Existe una creencia generalizada de que los jóvenes nacidos entre finales de los 90 y mediados de los 2010 poseen un instinto casi místico para dominar cualquier aparato electrónico. Sin embargo, la realidad en las oficinas está rompiendo este estereotipo. Aunque la Generación Z puede editar un video 4K en segundos desde su celular, muchos se quedan paralizados frente a un dispositivo que parece sacado de otra era: la impresora multifuncional.
Con la llegada masiva de estos jóvenes al mercado laboral, las expectativas de empleadores y colegas veteranos han chocado con un muro de realidad. Se espera que, por su juventud, sean los “asistentes técnicos” por defecto del departamento, pero la falta de familiaridad con el equipo de oficina convencional está generando una fricción inesperada en el flujo de trabajo diario.
Este fenómeno ha sido bautizado como “Tech Shame” o vergüenza tecnológica. Esto, se refiere al sentimiento de humillación o incomodidad que experimentan los trabajadores más jóvenes al no saber cómo realizar tareas que sus jefes consideran básicas, como escanear un documento, cambiar un tóner o solucionar un atasco de papel. Lejos de ser un problema de capacidad, es una brecha de exposición a herramientas que consideran obsoletas o innecesarias.
Las cifras respaldan esta situación. Un estudio realizado por LaSalle Network reveló que cerca del 48% de los recién egresados universitarios admiten no sentirse plenamente preparados a nivel tecnológico para las exigencias de sus puestos. Por su parte, el informe Hybrid Work: Are We There Yet? (Trabajo híbrido: ¿Ya llegamos a ese punto?) de la firma HP señala que el 20% de los empleados jóvenes se siente juzgado por su desconocimiento técnico, lo que alimenta un ciclo de ansiedad laboral.
Desde las altas esferas de Recursos Humanos, la preocupación es real. Debbie Irish, jefa de talento en HP para el Reino Unido, ha expresado su sorpresa ante la cantidad de nuevos talentos que sufren por este vacío de habilidades. Según la ejecutiva, el “Tech Shame” es un síntoma de diversos problemas estructurales en la transición del entorno académico al corporativo, donde la tecnología no siempre es tan intuitiva como una red social.
Expertos en tecnología sugieren que el error está en pensar que la habilidad tecnológica es homogénea. Dominar la interfaz de un smartphone, basada en gestos y pantallas táctiles, no otorga automáticamente el conocimiento para navegar por los menús de una fotocopiadora. La tecnología de oficina no ha evolucionado al mismo ritmo de “usabilidad” que el software de consumo masivo.
La pregunta clave es: ¿por qué un joven de 22 años tendría que ser experto en algo que nunca ha necesitado? En un mundo que tiende a lo digital y lo “paperless”, la impresora se ha convertido en un objeto de lujo o en algo innecesario en los hogares modernos.
Cabe recordar que durante la pandemia, muchos jóvenes completaron su educación básica y superior enviando archivos por correo o plataformas en la nube, sin tocar una sola hoja de papel físico.
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Este desfase no es nuevo, simplemente han cambiado los protagonistas. Así como los Millennials suelen ignorar el funcionamiento de una máquina de fax y la Generación Alfa probablemente nunca entienda qué era un disquete, la Generación Z está marcando su propia distancia con el hardware de oficina tradicional. Es una evolución natural de las herramientas que cada grupo considera esenciales para su día a día.
Con información de Xataka MX.

