Rocío Martínez Preciado
Rocío Martínez Preciado

Rocío Martínez Preciado

Cuando conocí a Flor una señora con sonrisa dulce pero mirada triste, y su hijo Juan Pablo de 7 años, madre e hijo, me hicieron recordar la imagen de la piedad donde la virgen sentada tiene a su hijo Jesús recargado en su regazo.

Un día en la comunidad donde viven ellos caminaban, y Flor, al tratar de cruzar la vía del tren, con su hijo de la mano el tren los arrolló y amputó una pierna a ella y a Juan Pablo una y parte de la otra. De tan solo imaginarme ese momento mi alma se rompe en pedazos. Han pasado algunos años atrás del accidente.

Flor, tal cual fuera una frágil flor de un jardín, el cual, alguien la deshoja o pisa, lastimándola y a lo más preciado: a su retoño amado. Ella ahora camina con una prótesis y no solo con ella. Se apoya y camina con una voluntad firme y su sonrisa y sus miradas ¡son de triunfo ante las adversidades! Juan Pablo, que es un tallo de esa Flor hermosa camina por medio de dos prótesis. ¿Cuántas veces nos lamentamos de la situación? ¿Cómo se puede dejar el equipaje a un costado? ¿Dónde se puede dejar el peso de los recuerdos, de las frustraciones, de las tristezas?.

Hagamos de cuenta de que estás viendo una película de tu vida y pasa la imagen más lentamente o con más rápidez, agrégale colores iluminando a la imagen o déjala en blanco y negro. Uno es lo que piensa, y la forma en que recuerda los hechos determina cómo va a actuar en el futuro.

Como el pasado no lo puedes cambiar, la mejor manera de defenderte de los recuerdos con peso es cambiar el modo en que los recuerdas. Puedes agregarles colores, olores, sensaciones y averiguar de qué forma ese recuerdo puede llegar a quedar superado o mejorado. Recordar que cuando no se resuelve la situación que hiere y lastima ella aturde y molesta, y no queremos volver a intentarlo.

Hay que ir liviano por la vida, “todas las personas tienen que aprender a volar, aunque crean no tener alas”. ”Las alas crecen en el alma, en la mente, en los sentimientos”. Flor y Juan Pablo abrieron sus alas y su espíritu de lucha y fe en Dios. Van en la vida, demostrando a todos, que “no permitas que nada ni nadie detenga tus pasos”.

Tuve la dicha de convivir con Flor y Juan Pablo, cuando Los Planes de Alonso AC. los llevamos a Playa del Carmen, Quintana Roo de vacaciones. Esa sintonía y melodía de amor de madre e hijo caminando, erguidos demostrando que son luz de Dios tocados por el Espíritu Santo que dicen “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” ¡Son increíbles”.

Quise hablar de ellos porque, contemplarlos en el mar esos días, ver la felicidad de ambos era como contemplar un hermoso arcoíris que aparece después de una tormenta. Flor sonreía con dulzura de miel diciéndole: Mira hijo “un cangrejo”, “mira hijo, esa conchita, ese caracol, ¡Ese barco!”. Descubrían con asombro y alegría ese mar que no conocían.

Yo siempre les hablo del futuro a los niños enfermos. A Juan Pablo le pregunté: ¿Juan Pablo que deseas ser de grande? Él contesto con una seguridad: ¡Soldado mamá Rocío? Porque así me llaman varios niños de Los Planes de Alonso AC. A los días regreso del viaje, hablé con el mayor Carlos Tenorio de la Zona Militar en Irapuato y le dije: Tengo un niño que desea ser soldado de grande, es Juan Pablo y a él no le detiene una prótesis para su anhelo de ser soldado.

El mayor ¡me dio una respuesta hermosa!. “Señora ,deme talla de pantalón, camisa y cabecita de Juan Pablo le haremos un uniforme de soldado y en una semana más los esperamos en la Zona Militar”. ¡Wow! Llevé a mi tesoro, mamá e hijo y familia de ellos. Al llegar, una gran lona que decía “Juan Pablo, soldado honorifico del día”. Mi niño vestido con su uniforme de soldado, lo pasaron enfrente y todos hicieron honores a la bandera. Le mostraron los perros entrenados, lo subieron a tanques de guerra.

Un recorrido espléndido en toda la zona y tratado como lo que es, “un guerrero” que no toca a las personas con un arma, sino las vence con un ejemplo de superación. “Es un gigante”. Nos pasaron al comedor, ahí prepararon un suculento desayuno; mi niño no pudo evitar derramar unas lágrimas de emoción.

Oramos y dimos gracias a Dios por ese gran regalo de amor, de encontrarnos ahí y bendecimos los alimentos.

Juan Pablo y Flor me inspiran en la vida, son ángeles que nos dicen “Nunca digamos no se puede”.

Estimado lector: FLOR Y JUAN PABLO TE DIRÁN: HUBO UN DÍA QUE COMPRENDÍ QUE MI ÚNICO ENEMIGO ERA YO MISMO. ESE DIA FUE QUE EMPECE A GANAR TODAS MIS BATALLAS.

Dios por Delante

Rocio Martinez Preciado

Presidenta

Los Planes de Alonso AC.

Cel. 4636058359

Correo: [email protected]

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