Morenistas no necesitan sepultureros

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El canibalismo, venta de candidaturas y la lucha del poder por el poder ha mantenido a Morena sumido en conflictos internos por años, sin prestar atención a los temas que importan a la ciudadanía y sin generar una agenda de trabajo que acompañe al gobierno federal; al contrario, el partido ha resultado ser un lastre que sólo daña la imagen del actual grupo en el poder.

Entre tanto conflicto, guerra de grupos y llegada de “chapulines”, todos se acusan mutuamente de ser infiltrados de partidos contrarios, cuando la verdad es que la gran mayoría por igual es respaldado por algún interés empresarial, sin mediación de opositores.
En lugar de realizar una campaña de propuestas, todos se acusan de ser alfiles del Gobierno del Estado, líbelo fácil de lanzar, aunque de tanto repetirlo ya ha perdido su brillo.

Quinta Fuerza reveló con audios cómo un total desconocido, Andrés Palafox Tun, con base en dinero, logró una reunión con el dirigente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, quien sin tapujos ofreció venderle la candidatura a Solidaridad, además de entrar en contacto con un grupo quien prometió comprar varias candidaturas más en diversos estados. Esto demuestra que desde la cúpula el partido está enfocado en obtener dividendos y subastar los espacios de poder y los contratos de gobierno que generan.

La antecesora de Ramírez Cuéllar, Yeidckol Polewsky, ha sido denunciada por malversación de fondos, situación que bien pudiera ser parte de esta guerra interna, pero que además es recordada por traer a decenas de externos, muchos políticos priistas o pevemistas con pésimos antecedentes, para ocupar candidaturas, como parte de negociaciones con gobernadores y grupos financieros.

A nivel estatal, el panorama es igualmente desolador. Han pasado cuatro años sin una dirigencia, por lo que todas las decisiones son por “dedazo”, ahora con una delegada que se maneja en la opacidad y en las reuniones a puertas cerradas.

Un ex candidato a gobernador de Chiapas, Alfredo Kanter Culebro, de pronto se traslada a Quintana Roo y organiza “comités” sin validez para impulsarse para dirigente, realizando una virtual campaña proselitista con total impunidad. En su contra, surgen distintos “frentes” de militantes, que a la segunda reunión ya se resquebrajan en dos o más facciones. Los legisladores locales o federales, la gran mayoría externos y por ello sin voz ni voto en Morena, negocian en las altas esferas para imponer a sus incondicionales en estos puestos de decisión, para así asegurar las próximas candidaturas.

En este pandemonio, surgen las absurdas acusaciones de todas las partes, de que los contrarios están al servicio del Gobierno del Estado, única carta que todos se lanzan, en lugar de presentar propuestas.

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Lo cierto es que sí están infiltrados, pero de intereses y ambiciones, sin que se vean señales de que pronto se les ponga un freno, o de que consiga la tan añorada unidad. Esta división que está hundiéndolos es obra propia, aunque no lo quieran aceptar y prefieran culpar a terceros.

Al cavar su tumba, los morenistas no han necesitado sepultureros.