La silla de fin de año

Rocío Martínez Preciado

Te compartiré este escrito que me agrado mucho. Yo lo titulé “La silla de fin de año”.

Imagina que es la última fiesta de tu vida, ya tienes la mesa y la comida, pero te faltaron las sillas. Yo conozco un señor que te las podrías prestar, solo necesita saber cuantas necesitas.

Yo, ya lo estuve pensando bien y estás sillas son las que necesitaré:

-De inició necesito dos sillas; hay dos personas en este mundo que me amaron, me cuidaron, me dieron todo lo que tenían sin esperar nada a cambió, estaré siempre agradecida por ello, mis papás; necesito otras sillas, porque a fuerza me tocó compartir  la vida con diferentes personas, me la pasé peleando todo el tiempo con ellos me quitaron mis cosas, se pusieron mi ropa sin permiso, entre otras cien barbaridades, pero siempre que los necesito están ahí. No importa lo que pase, y si pudiera, volvería a pedir que me tocarán los mismos, porque son mi equipo de vida, mis hermanos.

Señor, ¡Más sillas por favor!, necesito sentar a esos hombres y mujeres que escogí para caminar en esta vida, (esos no fueron a fuerza), ellos han andado conmigo desde hace años, hemos llorado y nos hemos abrazado con el alma en los momentos difíciles, las cosas han salido bien, hemos aprendido (a punta de “guamazos” muchas veces) y hemos madurado juntos. La distancia y el tiempo jamás me han separado de ellos, sillas para los responsables de las famosas frases: “jalas o te da miedo” y “nos vemos al rato”, mis amigos.

Necesito otras sillas más, porque tengo que sentar a esas personas que han cambiado mi vida, ya no duermo igual, nunca tengo tiempo para mí, parezco taxi todos los días. Hace tiempo que no como sin pensar en ellos, recordando cuando niños, y ahora grandes, agradezco infinitamente todo eso, porque he conocido el amor más grande que existe en este mundo, ellos son el motor de mi vida, mis hijos.

Disculpa señor pero necesito más sillas, y son para esas personitas que sin yo haber hecho nada, de repente cayeron del cielo, sin tener que pasar por un matrimonio, sin dolores de maternidad, y sin las penas del amor, llegaron como una herencia cuando menos lo esperaba, a llenar de amor mi hogar y mi vida, cuando los abrazo, estando ya dormidos abren un ojo y me dicen: “abu te amo mucho”; mi corazón estalla de felicidad como pan en el horno, esas personitas son mis nietos.

Por favor necesito una última silla, es para alguien muy especial, para ti, antes que nada, quiero pedirte perdón, perdón por siempre pensar en ti hasta el final, porque tú siempre me has acompañado, has reído y llorado conmigo, jamás me has abandonado, aguantas mis excesos de trabajo, de estrés, de desvelo, y aún así te levantas todos los días como nadie en este mundo para estar siempre conmigo.

Esta  silla  es para ti mi señor, mi Dios, mi padre, que a nadie amo más eres todo para mí.

¡Listo! Ahora sí nos podemos sentar a cenar, mi mesa está lista, ¡Gracias padre por haber puesto a cada uno de ellos en mi vida!

Me preguntaba a mí misma, Rocío, ¿Hoy donde pasarás la cena de fin de año?, mis hijos les toca cenar con la familia de sus esposos y es hermoso que lo hagan, porque ahí comienza el compartir. Yo tengo hermanos, somos muy unidos, tengo amigos, tengo otra familia, la de Los Planes de Alonso. Así que aún no lo sé porque no tengo invitación.

Me pongo a pensar en esas personas que tienen un enfermo en casa o en un hospital, ellos tal vez no celebrarán, o esa pareja de ancianos que son olvidados por sus hijos, y que tal vez no los visitarán, o esos hijos jóvenes que prefieren viajar o asistir a otras fiestas que ir a buscar a los abuelos olvidados, o al amigo que están olvidando, aquel amigo que está pasando situación difícil, ¿Cuántas sillas habrá en mi mesa?

No me siento sola, porque tengo una hoguera de amor para mí que me da mi padre Dios, así que no necesitaré silla, me sentaré en el suelo y esa hoguera que me brinda mi Dios con cada uno de mis seres queridos, sin importar que estén lejos, Dios la mantiene prendida.

Así que me sentaré en el suelo, tomaré un ponche preparado por mí, con amor para mí, platicaré con mi padre Dios, le compartiré mi año que termina, le diré con lo que no estuve de acuerdo, lo que no comprendí, lo que sí entendí y que a pesar de las veces que me caí, la lección aprendí.

Le diré a mi compañero de cena, a mi Dios, que estoy feliz porque tengo vida, porque muchos se quejaron de una u otra cosa, y yo soy feliz porque tengo dos grandes motivos; un día, el primero de Enero nació mi hijo Alonso y con ello, una lección de amor a mi vida, la segunda lección, es que soy feliz porque amo mi vida y amo a mi niña interior, Rocío, que está en mi corazón, que me ayuda a reír cuando lo deseo, a ser fuerte cuando caigo, y a llorar cuando lo necesito.

Gracias señor por un año más de vida, esa silla no la necesitaré, ya ya que tú me tienes cargada en tus brazos.

Bendice a todas las personas que leen mi columna y a mis seres amados, también a los que no me aman.

¡El amor no se puede definir, porque definir es limitar y el amor no tiene límites!

Dios por delante.

Feliz año 2020.

Rocío Martínez Preciado

Presidenta

Los Planes de Alonso AC

Cel. 4626058359

Correo: [email protected]