¡En vida, hermano!

Rocío Martínez Preciado
Rocío Martínez Preciado

Rocío Martínez Preciado.

 

La vida pasa muy rápido ¿Te has dado cuenta?

Decimos se me fue el día y no alcancé a realizar todo lo que pensaba hacer.

Me imagino como cuando se mira una película en la televisión y que la deseamos regresar o adelantar y esta pasa rapidísimo las imágenes. Así pasa tu vida, la mía y la de los demás diciendo “No tengo tiempo”.

Esta semana me hizo reflexionar mucho la muerte del mejor amigo de mi padre: quien era mi padrino y a la vez el papá de Angélica, mi mejor amiga. Desde niñas compañeras de escuela y así crecimos viéndonos de vez en cuando y cada una hizo su vida y formó su familia. Pero cuando supe que su papa Vicente estaba enfermo en casa mis intenciones eran visitarlo y llevarle a un sacerdote, el padre Humberto, amigo de siempre de él y mi padre pero… todo quedo en un ¡No tuve tiempo!

Y ahora que me enteré de que el señor Vicente murió, esa relación tan profunda de unión y cariño de mi padre y él y de mi amiga y yo. “Me sentí mal, me sentí ingrata y egoísta”.

Asistí y sí fui al velorio y a misa pero ¿por qué no fui antes? ¿Por qué no paré un instante mi carrera diaria y haberlo visitado en su casa y darle la sorpresa que yo deseaba de llevarle de visita al padre Humberto?.

Dios nos dio conciencia y la mía me regañó, me hizo sentir mal. Mi padrino el señor Vicente me tenía mucho cariño, y me llamaba “Chío” igual como mi padre lo hacía. En realidad hasta la fecha no me gusta que me llamen “Chío” pero solo de mi padre y de él la familia de mi padrino me hacía sentir bien.

Porque el cariño con que me llaman así me envuelve y llega a gustarme.

Cómo olvidar esas visitas a su casa donde mi amiga Angélica y yo nos escondíamos en la despensa a comernos los plátanos como si fuéramos changuitas ji ji… y cuando mi padrino le decía a Angélica “Deberías de ser como Chío”. Las dos éramos niñas, luego jovencitas pero siempre el le decía “que fuera como yo”.

Nunca supe la verdad por qué lo decía y qué era lo que veía en mí cuando yo veía a mi amiga como una persona aplicada, inteligente. En ese entonces mi ego me hacía sentir “la súper niña”.

Esas visitas inolvidables a esa casa tan familiar son parte de mi historia. Y ahora en que el señor Vicente murió me dolió tanto, lloré y estando en la iglesia una señora sentada a mi lado sacó de su bolsa una imagen que ella leía, a lo cual yo alcancé a leer el título y le pedí: ¿Me la presta para leerla? ¡Es que mi padre siempre nos decía eso! Refiriéndome al título. La leí y al entregársela me dijo la señora “te la regalo, quédate con ella”. Pienso que fue mucha casualidad el que yo estaba viviendo una situación triste y exactamente de lo que me lamentaba llegó a mis manos la respuesta ¡Dios estas en todo!

Mi padre siempre lo decía cuando nos daba lecciones de que “nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Sus palabras favoritas eran “En vida hermano, en vida” Y ese escrito que había llegado a mis manos porque Dios y mi papa así lo quisieron me dan una lección de vida. La cual te la comparto: en vida hermano en vida. Si quieres hacer feliz a alguien que quieras mucho ¡DÍselo hoy, es muy bueno! En vida hermano, en vida. Si deseas dar una flor ¡no esperes a que se mueran ¡Mándalas hoy con amor! En vida hermano en vida, si deseas decir “Te quiero” a la gente de tu casa, al amigo cerca o lejos. En vida hermano, en vida. No esperes a que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu peso, el que sea, en vida hermano, en vida. Nunca visites panteones ni llenes de tumbas flores, “llena de amor corazones”

¡En vida hermano, en vida!

Cuando terminó la misa de mi padrino, les comenté: el padre de ustedes y mi padre nos dejaron una bella herencia, “el verdadero valor de la amistad”. Ellos siempre estuvieron el uno para el otro: con respeto, cariño y valores. Ahora nosotros sus hijos continuemos con ese ejemplo y cultivemos en nuestros hijos y nietos lo que es el valor del respeto al prójimo: ¡Y llevémoslo a cabo aunque las circunstancias del diario vivir quieran llevarnos deprisa! Paremos un instante y recordemos “En vida hermano, en vida”.

Hoy aprendí que la vida es la más maravillosa experiencia del amor de Dios: No la desperdiciemos diciendo. ¡No tengo tiempo!

Dios lo tuvo para pensarte y tus padres para crearte y maravillarse con tu llegada al mundo.

¡En vida hermano, en vida! Alguien necesita hoy de ti.

Dios por delante.

Roció Martínez Preciado.

Presidenta

Los Planes de Alonso.

Cel. 4626058359

Correo: [email protected]

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