Ni MAS, ni menos… Ya ni PES ni PVEM

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La Pluma del Pueblo

Un voto por la “chiquillada”, como se conoce a los partidos pequeños, es un voto en contra de la madurez política de nuestro país. Es un voto para perpetuar a que los mismos grupos políticos reciban dinero de gobierno, sin que la ciudadanía reciba más pluralidad, pues únicamente se alían con los bloques fuertes.

Todos estos partidos pequeños, pocos de los cuales duran más que una década, son un desperdicio de recursos y sólo reciclan a figuras que ya transitaron por otros partidos, o lanzan a desconocidos que son manipulados por intereses oscuros.

Sin importar la preferencia del elector, si es de izquierda o derecha, lo importante este domingo es que opte por una alternativa real, por Morena, por el PAN y por el PRI, y no por comparsas que después se dedican a “vender caro su amor” a cambio de su adhesión. Estas figuras sin lealtad real solo desestabilizan cualquier proyecto de gobierno.

La estabilidad de las democracias depende en gran parte de la fuerza de las instituciones y estas incluyen, nos pese o no, de los partidos políticos, como canales para generar consensos y expresar la voluntad de las urnas. Por ello, lo más viable para los ciudadanos es apoyar a las propuestas más afines de partidos serios, y evitar la “chiquillada” de opciones menores que desaparecen al cabo de unos años y que sirven como fuente de ingresos para algunos políticos.

A diferencia de otras democracias, en México se ha optado por un sistema mixto que incluye tanto ganadores por mayorías, como por “representación proporcional”, para así darle voz a las minorías. Aunque se trata de un mecanismo con virtudes, también ha generado un sistema pluripartidista en donde muchas opciones, ideológicamente hablando, son duplicado de unas ya existentes, o algunas incluso carecen de identidad, recurriendo al más bajo populismo.

En el contexto quintanarroense, tenemos a partidos con fuerza y votantes, con ideas claras y una inclinación ideológica (del gusto de unos u otros votantes), pero también existe la famosa “chiquillada” que apenas suman un mínimo de apoyo, pero que venden caro esta escasa fuerza política como “fiel de la balanza”, obligando a partidos con apoyo a darles lugar a figuras con escasa trascendencia.

Igual que ocurrió con los candidatos “independientes”, que sonaban bien en teoría, pero que en la práctica derivó en aspirantes rechazados por partidos, de dudosos antecedentes, o que responden a intereses poco claro. Si llegan a ser electos, rápidamente se alinean con algún bloque e incluso acaban afilándose a algún partido. De igual forma, muchos de estos mini-partidos, de llegar al poder (por vía plurinominal, se entiende), también lo hacen con el afán de sumarse a algún bloque y “venderse caros”, pues llegan sin saberse si son de derecha o de izquierda o sin propuestas claras.

Otra particularidad de la democracia mexicana es que este sistema político es financiado con recursos públicos. Es un punto polémico que irrita a muchos ciudadanos, pero que sirve para evitar la influencia desmedida del empresariado, o incluso de poderes extranjeros, de favorecer a unos u otros candidatos con donativos para financiar las campañas (tal como ocurre en Estados Unidos, donde las industrias bancarias, farmacéuticas o armamentistas dictan las leyes y la política). Al mismo tiempo, este esquema permite un “modus vivendi” para gente que por años o décadas pueden dedicarse a postularse a diversos cargos, o al paso por distintas dirigencias, mantenido siempre por el gobierno.

Esta situación es especialmente visible en los partidos de la “chiquillada”, donde políticos rechazados de los partidos serios pueden entrar “de repechaje” y donde los dirigentes pueden eternizarse al tener instituciones pequeñas sin democracia interna. Incluso, pueden ir transitando de uno a otro de estos pequeños partidos, pues su tiempo de vida no pasa de una década.

Este último punto es uno de los principales que los ciudadanos deben tener en consideración. ¿Qué representación tienen quienes votaron por Nueva Alianza, el Partido Humanista, Encuentro Social u otras fuerzas políticas que han perdido su registro? En muchos casos, son votos corporativos, de diversos sindicatos o asociaciones, en donde se opta por estos institutos no por una convicción para mejorar al país, sino por un interés particular en que sigan subvencionando cierto proyecto o se conserve ciertos liderazgos.

En este panorama, lo mejor que puede hacer el mexicano es votar libremente, por la opción que mejor le parezca, pero de aquellos partidos que sí se disputan el poder, que sí tienen programas y principios. Ya sea Morena, PAN o PRI, pero no “rémoras” como el Pesqroo, PVEM o PT. Tampoco los partidos locales son una alternativa viable, muchos de sus aspirantes ya están declinando por alguno de los grandes, el resto lo hará pasado las elecciones.

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