¿Por qué?

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Rocío Martínez Preciado

Hace unos días me habló mi amigo Raúl Felipe compartiéndome, “Ross tu que has sufrido en una gran magnitud, la pérdida de tu hijo, hoy yo me siento muy descontrolado porque un sobrino muy querido esposo de mi sobrina, una persona muy buena, casi un ángel, estimado por todos; lo desahuciaron hoy por una enfermedad degenerativa que le va a consumir el cuerpo. De verdad, hoy me siento menguado de fe, muy aprensivo, muy inquieto, con cerebro patinado y preguntando por qué la gente linda, la gente buena, debe tener un final así cuando hay tantas personas salvajes, rateros, por el mundo haciendo daño.

¿Por qué?, por qué no encuentro una respuesta, y no la encuentro y no quiero  ir más allá de lo que yo puedo ser y decir, aunque sé que Dios lo sabe todo, yo le contesté Raúl Felipe -por qué es una pregunta que no una, si no muchas más veces, no la hacemos en la vida-.

Cuando llega a mí la duda del por qué, por qué algún niño enfermo de mi asociación sufre o muere, cuando me pregunto por qué, ante situaciones tristes, difíciles, angustiantes, recuerdo algo que me da la paz y entendimiento a lo que mi mente no comprende.

¿Por qué humillaron, insultaron, llamaron ladrón y lo mataron al ser más noble y bueno de la tierra? Jesús que vino a dar sólo amor y a cambio recibió todo esto ¿Por qué?

Y escuchando al corazón, me habla diciéndome el por qué Jesús se sacrificó, se entregó por amor de padre a nosotros y ¿Para qué? Para que seamos mejores personas, mejores hijos y vivamos dignamente, porque nos hizo a su imagen y semejanza. Siempre  el “Por qué” tendrá una respuesta de “Para qué”.

Un día en la feria tenía yo mi stand y llega un matrimonio; el señor me dice, mi hija murió de cáncer y yo tengo un tumor en la cabeza, con lagrimas en los ojos, le pregunte:

-¿Sabe usted lo importante y valioso de su persona?, ¿Sabe usted todas las personas que esta tocando sus corazones y se acercan a Dios para pedir por usted? ese “Por qué” se convierte en un “para qué”, señor usted es un instrumento hermoso que Dios confió y que encierra en su corazón todo el amor de un ángel, tocando corazones para acercar a Dios ahora que el mundo se encuentra de cabeza, porque no hay valores para conservar la paz de Dios-.

Señor, le dije: -Yo a usted lo voy a necesitar- y el asombrado, se me quedó mirando, -sí, lo voy a necesitar cuando llegue un señor como usted que se está curando de cáncer, yo le hablaré a usted y lo tomará de la mano, le dirigirá y le dirá ‘mira el camino de la vida, aquí hay una piedra, levanta el pie a la derecha y ahora camina’, lo que usted ha caminado ya en el transcurso de la enfermedad de su hija y ahora la de usted, lo orientará y dándole su cariño le compartirá cómo debe hacer menos pesado ese camino que usted ya ha recorrido, todos necesitamos de todos-.

A veces Dios te permite llegar hasta la línea de batalla, no para que pelees sino para  que puedas ver, cómo el pelea por ti.

Yo, escuchando al corazón, comparto también, que hace unos meses hablando con el Padre Higinio le dije:

-Padre acabo de darme cuenta que no me he perdonado, que siento que debí dar aún más, más amor a mi hijo cuando ya estaba grave, Alonso estaba sedado, crucificado por todos lados, conectado a sondas y aparatos, yo sufría tanto, que sentía que él percibía mi dolor, yo entraba y salía, corría a la capilla del hospital pidiendo a Dios por él.

Lo protegía de mí misma, de mi dolor de madre, y ahora después de 12 años me doy cuenta que no me había perdonado el no haber estado con él sin moverme ni un segundo, el padre me contestó “Rocío, Dios no lo permitió, -yo lo miré asombrada, él continuó explicando-, no le permitió que tú le dieras más a tu hijo, porque él era quien te iba a dar a ti”, ¡Wow señor Dios mío!, que sabio eres, me haces saber mediante un sacerdote que el por qué, que Alonso muriera era un para qué, ya que en su nombre, su vida ha dejado huella y ahora se da amor, alegría y paz a niños a través de “Los planes de Alonso”.

A mi amigo Raúl Felipe, solo le dije -cuando sientas dolor, tristeza, no temas, es Dios que te está puliendo, y él no pule vidrio sólo piedras preciosas.

En la vida, cuando tú que me lees te llegue la pregunta por qué recuerda siempre hay un para qué y no estás solo ¡Dios por delante!

Rocío Martínez Preciado
Los Planes de Alonso
Presidenta
Cel. 4626058359
Correo: [email protected]

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