Cuestionar para crecer

Por Lizzy Santoyo

Yo no sé ustedes, pero en mi infancia era común considerar la duda como una falta de respeto; es decir, preguntar el por qué de algo muchas veces provocaba la respuesta de “porque lo digo yo”, y si se cuestionaba lo que un adulto o alguien de autoridad decía era mal visto, incluso castigado.

Muchas personas crecimos con esta idea, y escuchamos varias veces “obedece, obedece, no preguntes”, poniendo inconsciente y automáticamente el cuestionar y dudar en el baúl de las cosas consideradas “malas”, que no deben hacerse, que incomodan.

Y es que es más sencillo que alguien haga lo que otra persona quiere si sólo se le enseña a obedecer sin cuestionar. Mucho de esto viene desde el siglo XIX, el sistema educativo prusiano, donde la finalidad era preparar gente para trabajar en fábricas, para lo cual no era necesario razonar. Posteriormente en el siglo XX de los años 20 a los 40 surgió la generación del silencio; se inculcaba un silencio absoluto ante lo que las instituciones o autoridades decían o hacían, se les enseñó a las personas a agradar y obedecer a la gente, no se les enseñó a tomar decisiones personales ni a correr riesgos por ello.

No obstante, en muchas familias se permitía y toleraba la famosa casa chica, el valor de la mujer radicaba más en su rol como madre, ama de casa y esposa, sin tintes sexuales, y la gente vivía con ese tipo de respeto hacia una autoridad como si fuese monarca del medioevo enviado por Dios.

Muchas personas de esta generación del silencio aún viven, este mensaje se transmitió por generaciones, sin embargo, ha sido hasta hace poco que se comienza a ver desde otra perspectiva el concepto de dudar y cuestionar. No se trata de una absurda comparación entre generaciones para saber quién es mejor, como a veces se escucha despectivamente sobre las generaciones más jóvenes, cada una tiene sus características, y recordemos que Ortega y Gasset decía: “yo soy yo y mis circunstancias”, las generaciones son lo que la colectividad es y responde a esas circunstancias de vida.

Hoy tenemos más conocimientos acerca del comportamiento humano, y son una gran herramienta para una educación que fortalezca una sana autoestima, inteligencia emocional, social, etc. Y poco a poco estamos tomando consciencia de algo: Se vale cuestionar.

Hace poco se dio a conocer un video de unos estudiantes de la Universidad de Guadalajara que fueron impedidos para presentar su examen profesional debido a su vestimenta; no traían traje ni corbata, etiqueta común para este  tipo de eventos, ante ello los sinodales argumentaron que debían vestirse adecuadamente para la ocasión, los alumnos no pudieron presentar examen y levantaron una queja, por considerar dicho acto como discriminatorio, debido a que, además, en ningún aparte del reglamento de la Universidad especificaba qué tipo de ropa era la adecuada para dicho evento.

Independientemente de la polémica que este hecho suscitó quiero resaltar algo, los estudiantes cuestionaron: “¿Por qué no puedo presentar examen vestido así, si lo que se evalúa es el conocimiento no mi vestimenta?”, para las personas más tradicionales esto fue una falta de respeto, no obstante, permitió un espacio de reflexión. Algunas publicaciones en Facebook y otras redes sociales, incluso noticieros, tocaron el tema, cuestionándose si estaba bien o no negar el examen a un alumno por no portar traje y corbata, y si estaba bien que los alumnos se presentaran así e incluso reclamaran.

Un cuestionamiento nos invita a la reflexión, al atreverse a poner sobre la mesa nuestro sistema de creencias, y analizarlo. Cuestionarnos nos permite darnos una oportunidad de elegir lo que queremos integrar en nuestro esquema de valores, creencias, etc., no porque “así es”, ni por el “así lo digo yo”, ni siquiera “así debe de ser, es lo bien visto”, sino porque realmente nos convence. Hacer esto, requiere de valor, cuestionarse es darse la oportunidad de observarse desde otra perspectiva y palpar la posibilidad de no estar tan acertado, o sí. Pero ello, muchas veces nos da muchísimo temor, el temor a estar en equivocación y peor aún, el haber vivido tanto tiempo así nos aterra. Sin embargo, si observamos cómo se llegan a las grandes teorías científicas (que no es lo mismo a hipótesis ni probabilidad como muchas personas creen) es a través de la observación, de ese espacio maravilloso donde existen los cuestionamientos, y para llegar a un hecho es necesario preguntarse y buscar las respuestas.

Entonces, cuestionar nos da más beneficios como especie y nos ayuda a crecer en comprensión, conocimiento e incluso empatía, esto es desarrollar un pensamiento crítico. Puede que descubramos comprensión donde antes había intolerancia, pues después de todo muchas de las actitudes y acciones que hacemos obedecen a paradigmas que no nos atrevemos a cuestionar. Y si por naturaleza se nos enseñó a no dudar, no preguntar, decir a todo “así sea”, seamos rebeldes, elijamos ir contranatura.