Rocío Martínez Preciado 

Mis hijas seguido me dicen que cuando tienen algún problema recuerdan la frase que siempre les digo, “nunca digas no se puede”. La verdad me alegra saber que mi frase favorita ha dejado huella en ellas, y que eso los alienta a esforzarse y lograr intentar resolver el problema que les afecta.
Compartiré unas palabras de un libro que leí del Padre Guillermo Gándara Estrada, y que vienen muy ad hoc en esta época que estamos viviendo, donde vivimos deprimidos y nos estresamos de todo.
“Te estresas porque quieres, te desesperas quieres, porque Dios nunca te abandona y cuando por la libertad, tú lo abandonas aun teniendo las herramientas para triunfar, te es fácil llegar a la confusión.
Dios siempre está cercano a ti, abriéndote puertas y ventanas, siempre tiene muchas soluciones a tu favor, utilízalas, desecha las angustias y las desesperaciones; primero porque son tu producto, después, porque es carga pesada, desagradable para los demás, y finalmente, porque Dios no te creó para que produjeras tantas anomalías. Dedícate a descubrir la puerta que Dios te preparó para encontrar el camino ante las angustias, atiéndelas hasta que percibas que estás nuevamente en la normalidad de tu felicidad un problema se siente, se vive y se soluciona”.
Trata de ser de las personas que al momento de la dificultad se enfrentan a la realidad y la dominan; cuando enfrentas una situación con llantos y gritos significa que estas dentro del remolino y no lograste encontrar el camino de salida. Enfrentarse a la realidad, es lo mejor, hazlo con serenidad, amor y metodología.
El problema se siente, se vive, sabes que tienes la capacidad de enfrentarlo y solucionarlo; lo hecho, hecho está y hay que darle la mejor solución sin buscar culpables o triunfadores.
Las cuatro prioridades de tu vida
La vida tiene algunos verbos de los que nadie puede escapar. El primero de ellos es “nacer”. Naciste para gozar, pero también para llorar. Ser alegre está en tus manos, de tus lágrimas no te preocupes, porque llegarán solas, escúchalas y aprovéchalas para purificar tu cuerpo, tu interior.
Otro verbo es “vivir”. Dios te envió a esta tierra para vivir, formas parte de la especie humana, con sus riquezas y limitantes y desde ahí has de conducirte con coherencia, honestidad y mucho amor.
El siguiente de los verbos que tienes que realizar es “generar”, generar vida y felicidad al mayor número de personas; y el último verbo que debes realizar es “morir”. Con este verbo se cierra el ciclo de tu vida, hazlo con dignidad y orgullo.
Nunca digas “No se puede”, mi frase favorita y que me inspira a no darme por vencida cuando la tormenta quiere interrumpir la armonía de mi vida.
Cuando reflexiono que yo pude dar vida a mis hijos, que yo tengo ese don tan bello que Dios me dio, me pregunto, ¿Entonces porque voy a permitir que algo o alguien trate de matar mi paz o desee interrumpir mi camino?, entonces resurge en mi mente como un amanecer, “Nunca digas no se puede”, yo soy tan valiosa, tan fuerte, soy inspiración de Dios y de mis padres, y soy capaz de dar vida.
Así que es mi obligación ante tanto amor recibido, el de dármelo a mí, cuidarme, respetándome, amándome, y es mi deber compartir a los demás todo lo que me provoque una sonrisa dibujada en mi rostro.
Me llamó una señora, Luz María, de Manzanillo, ella ha cuidado de su esposo enfermo varios años, me comentó que ella lee cada semana mi columna “Escuchando al  corazón“, y que desea que cuando yo regrese a Manzanillo con niños enfermos, conocerme y apoyarme.
Ahí es cuando yo confirmó mi frase “nunca digas no se puede”, Luz María, una señora que tiene un esposo enfermo, podría decir: “no tengo tiempo, no puedo, estoy cansada, estoy enojada y triste”, pero al contrario, Luz María dice: “deseo dar de mí en lo que pueda”,  ¡Wow!, eso es vivir, ella comprende que la vida es un suspiro y desea plenamente vivirla, y sabe que entre más da, más recibe y entre menos te quejas, te des lástima a ti mismo, más saldrás victorioso en tu camino.
Me hicieron una pregunta en un taller, una mujer extraordinaria, me dijo que cómo desearía morir, y le conteste, -Frente al mar para decirle, mar, yo Rocío, soy fuerte, soy grande y poderosa como tú, porque Dios me dio la vida, y por supuesto soy hecha a imagen y semejanza de Él.
Ahora en casa, esa pregunta me hace reflexionar sobre cuántas personas no deseamos pensar en la muerte, lo vemos lejano, como si no fuera a pasar, pero lo más triste es que no nos damos cuenta que con nuestra negatividad con apatía, envidia, egoísmo nos estamos desgastando día a día y muriendo poco a poco, y no es la muerte la que viene hacia nosotros, sino con nuestra actitud somos nosotros los que vamos hacia ella.
Vida, gracias por abrirme las ventanas y la puerta de tu casa, Dios y mis padres, gracias por darme vida.
Y a ti Rocío, gracias por permitirme escucharte y saber que nunca se debe decir “no se puede”.
Dios por delante
Rocío Martínez Preciado
Presidenta
Los Planes de Alonso AC
Cel. 4626058359

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