Luis Valenciano, al servicio de la salud

LUIS VALENCIANO VIROLOGO FOTO. RAFA MARTIN

A lo largo de su carrera, el doctor Luis Valenciano Clavel (Madrid, 1936) se ha enfrentado a algunos de los virus que más dolor han causado al ser humano, como los de la polio y el sida. Como médico, en 1964 promovió una campaña piloto para introducir en España la vacuna oral contra la poliomielitis y ya entonces tuvo que enfrentarse “a los santones de la medicina, que decían que esa vacuna era peligrosísima”. El tiempo le dio la razón y con la vacunación masiva la poliomielitis desapareció en nuestro país.

Este logro le despejó el camino para la creación del Centro Nacional de Virología, en Majadahonda. “Estas son las dos cosas de las que me siento más orgulloso de mi carrera profesional”, asegura.

De aquí pasó al recién creado Ministerio de Sanidad (1977), donde ocupó diversos cargos, desde director general de Salud Pública (1979 a 1982), hasta subsecretario de Sanidad (1981), a las órdenes de cuatro ministros diferentes. Y eso que “no pertenecí al partido. Los chicos de la UCD eran tan buenos que nunca me preguntaron si estaba afiliado. Yo colaboré muy gustoso, pero no quería disciplina de partido”.

En 1981 surgió la neumonía atípica (síndrome tóxico por el aceite de colza), y nuevamente discrepó con sus superiores (Jesús Sancho Rof era el ministro de Sanidad) porque “yo mantenía que estábamos ante una enfermedad nueva y desconocida y que no debíamos decir a la población que se estaba empezando a controlar. No conseguí convencer a todos de que debíamos ser prudentes con los mensajes”, recuerda con cierto pesar.

Meses después se dectectaron en Estados Unidos los primeros casos de otra enfermedad desconocida que comenzó a propagarse con rapidez por todo el mundo, cuyo culpable, el VIH fue desenmascarado en 1984. En esta ocasión, a Valenciano le cogió siendo director científico de Wellcome España, el laboratorio que desarrolló el AZT, el primer fármaco contra el sida. No era una solución, “pero fue lo único que hubo durante años”. Ha pasado mucho tiempo y ahora existen esperanzas fundadas de que la enfermedad se podrá curar en el futuro.

Hasta hace dos años ha sido presidente del consejo científico asesor de la Fundación Salud 2000 (patrocinada por Merck), cargo que dejó para jubilarse. También es miembro del consejo asesor de la Fundación Valenciana de Estudiso Avanzados, que concede los Premios Jaime I (de los que forma parte del jurado). “Estoy jubilado, pero sigo en activo. Creo que la actividad es imprescindible y es una necesidad mantenerse informado y en contacto con la sociedad y los problemas, porque si uno se tiene que inventar las cosas, no se las cree”.

Y conocer los problemas le lleva a confesar que “si pienso en mis hijas y mis nietos veo un futuro muy preocupante. Aparte de lo familiar, también observo con pesimismo el desarrollo de la investigación en España porque muchas de las personas que se pierden no son recuperables”.

Teatro político
Los momentos históricos protagonizados por Luis Valenciano no le han dado la fama que tiene su primogénita, Elena (vicesecretaria general del PSOE), con la que mantiene “una relación extraordinaria”, aunque “yo no soy votante del PSOE. Nunca he sido de ningún partido”, insiste. El amor paterno hace que “me preocupe por ella, por el mundo en el que está y las cosas que pasan en política. Las ideas son perfectamente defendibles, otra cosa es la agresividad que tienen en ocasiones todos los partidos. Como padre, hay veces que me duele que se metan con ella”.

Con todo, recurre a su actitud vitalista y su experiencia para comprender esos ataques: “Sé que hay mucho teatro. En nuestros tiempos, Ciriaco de Vicente nos amenazaba en los plenos con las penas del infierno, pero después mantenía una relación muy buena con mi ministro, Manuel Núñez”.

Fuente: El Expanción

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