Estafadores huyen de Playa del Carmen para repetir esquema en Costa Rica

Playa del Carmen.- Violeta López Solange y Steven Mitchell Barger, dedicados a la venta de tiempo compartido, huyeron de esta ciudad y de México, al acumularse las acusaciones en su contra por estafa e incumplimiento laboral, reubicándose en Costa Rica, en donde abrieron un restaurante que, en apenas dos meses de existencia, ya suma cerca de siete demandas laborales.

La oficina de ventas que manejaban en Playa del Carmen, en donde tenían a personas trabajando 12 horas al día, sin pagarles, ahora ya no existen, pero gente todavía acude al lugar, descubriendo con sorpresa que quienes les adeudan salario o quienes les vendieron un tiempo compartido, se fueron sin rastro.

Aunque cuidaron en no avisar a nadie de dónde se iban, al no poder evitar reincidir en los mismos engaños, ya se supo que están felizmente instalados en Playa del Coco, en el norte de Costa Rica, en donde operan una sala de ventas, Breeze Beach Club, y además manejan un restaurante al que llevan a prospectos de su tiempo compartido, Alma Mexicana.

https://www.facebook.com/BreezePrivateResidencesClub/

Violeta López Solange y Steven Mitchell Barger trabajaron en el rubro del tiempo compartido por muchos años en Playa del Carmen. De sus malas prácticas –que le dan a toda esta industria, además del destino, una mala fama– hay testimonios de clientes estafados.

Como ejemplo, en el portal Tripadvisor, dedicado a la compilación de reseñas, sale una extensa descripción de un fraude cometido por quienes ofrecen revender un tiempo compartido, a cambio de uno mejor, pero terminan cobrando diversas tarifas por el “manejo” de esta operación, sin cumplir jamás lo comentado. En los comentarios de esta denuncia, un usuario estadounidense pregunta si ha habido suerte en detener a estos estafadores, pues él ni siquiera pudo reclamar los cargos con su banco, a pesar de tener una póliza de fraude.

“A mí me ocurrió en Le Reve Resort en Playa del Carmen. Cosmo Bellantone fue el vendedor que básicamente se robó mi dinero… No he regresado a México y no pienso volver. Hay muchos otros lugares donde gastar mi dinero. El gobierno mexicano permite que esto pase”.

Lo cierto es que, al cabo de unos años, ambos decidieron independizarse, al abrir una sala de ventas, en el desarrollo Pueblito Escondido, con personal que siempre rotaba, pues finalmente nunca les pagaban lo que se les debía ni les respetaban comisiones. Tampoco se les brindaban prestaciones.

De pronto, sin aviso previo, los pocos trabajadores con los que todavía contaban llegaron para descubrir que el lugar ya había cerrado. No fueron los únicos defraudados. Huyeron debiendo cuatro meses de renta y la altísima cuenta de electricidad.

El local fue nuevamente rentado y ahora opera en el lugar un restaurante, pero todavía sigue llegando gente en busca de los anteriores arrendatarios, incluso autoridades policiacas. Violeta López Solange y Steven Mitchell Barger, sin embargo, ya se fugaron de México.

Ahora se sabe que están instalados en Playa del Coco, pequeña comunidad costera ubicada en Guanacaste, Costa Rica, donde han vuelto a las suyas al abrir una sala de ventas de tiempo compartido, en el desarrollo Breeze Private Residence Club at Pacifico, al igual que un restaurante, llamado Alma Mexicana.

 

 

Desde un inicio, la operación de este restaurante ha sido turbulenta. Según comentan trabajadores y ex trabajadores, en la primera quincena, cuando apenas habían abierto sus puertas, no les pagaron a tiempo, además de hacerlo en dos partes y por un monto inferior a lo legal.

Una trabajadora, al pedirle una explicación a Violeta López Solange, pues algunos habían cobrado la mitad y otros nada, fue insultada por esta mujer, quien trató despectivamente a su personal como “pendejos”.

“¿Sabes por qué les llegó la mitad?, porque no puedo revolver los montos, ¡qué idiotas y qué pendejos son! No puedo revolver cosas del pasado con el presente, por eso recibieron primero su pinche nómina que les correspondía de estos días, como se acordó”.

Luego se queja que tendría que hacer los otros pagos por separado “pero no les voy a poner ni madres, porque a mí no me amenaza nadie”, declaró, para estupefacción de la trabajadora, que escuchaba en silencio, pero que grabó esta conversación.

La “amenaza” era porque había personal que se negaba a trabajar en tanto no les pagara. En otra llamada telefónica, igualmente grabada, Steven Mitchell Barger los acusó de ser “muy malas personas” por no considerar que no se les pagó “porque se fue la luz”, excusa risible pues eso ocurrió a la tarde y no explica que tampoco se les pagara al día siguiente.

“¡Chequen su pinche cuenta a ver si tienen depósito!”, reclamaba, a sabiendas que el pago no había sido efectuado. “¡Chequen, pendejos, y lárguense!”

Los trabajadores, en altavoz, al otro lado de la línea, le decían que pague puntual y así se ahorran todos problemas, pero el extranjero insistía en decirles “malas personas que no merecen nada” y “pendejos”

“¿Pero por qué nos trata así, de pendejos?”, mencionó una trabajadora, incrédula del lenguaje soez de su patrón.

Al repetirse la situación en la siguiente quincena, con apenas un mes abierto, Alma Mexicana cerró sus puertas por dos semanas, y “despidió” a su personal, aunque en realidad simplemente dejaron de contestarles, quedándose estas personas de pronto sin pago y sin trabajo.

Siguieron las demandas laborales, ingresadas por al menos siete trabajadores. Sorpresivamente, Alma Mexicana reabrió, con parte del persona, que accedió a seguir trabajando a pesar de la impuntualidad de los pagos y la falta de seguro social.

Incluso tienen una denuncia penal en su contra, por el primer gerente del lugar, que de pronto se sintió mal y sufrió un desmayo en el piso. Aunque estaba inconsciente y al parecer grave, los dueños prohibieron que se llamara a paramédicos, sin saber qué hacer, pero negándose a que se llamara por atención médica. Ante esta situación, el personal reaccionó y por su propia cuenta cargaron al enfermo, lo subieron a un vehículo y lo llevaron a un hospital. Se trataba de una falla en el páncreas, que casi le cuesta la vida. De acuerdo a los doctores, de haber llegado unos minutos después, habría muerto. El ahora ex gerente interpuso una denuncia por negligencia criminal en contra de este par.

Se sabe que todavía operan su sala de ventas y el restaurante, aunque pasa casi vacío. En las reseñas en su página de Facebook abundan las críticas por la mala calidad de los alimentos y la deficiente atención. Supuestamente el propósito del restaurante era para llevar a comer como cortesía a los prospectos de comprar algún tiempo compartido (práctica común en este negocio), sin embargo, ante las quejas, dejaron de hacerlo, lo que arroja sospechas sobre la operación del lugar, a pérdida desde su creación.

El registro de la empresa en Costa Rica se muestra que está a nombre de “Alchemist Group S.A. de R.L.”, con domicilio en Pacífico Village Shops suite 20, en Playa del Coco, lo que coincide con su sala de ventas, aunque en realidad ellos ocupan los locales 17-E y 18.
Su objeto es “comercio e industria en general, turismo, agricultura, ganadería, bienes raíces y todo tipo de servicios en general”, nada se indica de abrir un restaurante.

De hecho, todo indica que el restaurante es irregular, no solo por tener al personal sin prestaciones, sino por no tener licencia de funcionamiento.

“Para mí que es una fachada”, comentó un trabajador del lugar, hablando bajo condición de anonimato. Aquí es donde meten el dinero de los tiempos compartidos”.