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Cancún.— La ausencia de valores familiares ha hecho crisis en nuestra sociedad, en la que ya hay niños y niñas de siete años con adicciones, que a los 14 años ya se prostituyen para poder conseguir drogas y llegan hasta el asesinato, afirmó Firely Porthoz Baldovinos, directora de Comunidad Terapéutica Hacienda Santa María.

Entrevistada en el marco de la presentación de una carrera que se realizará el sábado en Tulum para recabar fondos para la construcción de una casa de atención en Bonfil, dijo que luego de 20 años de trabajar en Quintana Roo han visto muchas problemáticas, “pero lo más triste darte cuenta de cómo hoy en día el consumo de drogas empieza a muy temprana edad”.

En un principio consumían principalmente mariguana y cocaína, pero hoy también utilizan cristal, sobre todo en Cancún, y heroína. Nos llegan casos de menores con brotes sicóticos, que a los 14-15 años ya se convirtieron en asesinos y hoy viven medicados. También hay muchos consumidores de “activos” (resistol), añadió.

La entrevistada subrayó que todo se deriva de la falta y pérdida de valores en el núcleo familiar y dijo que por eso impulsan el proyecto de abrir una casa de rehabilitación para niños, porque se percataron de la gran cantidad de pequeños que comienzan a consumir drogas o se prostituyen a cambio a alguna sustancia.

En Santa María hemos recibido a cerca de 20 mil niños y tenemos casos en que a partir de los siete años empiezan a consumir drogas. Hemos recibido a niñas de 11-12 años embarazadas, que se prostituyen para conseguir drogas, apuntó.

Es cierto que la adicción es una enfermedad, pero influye mucho el entorno familiar, padres adictos, golpeadores, etc. Este problema se puede prevenir y, si no empezamos a trabajar con los niños, vamos a tener jóvenes y adultos adictos, de ahí la propuesta de abrir una casa en la que, desde pequeños, empecemos a erradicar la adicción, comentó.

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Por último, dijo que, irónicamente, se piensa que las adicciones sólo se dan entre la clase social menos favorecida, pero hoy se ven en todas las clases sociales y, en el caso de las personas con mayor capacidad económica, tratan de ocultar las adicciones de sus hijos porque se avergüenzan.

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