Tratado con EU, benéfico para los estados

Por Óscar González - [email protected]

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Por Óscar González

Para un estado tan dolarizado como Quintana Roo, la única buena noticia es que la divisa estadounidense se encuentre estable y de acuerdo a los valores en los mercados financieros, industriales y de servicios, así que el anuncio de un principio de acuerdo con Estados Unidos para la reedición del pacto comercial con México, como dijera Luis Echeverría Álvarez, “ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”.
La visión más simplista indicaría para Quintana Roo que un peso barato propiciaría que nuestros principales clientes turísticos, los estadounidenses, encontrarían más atractivo visitarnos porque sus billeteras tendrían más poder adquisitivo, pero si bien esto no es del todo falso una subvaluación o de plano devaluación del peso nos dejaría en muy difíciles condiciones de brindar bienes y servicios de calidad en nuestros destinos, porque si bien nuestros empresarios turísticos cobran en dólares también pagan buena parte de sus costos en billetes verdes. Lo contrario es más obvio: un peso sobrevaluado volvería menos atractivos nuestros precios para el viajero. Nada es mejor para el turismo que la serenidad y el equilibro cambiario y financiero.
Lo bueno es que el gobernador Carlos Joaquín González y cada uno de nuestros presidentes municipales saben más de turismo que cualquier político nacional o mundial, y es claro que la hostilidad de los empresarios del ramo para que el alucinado tren maya de Andrés Manuel López Obrador se pague con impuestos originalmente pensados para la promoción internacional de viajes será apuntalada con claridad, aunque con la discreción republicana del caso: el gobernador de Quintana Roo, junto con sus cinco pares panistas, ha sido receptivo a las posturas del gobierno entrante precisamente para ganar “beligerancia”. Tendrán que ser escuchados y los planes mediados: Quintana Roo –como Yucatán, entre Mérida y Valladolid– ya tiene un plan viable de tren de Cancún a Tulum, que no es una alucinación de campaña.
Si hay estabilidad –y el tema del tratado de libre comercio se la puede brindar a López Obrador– las cosas se pueden hacer de manera razonable y con viabilidad financiera. Estados Unidos, como socio comercial por cierto muy predominante, no le permitirá al próximo presidente pasarse contratos y convenios por el arco del triunfo.
Ya lo dijo Enrique de la Madrid Cordero, todavía secretario de Turismo: si se cancela el nuevo aeropuerto de México sin lugar a dudas el país tendría severos descalabros en sus calificaciones crediticias y los inversionistas y proveedores mundiales seguramente se alejarían, por lo que el tren maya se quedaría en una febril promesa de campaña.
Tal vez lo que está sucediendo haga ver a Andrés López que sus proyectos son fantasiosos sin tener que llegar a las vergonzosas cancelaciones provocadas por el choque con la realidad, como le sucedió a Enrique Peña Nieto, por cierto también con un desde luego menos inviables par de proyectos ferroviarios –México-Querétaro y Mérida-Punta Venado–.
A semanas del cambio de gobierno federal, vemos una oportunidad para los estados y regiones: los gobernadores del país acaso podrán mostrar su expertise y buscar entendimientos razonables con un gobierno que ya no estará tan presionado por ser –presuntamente, sobra decir– de izquierda.
Podrá haber nuevo aeropuerto en Texcoco y avanzarse sustantivamente en las comunicaciones de nuestro sureste turístico, pero sin locuras como las planteadas antes el 1 de julio y tras la euforia del triunfo del Morena. Los gobernadores, en sus ramos de máxima experiencia, pudieran volverse más determinantes en el sexenio.
Un nicho de oportunidad que seguramente el mandatario quintanarroense está observando.

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