
Carrera espacial: militarización y riesgo nuclear en órbita
Una física especializada en seguridad global advierte que la militarización del espacio avanza sin regulación efectiva ni conocimiento público.
El espacio exterior se ha convertido en uno de los escenarios más tensos de la geopolítica contemporánea. La militarización del espacio avanza a un ritmo que supera con creces el debate público y los marcos regulatorios existentes, según advierte la física Laura Grego, directora de investigación del programa de Seguridad Global de la Unión de Científicos Preocupados, una organización fundada en plena guerra de Vietnam por académicos inconformes con el uso bélico de la ciencia.
Grego señala que la experiencia cotidiana de la humanidad con el espacio está a punto de transformarse. Proyectos como el de SpaceX —que ya solicitó ante reguladores federales permiso para lanzar hasta un millón de satélites— cambiarán radicalmente lo que los seres humanos ven cuando miran el cielo nocturno. Decenas de miles de nuevos objetos en órbita modificarán esa relación ancestral con las estrellas.
El espacio, zona militar desde el principio
Aunque el imaginario colectivo asocia el cosmos con la exploración científica, Grego recuerda que el espacio siempre ha tenido una dimensión militar. El primer satélite artificial, el Sputnik 1, lanzado en 1957, era en esencia una declaración geopolítica sobre superioridad tecnológica. Más importante aún, la tecnología que lo llevó al espacio —un cohete lanzador— es prácticamente idéntica a la de un misil balístico intercontinental capaz de transportar una ojiva nuclear de un continente a otro en menos de treinta minutos.
El Tratado del Espacio Exterior de 1967, suscrito por casi todos los países, prohíbe estacionar armas nucleares en órbita y reclamar la propiedad de cuerpos celestes. Sin embargo, el acuerdo guarda silencio sobre el tránsito de armamento a través del espacio o su colocación en órbita temporal, un vacío legal que ninguna potencia ha prisa por cerrar.
Satélites vulnerables y nuevas formas de ataque
El problema no se limita a los misiles. Los satélites se han vuelto el eje vertebral de los ejércitos modernos: proveen comunicaciones de largo alcance, sistemas de navegación y blanqueo, evaluación de batallas y hasta el control de drones de combate. Esa dependencia los convierte en blancos sumamente atractivos y, hasta ahora, escasamente protegidos.
Las formas de ataque van desde el bloqueo de señales y la suplantación de datos hasta la aproximación física entre naves en órbita para dañar o inutilizar un satélite rival sin necesidad de destruirlo. Ningún país ha derribado intencionalmente el satélite de otro hasta ahora, pero varias potencias espaciales —que coinciden en ser también potencias nucleares— ya prueban activamente armamento con esa capacidad.
La vulnerabilidad no es solo militar. La economía global depende de los satélites para la aviación, la logística, los servicios de navegación y las telecomunicaciones. Ataques de interferencia o cibernéticos a esa infraestructura tendrían consecuencias civiles de enorme magnitud. Grego insiste en que el conocimiento público sobre estos riesgos debe ponerse al día antes de que las decisiones más críticas ya estén tomadas.
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Fuente: The Guardian Science


