La llamada

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Rocío Martínez Preciado

Una mujer que pasaba por una dura crisis económica escuchaba una radio cristiana, a la cual llamó y el locutor la sacó al aire. Ella explicaba que no tenía comida para sus hijos y pedía a Dios la ayudara.

Un ateo que escuchaba el programa decidió burlarse de la mujer, apuntó la dirección de ella y envió a un amigo con cinco bolsas llenas de comida y productos enlatados. “Cuando ella te pregunte quien envió esto, ríete en su cara y respóndele que fue el diablo quien lo envió”, instruyó el hombre.

Esa misma noche, el hombre llegó a la casa con la comida, la mujer estaba muy feliz y agradecida con la ayuda: “¿Quieres saber quién te envió esto?”, le preguntó el hombre con tono de burla, “no señor, sólo quiero que le envié mis profundos agradecimientos a quien sea que fue, no necesito saber quien fue, por que yo sé, que cuando Dios ordena hasta el diablo obedece”. ¡Que hermosa y maravillosa demostración de fe y confianza en Dios de  esa mujer!

La llamada, no de un radio sino de un corazón afligido escuchando la voz de Dios y sus prospectos para ella. Mi mente me invita a reflexionar, ¿Cuántas veces he recibido una llamada y cuántas veces he sabido escuchar?, y no me refiero a llamada de teléfono o de una radio. Sino una llamada que Dios me hace mediante otra persona, cuando he tenido un problema, una tristeza y me he sentido sola, a veces no escucho cuando llegan a mí esas palabras de aliento, las dejo pasar como el viento, no me detengo a profundizar el sentido de ellas.

Un día, estando en consulta con mi neurólogo, me regaño con suavidad e inteligencia; me decía, “Rocío, ¿Cuándo vas a cuidarte y pensar más en tu salud?”, refiriéndose a mi epilepsia y al ritmo de trabajo que llevo y que a veces me afecta.

Esas palabras no eran de un doctor, sino de Dios diciéndome: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, y es tan real, ¿Cómo voy a darle mi cuidado y amor a mis niños de Los Planes de Alonso AC?, si no me cuido y amo a mí misma.

Todos pasamos caminando de prisa, corriendo, pero no paramos ni un instante para atender y escuchar esa llamada que necesitamos de alguien en la vida, y que nos está diciendo claramente lo que es real.

Nuestras lágrimas, descuidos, trabajo y desaliento, impiden que veamos ese “rayito” de luz y sabiduría que nos hace llegar a Dios mediante alguna circunstancia.

También es importante, ser nosotros los locutores de esa llamada para quien más lo necesita, ofreciendo una pequeña “chispa” de amor.

Un día caminaba en los pasillos de la “Expo Católica” y encontré a una amiga platicando con otra señora que estaba de espaldas a mí, me detengo, saludo a mi amiga y al ver el rostro de la señora con quien con ella platicaba descubro un rostro triste y con lágrimas recorriendo sus mejillas.

De repente, le pregunté a la señora, al mismo tiempo en que ponía mi dedo en su mejilla, -¿Qué tienes aquí?-, y ella confundida contestó “¿Qué tengo?”, me acerque a su mejilla rápidamente, le dí un beso en sus lágrimas y le dije -Un beso mío-.

Fueron tan rápidos mis movimientos que continúe mi camino y ya no escuché que habrá dicho ella, me fui rápido sonriendo y pensando -Fue una llamada que Dios me pidió le hiciera a esa señora-; un detalle simple pero creo enriquecedor, el que una señora esté llorando y luego llegue su prójimo para darle un beso en su mejilla, vale “más que mil palabras”.

La vida, tu vida y la mía es eso, una llamada de atención a vivirla con cuatro letras: AMOR

Dios por delante.

Rocío Martínez Preciado

Presidenta

Los Planes de Alonso AC.

Cel.4626058359

Correo: [email protected]

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