En México nos encanta debatir si los servicios públicos deben estar en manos del Estado o si las concesiones son la mejor opción. Es una discusión política, ideológica y, sin duda, eterna. No obstante, hay momentos en los que la realidad simplifica todo.
En Quintana Roo, el fin de semana pasado usuarios en redes sociales reportaron que varias colonias de Playa del Carmen volvieron a quedarse sin electricidad tras las lluvias. Zonas como Palmas I, Misión del Carmen y Villas del Sol tuvieron apagones de energía que dejaron a muchas familias sin luz durante horas, en pleno calor caribeño.
A esto se suman reportes constantes de apagones de energía en otros puntos del norte de Quintana Roo, como Cancún, Isla Mujeres y Puerto Morelos, donde los apagones de energía han sido recurrentes en lo que va del año. Lamentablemente no es un caso aislado.
En los últimos meses, los apagones se han vuelto cada vez más frecuentes en diversos estados de México. La Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa que durante años fue símbolo de orgullo nacional para muchos, hoy acumula quejas por fallas constantes en el servicio. Y cuando la luz se va, el debate ideológico ya no importa.
CUANDO EL MODELO SÍ DA RESULTADOS
Al final lo que la gente quiere es algo muy simple: que funcione. Y aquí es cuando las empresas concesionarias han demostrado, en muchos casos, resultados distintos.
El sistema ferroviario de carga es un ejemplo claro. Tras su concesión, Ferromex modernizó rutas y conecta puertos, industrias y la frontera norte. Ahí ‘nomás’ tiene rutas como Chihuahua – Pacífico, Ciudad de México – norte del país, Manzanillo – Guadalajara – Bajío, Veracruz – centro del país.
Algo similar ocurrió con los aeropuertos. El de Cancún —operado por una empresa concesionaria— se ha convertido en uno de los más importantes de América Latina y recibe a millones de pasajeros cada año.
Otro caso más es la empresa concesionaria que opera desde hace años el suministro de agua en el norte Quintana Roo, específicamente en Playa del Carmen, Cancún, Isla Mujeres y Puerto Morelos, una región que crece cada vez más.
Hoy, la infraestructura hidráulica de la empresa concesionaria de agua en Quintana Roo supera los tres mil kilómetros de red, con más de 170 pozos y múltiples plantas de tratamiento que permiten mantener cobertura total en agua potable en zonas regulares y altos niveles en drenaje y saneamiento.
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LO QUE REALMENTE IMPORTA
Al final, la discusión sobre cómo se deben operar los servicios públicos suele reducirse a una sola pregunta: ¿quién logra que funcionen mejor? Porque cuando la luz se va —como ocurrió nuevamente este fin de semana en Playa del Carmen— los discursos importan poco.
La diferencia en paraestatales y empresas concesionarias es simple: unos administran servicios y otros logran que sí funcionen.

