La mujer de las mil batallas defensora del arcoíris

Rocío Martínez Preciado

Hace algunos años, (para ser precisa ocho) estaba hospitalizada en la ciudad de León para mi segunda operación de columna, debido a una hernia de disco; que por cierto decía -yo nunca la invité a pasar a mi cuerpo-, y menos que se quedara, pero, el cargar tanto el bote de ropa para planchar, ropa de mis hermanos y papá cuándo mamá murió; el cargar cubetas con maíz para alimentar a los caballos, el cargar a mis niños cuándo trabajé como maestra de maternal, en fin.
Entonces, me di cuenta, que sí había invitado a una hernia de disco a lastimar mi columna y no una vez, si no dos veces, pues me encontraba hospitalizada para mi segunda operación de columna; ya que, el doctor Bolker dijo, “si no te operas en cualquier momento te quedarás inmóvil”, y “si te operas hay riesgos de que puedas quedar inmóvil de piernas o brazos.
Mi hijo de 8 años estaba para entrar a trasplante de Médula debido al cáncer y decía:
-Así tambaleando podré cuidarlo, pero… si quedó en una silla de ruedas  ¿Cómo podré hacerlo?, en ese momento Alonso me dijo las palabras exactas, ¡Mamá si me quieres opérate!
Lo hice, me operé impulsada por el más grande sentimiento del convencimiento, el del amor. Esa primera operación salió muy bien, pude cuidar y entregar, (con dolor) pero con todo mi amor a mi hijo a Dios.
Pasaron los años, vendiendo flores naturales en las costas, cargando ventiladores puerta por puerta para vender en San Blas Nayarit, y de regreso traer camarón para vender, en fin; vendedora de tantas cosas para salir adelante en la vida.
Recuerdo ese día internada esperando programada para operar, eran las 10 p.m. en mi cuarto estaba Tere, una señora con cáncer quien por las noches lloraba más por su dolor.
Me levanté de mi cama, tome mi suero y caminé, me acerque a ella llevando yo una imagen de la virgen María, le rezé lo que la estampa decía, ella, sin yo pedírselo, lo repetía lentamente y al terminar le di un beso en su frente, le dejé la imagen y ella la colocó en su pecho.
Regresé a mi cama a dormir, al día siguiente muy temprano llegó la ministro ofreciendo la comunión y preguntaba sí deseaban recibir a Dios, escuché que el señor que la acompañaba a Tere dijo que no.
Como mi cama estaba en la puerta, le dije a la ministro -oiga, Tere esta muy grave y yo sé que Dios perdona nuestros pecados, ¿No podrá recibirlo? La señora dijo que trairía a un padre, y a las dos horas regresó con el sacerdote dirigiéndose a la cama de Tere, el señor que la cuidaba le dijo al padre ¡No puede despertarla!
No puede comulgar con eso, entró una enfermera conmigo y le dije: -Señorita ese señor está corriendo al padre, ella le indicó al señor “¡Se sale por favor!”, y  eso hizo el señor, luego entró el esposo de Tere, el sacerdote dio la comunión a Tere le dio los santos oleos y  se fue más tarde.
Pregunté a una señora que cuidaba a su mamá entre la cama de Tere y la mía ¿Qué habrá pasado?, ¿Por qué ese señor corría al sacerdote?, ella me dijo, “señora Rocío, anoche yo me quedé asombrada al ver cómo Tere se puso a rezar con usted a la virgen, ella era católica y ese señor que no dejaba que comulgara era el pastor que cambió de religión  a Tere; por lo que ella, volviera a abrazar a la madre de Dios por medio de usted fue increíble”.
¡Dios Mío!, pensé, me usaste de instrumento para que Tere volviera a recibirte. Pasaron las horas y a las 10 p.m. aproximadamente entra una enfermera, me inyectó salió, yo comencé a sentir un sueño profundo delicioso, pero presentí no era normal.
Me estaba sintiendo lenta, poco a poco ese irme despacio, no se a donde pero lo estaba sintiendo, mi cuerpo me lo anunciaba alcancé a decirle a mi hija Monserrat, que me cuidaba, -¡Me estoy sintiendo mal!-, no era verdad que me sintiera mal, de hecho, ese sueño era delicioso, pero sabia no era normal, recuerdo escuchar voces de doctores muy inquietos “Rocío respira, Rocío respira, y entre ellos nerviosos deje de escucharlos y vi tres imágenes, la primera mi madre que murió cuando yo tenia 13 años mirándome desde lo alto muy triste, la segunda imagen, una sala de personas sentadas y mi hijo Alonso feliz jugando en el suelo, la tercera imagen una hilera de personas formadas una tras otra rodeadas con mucha luz y adelante, Rebeca esposa de mi hermano Raúl, diciéndome con sus manos ven.
¿Qué me pasó?, me había inyectado la enfermera Dipirona para el dolor y resulté alérgica a dicho medicamento, me causó un shock anafiláctico y eso desencadenó una trombolia pulmonar, los coágulos en mis pulmones detuvieron mi corazón, yo me morí, estaba con oxigeno y pañal, me inyectaron el ombligo -¡Bendito Dios que planes tienes!-.
Volví a la vida, luego me enteré cuando tuve más lucidez que Tere había muerto, -Dios, me devolviste la vida y te llevaste a Tere a la vida eterna-; comprendí a los días siguientes durante mi recuperación que Dios tenía un plan para mi.
Que esas personas que yo vi con mucha luz, quizá son mi prójimo y yo debo aprender de ellos y aprender de mi.
Arturo, un amigo, me nombro Rocío “la mujer de las mil batallas defensora del arcoíris”. Cuando reflexiono ese nombramiento pienso, todos, tú y yo, somos y debemos de ser defensores de nuestras batallas diarias de la vida, aunque sean pequeñas o gigantes, de las que sentimos, a veces, no podemos librar.
Alcemos la vista al cielo y tomemos la cruz de Dios como nuestra espada y con la seguridad de que cuándo pase la tormenta de nuestra batalla aparecerá un hermoso arcoíris en el cielo y en nuestro corazón como símbolo de unión entre el mayor amor, el de Dios con sus hijos.
Te invito a ser tu también hombre o mujer de las mil batallas y defensores del arcoíris.
¡Dios te bendiga!
Rocío Martínez Preciado
Los Planes de Alonso
Presidenta
Cel: 4626958359

Más noticias de Quintana Roo

 

DEJA UN COMENTARIO

comentarios