¿Hasta cuándo el aseo en Seguridad Pública?

Un elemento de Seguridad Pública de Benito Juárez (Cancún) dispara al aire durante los hechos violentos del lunes 9 de noviembre. Foto: Elizabeth Ruiz Cuartoscuro
Un elemento de Seguridad Pública de Benito Juárez (Cancún) dispara al aire durante los hechos violentos del lunes 9 de noviembre. Foto: Elizabeth Ruiz Cuartoscuro

La barbárica represión de una manifestación en Cancún, que si bien se había tornado violenta, de ninguna manera puede ser dispersada a balazos, ha mostrado con dolorosa claridad las enormes deficiencias en cuanto a capacitación y saneamiento en los cuerpos de seguridad pública, en este caso en la Policía Municipal Preventiva de Benito Juárez.

Si bien gran parte de la atención mediática se ha enfocado en la responsabilidad a nivel de mandos, tema que por supuesto debe de investigarse, la realidad de las cosas es que sí existe un grado de culpa, con independencia de si se dio la orden o no, por el triste y deshonroso papel que desempeñaron estos agentes policiacos, que al parecer se “paniquearon” y se tornaron en gorilas a la primera señal de peligro.

No olvidemos, ellos son la fuerza pública, y por tanto tienen la obligación y la responsabilidad de saber contener situaciones como la ocurrida afuera del Palacio Municipal, sin escalarlas, todo lo contrario de lo que ocurrió. Para colmo, los protocolos de actuación marcan claramenten que cuando se trata de contener manifestaciones, los agentes policiacos no deben ir armados, para evitar el riesgo de que sean utilizados en contra de la ciudadanía, o que los inconformes pudieran superarlos y arrebatárselas.

¿Por qué los agentes de Seguridad Pública estaban armados, entonces? Es un grado de ineptitud increíble, cuya consecuencia fueron reporteros heridos de bala, personas golpeadas, pánico en general, y una crisis política que amenaza con revertir el avance logrado en Benito Juárez con el Mando Único.

Una preocupante posibilidad es que sea simple insubordinación o incapacidad, lo que apunta a un hecho conocido, que aunque Cancún ha avanzado en muchos sentidos, su policía todavía está de lo más rezagada en el tercer mundo, con corrupción, actitudes soberbias y complicidades tejidas que imposibilitan el intentar meter orden.

Desde que se lanzaron (ilegalmente) en “huelga” durante el trienio de “Chacho” y andaban armados con varas, robando unidades y manteniendo un sitio en el palacio municipal (hecho que después se vio era una estrategia priista para apuntalar a Félix González), pasando por su probable participación en actos delictivos en el gobierno de “Greg” Sánchez, hasta su berrinche anual para exigir en dinero en efectivo los recursos de Fortaseg que tendrían que ir a su capacitación y sus más recientes inconformidades en contra del Mando Único; repasar la historia de la policía en Cancún es recorrer una galería de actos vergonzosos, que no merece la ciudadanía.

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Cada vez que se pretende asear la corporación de Seguridad Pública, surgen incoformidades laborales, periodicazos, acusaciones de hostigamiento y otras estrategias de desestabilización. Como siempre, se llega a un punto medio y todo sigue igual. Con la llegada de Alberto Capella, uno de sus principales estrategias era finalmente acabar con estas manipulaciones burdas y darnos una policía moderna, sin importar los costos políticos.

Ahora, en vista de lamentable desempeño de los agentes, parece que no ha sido suficiente. La moneda está en el aire y queda ver si esta reprobable represión es un parteaguas para finalmente asear la corporación, o si por el contrario, es la excusa para echar por tierra estos esfuerzos.