En México nos encanta hablar de proteger la cultura, presumir nuestras raíces y repetir que somos herederos de varias de las civilizaciones más fascinantes del planeta, una de ellas es la maya. Sin embargo, cuando un proyecto logra llevar esa cultura al escenario internacional y mostrarla al mundo, de pronto aparecen debates legales y discusiones sobre quién puede o no representarla.
Algo de eso ocurre ahora con el caso de Grupo Xcaret, que llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a partir de una revisión legal relacionada con el uso de expresiones culturales mayas dentro de su oferta turística.
Más allá de los tecnicismos jurídicos, el tema invita a una reflexión inevitable. Porque mientras las instituciones discuten interpretaciones y criterios, Xcaret ha hecho algo muy concreto: mostrar al mundo una parte fundamental de la cultura maya.
Y no se puede negar que el papel que Xcaret ha jugado durante más de tres décadas en la proyección de la cultura maya.
Desde su creación, Xcaret se ha convertido en uno de los escaparates turísticos y culturales más conocidos del país. Cada año recibe a visitantes de todo el mundo que, además de disfrutar del Caribe Mexicano, encuentran ahí un primer acercamiento a tradiciones, celebraciones, música, danzas y relatos que forman parte de la identidad histórica de la cultura maya.

Para millones de turistas, la primera vez que escuchan sobre la herencia maya o sobre las tradiciones del sureste mexicano ocurre precisamente en los escenarios y espacios de Xcaret, ¡y eso no es poca cosa!
En un país donde durante años se ha hablado de proyectar nuestra cultura al mundo, pocos proyectos han logrado hacerlo con el alcance internacional que ha tenido Xcaret, un proyecto nacido en la Riviera Maya.
A lo largo de más de 30 años, Xcaret ha construido espectáculos y experiencias que colocan en el centro la herencia maya y las tradiciones del sureste mexicano. Ese trabajo se ha desarrollado con la participación de portadores de tradiciones y actores culturales de la región. Como ocurre en cualquier tema relacionado con identidad y patrimonio, existen opiniones diversas dentro de las comunidades: algunas respaldan estos esfuerzos y otras mantienen reservas.
Lo cierto es que Xcaret ha contribuido a que millones de personas conozcan y hablen de la riqueza cultural de esta región del país.
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Si hoy millones de visitantes asocian a México no solo con playas, sino también con historia y tradiciones, buena parte de esa conversación internacional también ha pasado —de una u otra forma— por los escenarios de Xcaret.
Porque a veces la diferencia entre el discurso y los hechos es simple: unos debaten la cultura y otros, como Xcaret, la ponen frente al mundo.

