor, extendió sus manos, entregándome, en un gancho, el traje de primera comunión de Lalo, pidiéndome vistiera a su hijo con ese traje, lo tomé y le pedí al policía vigilante en el hospital, me ayudara a vestirlo, aunque comprendí no fue él quien me ayudó, fue Dios.

Él me sostuvo, me envió al espíritu santo para iluminarme y darme fuerzas ante mi corazón y cabeza aturdida, al vestir a Lalo, un niño de la misma edad de mi hijo, que también había volado, cumplí esa petición de una madre llena de dolor, cuando terminé de vestirlo, le dí mi bendición, tome su manita y me bendije con ella; cuando el amor te toca, es Dios que está diciendo cuánto te ama.

Salí del hospital con el gancho en que estaba el traje de Lalo y llegando a casa lo colgué entre mi ropa como señal de amor, diciendo, -Lalo, tu seras ese ángel que cuidara de mí.

Rocío se fue a su ciudad, lo último que supe en un mensaje, fue que saldría hacia Estados Unidos a vivir, quizá huyendo lo mas lejos de ese dolor que rompió su corazón.

El día de ayer, después de años, llegó un mensaje hermoso, era ella diciéndome que deseaba hablar conmigo, que siempre pedía a Dios por mí, que fui un ángel para ella en medio de su sufrimiento. Me causó tanta alegría volver a saber de ella, y no por que me llamara ángel, sino el saber que pedía a Dios por mí y me enviaba su bendición. Eso, eso, es el más grande regalo cuando el amor te toca.

Rocío, cuando leas mi columna, recuerda, Dios te dio un niño especial porque tu eres una mamá especial, esas palabras son también para ti Cecilia Medina, tu ángel Fernanda, es un regalo de Dios que esta tocando corazones, y recuerda lo que te dije: “Los milagros existen”.

Bendiciones, y dejen que el amor siga tocándolas, es Dios que las abraza.

Rocío Martínez Preciado

Los Planes de Alonso

Presidenta

Cel. 4626058359

Correo: [email protected]com

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