Científicos de la UNAM celebran el primer gran hito del Telescopio Colibrí, un instrumento robótico que capturó con éxito la colisión de dos estrellas de neutrones en una galaxia lejana.
Este hallazgo representa el primer resultado oficial del dispositivo de más de un metro de diámetro, el cual opera desde inicios de 2025 en el Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir en Baja California, México.
El equipo de investigación, liderado por la UNAM con el uso del Telescopio Colibrí, logró integrar un conjunto de datos sin precedentes que abarca desde rayos gamma, rayos X, frecuencias de radio y espectro óptico.
Camila Angulo Valdez, estudiante de doctorado y líder del artículo aceptado por la prestigiosa revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, destaca la relevancia de este suceso.
Ella explica que, aunque la detección de rayos gamma tras un choque estelar es común, observar el fenómeno en el espectro óptico constituye un desafío técnico excepcional. La violencia del choque genera explosiones luminosas a miles de millones de años luz; sin embargo, estos destellos suelen ser más débiles que los producidos por la muerte de estrellas masivas, lo que complica su estudio detallado.
Exploración del cosmos con el Telescopio Colibrí
La investigación revela que el evento ocurrió en un medio con una densidad inusualmente alta, una característica poco frecuente para estallidos provocados por la fusión de objetos compactos.
Gracias a la velocidad de respuesta del Telescopio Colibrí, el grupo de científicos detectó un abrillantamiento en la curva de luz apenas un día después de la emisión inicial.
Esta rapidez permitió a los expertos obtener información crítica sobre los progenitores del evento y las condiciones específicas de la galaxia anfitriona, piezas que conforman un rompecabezas astronómico único.
Rosa Leticia Becerra Godínez, coautora de la investigación, subraya la capacidad robótica del Telescopio Colibrí para reaccionar ante alertas enviadas por misiones espaciales como Swift de la NASA o SVOM.
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El dispositivo se posiciona y comienza a observar automáticamente en un intervalo de entre 10 y 20 segundos tras recibir el aviso. Esta agilidad permite al equipo de especialistas en México monitorear la evolución del fenómeno durante varias noches consecutivas, obteniendo datos valiosos sobre la dinámica y el flujo relativista que emana del choque estelar.
El éxito de esta misión descansa en el instrumento Ddrago, diseñado y ensamblado íntegramente en el Instituto de Astronomía de la UNAM.
Al combinar los filtros ópticos de Ddrago con datos de otros observatorios de clase mundial como el Very Large Telescope, el equipo describió minuciosamente cómo interactúan los chorros de energía con el medio interestelar.
El esfuerzo coordinado entre teóricos y observadores permite hoy comprender mejor la tasa de formación estelar y la naturaleza de estos eventos catastróficos que moldean el universo profundo.
Con información de: Aristegui Noticias

