La madrugada del 6 de enero es considerada una de las más esperadas del año para miles de niños en México y Latinoamérica. Mientras la mayoría duerme, la ilusión se concentra en los juguetes y dulces que aparecen junto a un zapato, símbolo de una tradición que mezcla fe, historia y celebración familiar.
Detrás de este gesto existe un relato antiguo que ha evolucionado con el paso de los siglos.
El origen de esta costumbre se remonta a los relatos del Evangelio de Mateo, donde se menciona la visita de los Sabios de Oriente al niño Jesús.
En el texto bíblico no se habla de reyes ni se especifica su número; simplemente se les describe como sabios guiados por una estrella brillante desde tierras lejanas hasta Belén. De acuerdo con National Geographic, estos personajes pudieron haber sido sacerdotes-astrólogos, figuras influyentes en culturas como la antigua Persia y Babilonia.
Al llegar al lugar donde se encontraba el niño, los sabios se postraron y ofrecieron tres regalos cargados de simbolismo: oro, incienso y mirra.
Estos obsequios no solo representaban respeto y adoración, sino que con el tiempo se convirtieron en la base simbólica de la entrega de presentes que hoy reciben millones de niños cada Día de Reyes. El oro reconocía a Jesús como rey; el incienso, su divinidad; y la mirra, su humanidad.
Con el paso de los siglos, la tradición cristiana transformó a los sabios en los conocidos Reyes Magos y les asignó nombres y orígenes específicos: Melchor, Gaspar y Baltazar.
Aunque la Biblia no vuelve a mencionarlos después de su encuentro con Jesús, su figura se fortaleció en la iconografía y el folclore cristiano, convirtiéndolos en portadores de alegría y regalos.
Hoy, la celebración gira en torno a los juguetes, que representan no solo un obsequio material, sino la ilusión y la recompensa simbólica para los niños. Días antes del 6 de enero, los pequeños escriben una carta a los Reyes Magos, donde relatan su comportamiento y piden los regalos que desean.
La noche previa, colocan un zapato cerca del árbol o del nacimiento, con la creencia de que así los Reyes sabrán qué dejarles.
En muchos hogares también se acostumbra dejar agua y paja para los animales en los que viajan los Reyes, reforzando el carácter mágico de la noche. Al amanecer, los juguetes se convierten en el centro de la celebración y marcan uno de los momentos más esperados del año.
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La festividad continúa el mismo día con la tradicional Rosca de Reyes, un pan circular que simboliza el amor infinito de Dios. Encontrar la figura del Niño Dios implica un compromiso familiar que se cumple en el Día de la Candelaria.
Así, entre juguetes, tradición y simbolismo religioso, el Día de Reyes sigue siendo una de las celebraciones más arraigadas y significativas para millones de familias en México.
Fuente: Infobae
