
Científicos estudian a tortuga de 194 años y descubren que sus genes no envejecen
Un equipo de científicos de Estados Unidos ha analizado su genoma y su epigenoma para identificar qué factores podrían explicar su longevidad.
Jonathan, considerada la tortuga terrestre más longeva del mundo, se ha convertido en objeto de estudio para entender cómo algunos organismos resisten el envejecimiento.
Con 194 años, este ejemplar vive en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, y su genética ha revelado características que han llamado la atención de los investigadores.
Un equipo de científicos de Estados Unidos y otros países ha analizado su genoma y su epigenoma para identificar qué factores podrían explicar su extraordinaria longevidad. Los resultados se publicaron el 7 de octubre en la revista Science Advances.
El estudio encontró que Jonathan mantiene patrones epigenéticos similares a los de una tortuga de cinco años en los genes relacionados con la producción de energía celular. Estas marcas químicas ayudan a regular la actividad de los genes y suelen volverse más desordenadas con el paso del tiempo.
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En la tortuga, sin embargo, ese desorden es mínimo en determinadas regiones del ADN. Los investigadores también observaron señales relacionadas con la función mitocondrial, un proceso esencial para que las células produzcan la energía que necesita el organismo.
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Las mitocondrias desempeñan un papel importante en el funcionamiento celular. Por eso, conservar los mecanismos que regulan su actividad podría ayudar a explicar cómo la tortuga ha llegado a una edad tan avanzada.
Una genética que ofrece nuevas pistas sobre la tortuga
El análisis también identificó 287 variantes genéticas que podrían contribuir a reducir algunos efectos habituales del envejecimiento. Estas diferencias están relacionadas con procesos como la reparación del ADN, la regulación de la insulina, el control de la inflamación y la protección frente al cáncer.
Para evaluar estos resultados, los científicos compararon el material genético de Jonathan con el de otras tortugas gigantes de Aldabra, tanto jóvenes como adultas. La comparación permitió detectar diferencias en los mecanismos que regulan la actividad genética.
La especie a la que pertenece Jonathan suele vivir varias décadas y puede alcanzar edades cercanas al siglo. Su caso, por tanto, ofrece una oportunidad para investigar por qué algunos ejemplares superan ampliamente esa expectativa.
Los hallazgos podrían ayudar a comprender mejor los procesos que permiten mantener las células en buen estado durante más tiempo. Sin embargo, todavía no demuestran que estos mecanismos puedan trasladarse directamente a tratamientos para las personas.
Los investigadores esperan que el estudio de esta tortuga permita identificar nuevas vías para proteger las células frente al deterioro asociado a la edad. El objetivo es avanzar en la comprensión de la longevidad saludable, es decir, vivir más años conservando una buena función del organismo.
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Vía: RT


