Tu equipaje

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Rocío Martínez Preciado

Un día como cualquiera el sol iluminó su cara despertándola mientras dormía, abrió sus ojos y con ello dibujo una sonrisa pensando lo que significaba ese día. Se levantó y comenzó a preparar su equipaje con la maleta abierta, recibiendo cada prenda que ella elegía y doblaba envolviéndola con papel ilusión, pensando en el largo viaje que recorrería y que podría cambiar su vida.

Pesaba mucho su maleta, le gustaba sentirse linda, vestirse bien, exagerando el peso de carga permitido en el aeropuerto.

Sin embargo no le importó, pues pensaba “mi peso es valioso y lo que realmente pesa son mis emociones e ilusiones por el futuro que yo construiré”. Subió al avión para emprender un viaje de diez horas de vuelo, llegó cansada, pero ilusionada sabiendo que le esperaba el hombre con quien construiría su nuevo futuro y compartiría el resto de sus días hasta que  Dios lo permitiera.

La pareja enamorada se abrazó al encontrarse de nuevo, caminaron juntos en un mismo sentido planeando los días futuros, planeando tantas y tantas cosas por vivir; pero… ¡El castillo se derrumbó! Resultó ser de arena, por lo que el viento lo tiró.

El hombre no era ese castillo elegido, ese hombre era falso como la mentira, era como un dibujo hecho de acuarela, lo dibujas con tanto cariño que no te das cuenta de lo que realmente es hasta que llega lluvia y lo destruye. Así resulto ser el hombre de sus sueños tan sólo a los diez días de haber estado con él.

Su máscara se rompió, el corazón de ese hombre mostró el vacío que llevaba dentro de él, esa telaraña de engaños y mentiras, donde nada tenía para dar, donde ni a él mismo se daba para sí, ¿Cómo podría darle a esa mujer?

Para ella fue triste, sus lágrimas la habían quitado una venda de los ojos, una venda que sus sueños la hacían ver lo que no era real, esa mujer que había corrido a realizar su sueño, alzó la vista al cielo buscando esos rayos de sol que la habían despertado días atrás cuando hizo su equipaje, buscaba con su mirada en el cielo esa luz de sol que le diera la respuesta, pero no se la dio.

El hombre que más la ha amado en la vida, Dios, fue quien le recordó lo que había creado en su interior, una fortaleza y entereza de mujer, le dijo que lo que había recorrido, con sus caídas y levantadas, sus lágrimas y sonrisas, sus sueños y fracasos, su dolor y adversidades, era parte de crecer como persona; que la paz aparece de repente y de la nada, iluminaba el corazón enviando luz e inteligencia a su mente, dando paso a la razón, quien le daba la lección y el aprendizaje.

Ese hermoso resplandor de luz, no del  sol sino de su fe y amor en Dios le dieron la mejor de las respuestas; ella de lo que se libró y él de lo que se perdió.

Entendió que Dios la sostuvo cuando conoció a ese hombre equivocado, para que cuando llegue el adecuado a su vida, le dé gracias a Dios por esa bendición.

El equipaje, cuántas veces lo envolvemos y cargamos con anhelos y esperanzas caminando por esa vereda que a veces resulta espinosa, otras veces las flores lo adornan, otras la lluvia nos empapa, pero no soltamos el equipaje, por que decidimos llegar a ese destino en el que nos espera la felicidad.

Si entendiéramos algo tan simple como, el mejor equipaje es aquel que es ligero como la espuma de las olas, como una sonrisa de un niño o un anciano sin dientes, un equipaje ligero, también es un abrazo que cubra el frío de un corazón triste, una canción que alimenta y alegra un espíritu, una palabra de aliento que abre una cerca donde antes se impedía el paso.

Tantas cosas simples y ligeras ¡Son el mejor equipaje!

Toma el sol, las nubes, un arcoíris, las flores, su perfume y colores, el mar y su sonido; abre tu corazón, dóblalo, envuelve cada uno de estos elementos dentro de ti y cúbrelos con el amor de Dios; verás que ese será el mejor equipaje de tu vida.

¡Dios por delante!

Rocío Martínez Preciado

Los Planes de Alonso

Presidenta

Cel.  4626058359

Correo: [email protected]

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