Tu dolor me duele

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Hoy hablaré acerca del dolor ajeno que muchas veces decimos o pensamos, que como es ajeno, no es mi dolor; cuando muchas veces podemos ser nosotros mismos el bálsamo que sane esa herida, ya sea en el alma o el corazón de esa persona lastimada.

Recuerdo hace años atrás cuando se dirigió a mi en el hospital el doctor Olaya, oncólogo de mi hijo Alonso, cuando él estaba grave; me dijo mirándome a los ojos “señora su dolor me duele”, esas palabras que significaban solidaridad, entendimiento, respeto, nobleza y cariño hacia mi dolor de madre, fueron un hermoso bálsamo a mi corazón sufriendo.

Esta semana sonó mi teléfono, era Juanita, la mami de Estrella, una niña de seis años que padece leucemia y que vive en la  ciudad Apaseo el Grande.

“Señora Rocío lleve a Estrella al hospital a quimioterapia dejé en casa a mis otras dos hijas y la de quince años, Marisol, no llegó a la escuela, ¡No aparece!”

Al escuchar esas palabras de dolor, no se puede decir “es ajeno”, se debe abrir el corazón, el alma, primero hay que escuchar y entender a esa madre aterrorizada, derrumbada por el peligro en que pudiera estar su hija desparecida, mientras del otro lato tiene que sostener  a su niña que padece de cáncer, sí que su dolor me duele.

En esos momentos que yo la escuchaba con su voz temblando, llorando, narrándome la situación, le pedí al espíritu santo me iluminara para poder tener las palabras adecuadas para esa madre.

Le dije Juanita: -primero ve a escuela de tu hija y pide hablar con compañeros, que te digan con quién se junta-. Muchas veces, nosotros como padres no sabemos quienes son los amigos de nuestros hijos, a veces, sólo de vista o por nombre , mas no, donde viven y quiénes son sus padres, es muy importante saberlo, y más en estos tiempos que hay tanta violencia.

Solemos culpar al gobierno y a la policía, pero no nos detenemos a pensar que nuestros hijos no piden permiso a la policía para irse de noche a tomar con los amigos; a nuestros hijos la policía no es quien le da los valores y el respeto de cómo conducirse en la calle, y que anden por “ahí” es nuestro peor error. Cuando el peligro toca a nuestra casa temblamos y nos sentimos impotentes.

Yo seguía hablando con Juanita, sugiriéndole, después de ir a la escuela ya con algunos datos, que fuera a levantar la denuncia al Ministerio de Apaseo el Grande, donde ella vive.

Mas tarde le hablé y me dijo “señora encontramos que mi hija Marisol se comunicaba por Facebook con un muchacho mucho mas grande que ella, y dicen en oficinas que si ella llegó a irse por voluntad propia, no es delito”. ¿No es delito que una niña de quince años sea engañada por alguien?, le dije que fuera a la ciudad contigua de Apaseo el Alto, que levantara la denuncia de nuevo.

Mas tarde me habló Juanita diciéndome la misma situación “¡No pueden apoyarme!”, yo sentía una impotencia a través del teléfono, escuchar a esa madre que no era atendida, ni apoyada por personas que a veces están en oficinas y no anteponen lo humano.

Le dije: -Juanita ahora vete a Celaya esas ciudades pertenecen al municipio de Celaya, habla con las autoridades y me comunicas con quien te atienda-. Al pasar unas horas Juanita me llamó y comunicó con la licenciada que en esos momentos la atendía, -licenciada- le dije, -el dolor de esta madre me duele, no han podido apoyarla en dos ciudades, ¿Cómo es posible?, su hija es una niña engañada ¿o no?, se debe velar por su seguridad, se debe saber que no la están maltratando, o violando su integridad física y moral, por favor licenciada apóyela se lo pido-.

Mi padre decía la forma de pedir esta en dar, la licenciada me contestó con una calidad humana, diciéndome que haría todo de su parte, se levantaría la Alerta Amber y hablaría a las otras dos ciudades donde no supieron escuchar el dolor ajeno, que nunca debería de sernos ajeno.

-Juanita- le dije, -ya viste a varias personas, fuiste a oficinas, ahora falta lo principal, hablar con Dios, que es tu padre y el de tu hija, y dile, señor que tu preciosa sangre la proteja y tráela de regreso a mi-.

No importa que puertas de oficinas se hayan cerrado y otras abierto, lo único real y verdadero, es la seguridad y confianza en Dios en estos momentos, porque a Dios también le duele tu dolor.

Cuando estoy  escuchando al corazón, me dice lo triste que siente por la tristeza de mi prójimo; reflexiono pensando ¿Por qué si todos vivimos bajo una misma casa que es el mundo, el techo que nos cubre es el mismo, el cielo, la luz que nos ilumina a todos por la noche, son las estrellas; no nos amamos entre todos?, y ser uno a otro esa luz de armonía de paz y amor.

No hay que esperarse que la luz de la vida sea amenazada de apagarse para que juntos seamos una hoguera que irradie amor a los demás. Una sonrisa no cuesta y obtienes tanto; si queremos paz hablemos de paz, si quieres amor hablemos de amor.

Juanita confía en Dios, a él tu dolor le duele y ha dicho, “cuando dos o mas se reúnan en mi nombre ahí estaré”.

Gracias espíritu santo por darme la posibilidad de entender ese corazón de madre lastimado y poder arroparlo e invitar a los demás hacerlo.

Virgen María, se aproxima el nacimiento de tu hijo Jesús. Pronto lo tendrás en tus brazos, te pido también por Juanita y otras madres que están en la misma situación para que puedan arropar también a sus hijos entre sus brazos. Ilumina el camino para que regresen a ellas.

Lector gracias por tu tiempo a mis palabras, te deseo que Dios bendiga siempre tu camino,  al mismo tiempo, toma de la mano a quien lo necesite y dile “tu dolor me duele” Bendiciones y ¡Dios por delante!

Rocío Martínez Preciado

Presidenta

Los Planes de Alonso

Cel. 4626058359

Correo: [email protected]

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