La polémica de las “minicasitas”

Por Óscar González - [email protected]

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Por Óscar González

La polémica por las “minicasitas” no es ni remotamente nueva, En realidad empezó por la propuesta socialista, aplicada en los países del Pacto de Varsovia en los años 50, de dotar a todas las familias de una vivienda. Los países del este de Europa, en sus principales ciudades, están plagados de edificios de departamentos inicialmente unifamiliares de una o dos habitaciones dormitorio, pero la catástrofe económica del comunismo los alcanzó: al paso de las generaciones esas viviendas acabaron por albergar a decenas de miembros de familia en vez de los dos o cuatro proyectados. Las tragedias con tintes de drama policiaco eran previsibles.
A unos pocos años de que sucediera en Yucatán, en Quintana Roo estamos enfrentando el mismo dilema, que por lo pronto ya se “resolvió” en la XV Legislatura: casas de seis pasos de frente podrán ser construidas en Quintana Roo. ¿Voracidad de legisladores, actores de gobierno y empresarios desarrolladores, o una política pública que busca dotar de patrimonio a las familias más necesitadas? He ahí el dilema, y la respuesta no es fácil.
Los amigos de la propuesta de desarrollo, que evidentemente irá a las costillas de las arcas públicas, dicen que es mejor tener una casita que no tener algo. En eso tienen razón. Ya el erario, en dicha función social, no soporta casas de 12 metros de frente por veinte de fondo, como se estilaban. Los detractores opinan que confinar a las familias a espacios tan reducidos en vez de un bien propicia males de alto impacto social, como la hacinación y la depauperación de la vida comunitaria.
En la capital del vecino estado la polémica fue generosa, pues desde luego involucraba a la creciente masa de burócratas y empleados de empresas que llegan a la capital yucateca. A nadie, desde luego, le hizo gracia tener que llegar a vivir en un huevo.
El director de la Facultad de Arquitectura de la Uady, Alfredo Alonzo Aguilar, refrendó ayer su rechazo al proyecto de modificación del Reglamento de Construcciones del Municipio de Mérida, que propone reducir las dimensiones de las viviendas económicas. Brincaron, pero pasó.
Los concejales dijeron que la reducción de las dimensiones de los cuartos no contribuye a mejorar las condiciones de habitabilidad y sostenibilidad de las viviendas ni impacta positivamente en la calidad de vida de la población. sector de la población y para la ciudad.
Claro que un cabildo ultraderechista, como el de Mérida, rechazaría cualquier medida de orientación popular. Tal vez se trataba de hacer viable el otorgamiento de vivienda a los más desposeídos. O quizá de favorecer a grupos empresariales de la industria de la construcción. A un quintanarroense de hoy en día le preguntarías: ¿prefieres rentar un pequeño habitáculo en una cuartería o tener una microcasita propia? La respuesta sería obvia.
Hay muchos contras respecto a la aprobación de la ley de “las casitas”, pero el argumento social es inevitable: hacer más asentamientos al norte de Chetumal, que es coto de la familia Mercader, si fuera factible otorgarlo a través de prestaciones gubernamentales a los trabajadores de bajos ingresos, pudiera ser benéfico aun cuando en la sala-comedor no cupiera ni una sala ni un comedor. Eso ya lo hemos vivido: en una casita de fraccionamiento Caribe no cabe nada, pero la familia tiene algo propio y de valor tasable.
De 12.5 a 9.72 metros cuadrados fue la reducción del espacio habitacional planteado en Mérida, lo que por cierto imposibilitaría el tránsito de una persona en silla de ruedas o de una obesa por los pasillos. Pero a fin de cuentas, críticas mediáticas de por medio, los yucatecos pobres recibieron de mil amores el nuevo ordenamiento. Todo un tema, pero no cabe ninguna duda de que el gobierno estatal saldrá muy raspado merced al diputado “joaquinista” Juan Carlos Pereyra Escudero .
No hay posibilidad de que esto le salga bien al gobernador.

LA DICHA INICUA…
¿Cuál fue el peor de los partidos que hizo supuesta causa con Carlos Joaquín González en esta elección? ¿El PAN o el PRD? Son malísimos ambos, a nivel local y nacional. Perdieron un capital histórico inenarrable por sus inquinas y –lo peor– sus riñas internas. Para el tacho de la basura, la derecha y la izquierda –pues el ganador, el Morena, es inclasificable en izquierda o derecha: con políticas sociales progresistas pero con posturas económicas de ultraderecha–; con un PRI peor que muerto, cuya fracción parlamentaria en San Lázaro sale completa en una selfie, ya no tenemos idea de quién nos representa.
La política en México es una basura. El líder estatal del PAN Juan Carlos Pallares Bueno de plano le echó la culpa al gobernador de la catástrofe electoral. ¿Pues no se supone que las elecciones son tema de partido y que los gobernantes no deben meter su cuchara? Lamentable, antidemocrático y contrario a nuestra constitución republicana el chico temido panista.
¡Qué cinismo! O sea: el imberbe liderzuelo está reclamándole al gobernador no haber intervenido a favor de sus candidatos –o pseudocandidatos–? ¡Qué bestia! Fueron arrasados por lo que son o dejan de ser. Bazofia electoral.
Carlos Joaquín los remolcó en la euforia antiborgista para empoderarse, ¿y ahora le exigen que siga cargando con sus pesos muertos electorales? Pallares, ¡qué cínico es!

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