El regalo

Ayer al despertar por la mañana, vino a mi mente el fabuloso regalo que me brinda la vida, ¡Un nuevo amanecer!, los finos rayos del sol entraban por mi ventana e insistían en recordarme lo valioso de ese momento, ¡Tengo vida!

Me levanté de la cama, alcé la vista dando gracias a Dios, aunque equivocadamente es mi costumbre de querer hablar con Dios mirando al cielo, pero me doy cuenta que estoy equivocada; porque Dios está en todas partes hasta en el más pequeño de los rincones, eso me enseñaron las religiosas del colegio, que si actuábamos mal y nos escondíamos, el siempre nos encontraría. En esa época de mi niñez me imaginaba a Dios conmigo jugando a las escondidillas.

Continúe mi día, me bañé, y al sentir el agua en mis hombros recordé cuando en Ciudad Hidalgo Mich, faltaba por temporadas el agua, debía cargar una cubeta de agua varias cuadras hacia mi casa, en ese entonces sí valoraba el agua, era tan necesaria, y así  en muchas partes del mundo, el agua escasea, volví a recordar que era otro regalo más en mi vida.

Me dirigí a preparar el desayuno, al sentarme a paladearlo no pude evitar pensar en cuatro años atrás, cuando me dirigía a apoyar al grupo Caritas los sábados, con lo que conseguíamos despensa y preparábamos comida para cuarenta personas muy humildes, entre ellas una señora embarazada con aguda desnutrición a punto de perder a su bebé.  Dios mío, reflexione, el alimento ¡Otro regalo hoy en mi día!, regalo que me nutre y me da fuerza en mi trabajo.

Mi teléfono sonaba con mensajes de amigos y familia deseándome bendiciones en mi día, qué hermoso saber que no estás sola, la amistad un tesoro, otro regalo más.

Salí a la calle; el ruido de la gente, de los carros, el canto de los pájaros, todo era una sintonía, quizás otras veces cuando ando deprisa, no me detengo a oírla, antes más bien me enfada o pasa desapercibida.

También recapacité sobre eso, en mis ojos y en mi vista, el que yo si puedo ver perfectamente a cruzar la calle, cuando existen tantas personas ciegas que necesitan a alguien que las dirija.

Cada hora que transcurría durante el día, me daba más ilusión, me imaginaba como una niña abriendo mi regalo, saboreando y disfrutando cada momento de ese obsequio que descubría, sorpresa tras sorpresa.

Llegó la tarde, el sol cambió de ropa de amarillo a naranja y se veía igual de hermoso y radiante, quizás para que la luna le encuentre elegante y cederle su lugar, como todo un caballero a una dama.

Regresé a casa cargando un cofre, pero dentro de mi corazón encerraba sentimientos de madres que me habían compartido sus luchas, como Janeth, quien perdió a su hijo Óscar y ahora  está embarazada de nuevo, le anunciaron que su bebé tiene la misma enfermedad que Óscar y tendrán que adelantar la operación, cesárea para que el bebé no siga acumulando liquido en su cabeza.

Así esa hermosa y valiosa joya de madre que es Janeth, esa mami que rompió la alcancía de Óscar, para con sus monedas apoyar el viaje a playa al que la invite dos años atrás, para que fuera de motivación, apoyo y aliento a los niños como lo fue para su hijo. Recuerdo con qué desprendimiento me entregó ese dinero, deslumbró mi corazón, pues el amor con que lo hizo eran reflejos de Dios en ella, ¿Cuántas veces yo he guardado algo material porque me gusta mucho?, con ese gesto de esta madre entendí mi egoísmo. Hoy día, madres como Janeth y mis mamis de “Los Planes de Alonso” son mi tesoro, son trozos de corazón de la Virgen María.

Llegué con él, con el tesoro de mi día y al guardarlo conmigo, reflexioné sobre mi salud, ¿Cuánto tiempo la tendré?, el hoy por hoy es otro regalo más de vida, mi salud.

Cuántas veces, cuántos días, he vivido sin quitar el lazo del moño que envuelve mi regalo diario, cuántas veces lo he dejado a un lado sin prestarle el tiempo y valor que contiene.

Cuando regresé a mi casa, a mi techo, a un lugar de cobijo, de resguardo, que me fue dado por mis dos padres, Dios y mi papá, estoy cobijada, resguardada en un refugio de amor, construido por dos seres que me aman y me amarán por siempre, sin tiempos ni espacios, que ni la vida ni la muerte lo romperá. Cuántas personas duermen en la calle, abandonadas, lastimadas, a la intemperie sin abrigo, no sólo ante el clima, sino la falta de abrigo de unos brazos y un “te quiero”.

Agregaré otro regalo más a mi lista, esta mi casa, donde puedo descansar, pareciera como si hoy fuera mi cumpleaños, porque cuando apague la luz de mi habitación, la luz de las estrellas y la luna reflejaban luces de una fiesta, la mejor de las fiestas, una fiesta de paz, de silencio, que me hace recapacitar lo afortunada que soy en la vida y de los regalos que Dios me brindó, cuántas veces me pongo la venda en mis ojos y me ciego yo misma.

Padre Dios, gracias por amarme, por entender que ni la epilepsia que padezco, ni mis dos operaciones de columna, ni mi corazón roto de madre por mi niño, harán y obstruirán el que el día a día yo abra, contemple y saboree esos regalos de amor. Seré la niña adulta que siempre sonríe, no permitiré que nada ni nadie destruya mi paz y detenga mis pasos, por que tu amor incondicional de padre, me envía regalos sublimes como el amor de Janeth por sus hijos, que engrandecen mi día, y soy afortunada al conocer guerreros que inspiran mi vida.

Señor no lo recuerdo hoy, pero ¿Te he dicho cuánto te amo?

Dios por delante.

Rocío Martínez Preciado.

Presidenta

Los Planes de Alonso.

Cel. 4626058359

Correo: [email protected]