En destinos turísticos como Cancún, el agua casi nunca es tema de conversación. Está ahí, fluye cuando se abre la llave, permite que los hoteles operen, que las playas se mantengan limpias y que millones de visitantes disfruten su estancia sin pensar demasiado en lo que ocurre detrás. Y quizá ese sea el mayor indicador de que algo se está haciendo bien: cuando un servicio esencial funciona, pasa inadvertido.
Durante los últimos años, el servicio de agua potable y saneamiento en Cancún, Isla Mujeres, Puerto Morelos y Playa del Carmen ha experimentado avances que vale la pena reconocer gracias a la concesionaria de agua que opera en estos municipios de Quintana Roo.
No se trata solo de ampliar la cobertura, sino de modernizar la infraestructura y anticiparse a las exigencias de una región que crece a un ritmo acelerado, impulsada por el turismo y la llegada constante de nuevos desarrollos.
INFRAESTRUCTURA QUE NO SE VE, PERO SE SIENTE
Un ejemplo claro es la infraestructura sanitaria en la Zona Hotelera de Cancún, una de las áreas más sensibles y estratégicas del destino. Ahí, donde la demanda de servicios es permanente y cualquier falla tendría un impacto inmediato en la experiencia del visitante, se están reforzando sistemas clave para el manejo y tratamiento de aguas residuales.
Estas obras, aunque poco visibles para el ojo del turista, son fundamentales para garantizar la operación continua de hoteles, restaurantes y centros de entretenimiento.
BENEFICIOS DIRECTOS PARA EL TURISMO
El impacto para quienes visitan el Caribe Mexicano es directo, aunque muchas veces silencioso. Un sistema sanitario eficiente significa playas más limpias, menores riesgos ambientales, mejor calidad del agua y una ciudad que puede responder a picos de ocupación en temporadas altas. En otras palabras, una experiencia turística más segura, cómoda y sustentable.
Pero el impacto no se queda solo en el visitante. Esta inversión en servicios e infraestructura también fortalece la competitividad de la zona a largo plazo. En un contexto donde los viajeros son cada vez más conscientes del cuidado ambiental y la sostenibilidad, contar con sistemas modernos de agua y saneamiento se convierte en un valor agregado que distingue a un destino frente a otros.
Por supuesto, siempre habrá retos. El crecimiento urbano, el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales obligan a que la planeación sea constante y de largo aliento. Sin embargo, avanzar en infraestructura sanitaria demuestra una visión que va más allá del corto plazo y que entiende que el turismo no puede sostenerse sin servicios básicos sólidos.
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¡Hablar del cuidado del agua por parte de autoridades y concesionarias es indispensable! Y reconocer los avances en este rubro no es un acto de complacencia, sino de sentido común. Porque cuando el agua fluye, cuando los sistemas funcionan y cuando las inversiones se traducen en bienestar para locales y turistas, el verdadero éxito está, precisamente, en que casi nadie lo note.

