Rocío Martínez Preciado

Hace 14 años me encontraba en el Instituto Nacional de Pediatría cuidando y acompañando a mi hijo Alonso de 8 años que recibía su quimioterapia, cada cuarto era de 6 camas y a un lado de mi hijo Alonso estaba Osvaldo, un niño de 6 años recibiendo su quimioterapia por la leucemia tan grande que padecía.
Osvaldo estaba en ayuno, la palidez de su cuerpecito era increíble. Era muy triste contemplar a ese pequeño ángel crucificado de sus 2 brazos con sondas y agujas, cada que entraban a llevar alimentos de parte del hospital, Osvaldo pedía a la señorita, al ver las charolas, ¡Tengo hambre!
Yo le decia; -Mira, en estos frascos te están poniendo tu comida molida, no te dejan sin comer-, aunque yo sabía de antemano que no era ningún alimento molido lo que le aplicaban, sino la quimioterapia.
Yo siempre le ponía por las noches agua bendita a mi hijo en su frente haciendo la señal de la cruz y Osvaldo me pedía durante el día varias veces, “mamá de Alonso me pone agua bendita aquí, señalando con su mirada sus brazitos llenos de sondas, -¡Sí hijo!-, le respondía al mismo tiempo que le aplicaba el agua bendita. Supongo sentía alivio porque a las horas me lo volvía pedir.
Uno de esos días estaba el doctor y la enfermera con Osvaldo tratando de volver a ponerle la aguja en otro lado de su brazo, ya que estaba lleno de moretones causados por lo mismo, entonces ese pequeño ángel le dice al doctor, “doctor le digo algo,
-Sí Osvaldo dime-, doctor, me esta lastimando” fue tan difícil para el doctor, escuchar esas palabras que se salió y dejó a la enfermera poniendo de nuevo la aguja.
Creo que los doctores tienen corazón de nube, Dios los protege al convivir con tantos ángeles, más no deja de dolerles el sufrir de esos inocentes.
Al día siguiente entró la nutrióloga y me entregó los platos con figuras de Toy Story que yo le había comprado a mi hijo Alonso para que ahí le enviaran sus 3 comidas diarias. Aunque era más trabajo para la cocina separar un plato especial, lo hacían con mucho gusto, ya que sabían lo que yo intentaba para que mi hijo se sintiera menos en un ambiente de hospital, quizá, con sus platos de dibujos animados comería mejor.
Alonso había terminado su quimioterapia y estaba dado de alta, luego llegó la nutrióloga y me entregó una bolsa con los platos de mi hijo, a lo que Osvaldo me pregunta “¿Qué es?, -Ah Osvaldo, son unos platos y vaso que le compré a Alonso para su comida, cuando regrese al hospital te comprare unos para ti-.
El niño, sacó su lengua y saboreándose me preguntó que si sabía hacer enchiladas y le respondía afirmativamente, luego me preguntó “¿Me podrá traer mis platos con enchiladas, quesito y cebolla?”.
-Sí claro-, le respondí, me despedí de él y su mami y le compartí de mi agua bendita para que le siguiera poniendo en sus brazos.
Regrese casa, Irapuato, a los ocho días de nuevo regresé a la Ciudad de México a estudios para mí hijo, subí al área de camas con mis platos comprados para dejárselos a Osvaldo, pero no lo encontré, le pregunté a la enfermera -Señorita ¿Y Osvaldo?- ella respondió, -Está arriba-, por un instante pensé que se refería al piso de arriba que estaba en reparación, corrí llorando a ver al doctor y le dije, -Quiero que me diga que los milagros existen-, pero el doctor me respondió -Osvaldo murió.
Una promesa, fue lo que hice a ese hermoso, frágil y bendecido ángel, que mientras yo viva, no comeré enchiladas, porque ese niño que tenía hambre y al que no podían darle alimentos, sufría cuando veía comer a los demás. Mientras Dios me dé vida, con todo mi amor, admiración y respeto hacia Osvaldo, no comeré esas enchiladas que le prometí llevar, y lo hago con todo mi amor, no será un sacrificio, porque que aunque me encantan, deseo cumplir esa promesa, no te las lleve Osvaldo y por ello yo tampoco las comeré.
Muchas veces en la vida prometemos y no cumplimos, pero pienso que la más hermosa promesa de amor es la que debemos cumplir hacia nosotros mismos.
Sabemos que somos díabético y comemos dulces o refrescos, sabemos que sufrimos del corazón y fumamos; así es el ser humano, que no toma en serio el hermoso regalo de la vida.
La mejor medicina eres tu mismo:
Si duele la garganta, canta.
Si duele el pecho, ámate.
Si te duelen los oídos, escúchate.
Si te duelen las manos, suelta.
Si te duele el estómago, nútrete.
Si te duelen las piernas, baila.
Si te duelen las rodilla, inclínate.
Si te duele la espalda, alivíanate.
Si te duelen los pies, descansa.
Una promesa de mi para ti Osvaldo, con todo mi amor a niños como tú, como Alonso mi hijo, como los niños de la Asociación Los Planes de Alonso.
Esas enchiladas prohibidas para mí, son un deleite cuando me privó de comerlas y recuerdo la dulzura y fragilidad de ángeles que nos demuestran la verdadera sintonía de la vida ángeles que luchan por vivir y no se rinden.
Señor mi Dios, tú nos hiciste una promesa de amor, diste tu vida por salvarnos,
Te amo y deseo refugiarme en ti a cada momento de mi vida.
Dios por delante.
Rocío Martínez Preciado
Presidenta
Los Planes de Alonso AC
Cel. 4626058359

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