
Promueven en Puebla el Día del mole, una de las grandes delicias mexicanas
Promueven en Puebla el Día del mole, una de las grandes delicias mexicanas. El 7 de octubre se festeja a este platillo emblemático.
Hay platillos que simplemente se comen y otros que cuentan una historia. El mole poblano pertenece a los segundos. Su combinación de chiles, semillas, especias, frutos secos, chocolate y otros ingredientes representa uno de los mayores exponentes de la cocina mexicana y, al mismo tiempo, sostiene una cadena de valor que comienza en el campo y llega hasta las cocinas tradicionales, restaurantes y experiencias turísticas.
En el marco del Día del Mole, que se conmemora cada 7 de octubre en México, el estado dio inicio a la temporada turística con una comida homenaje denominada “Entre sabores y grandeza”, celebrada el 6 de octubre en San Pedro Museo de Arte. El encuentro reunió a autoridades, cocineras tradicionales, artesanos y productores para reconocer el valor cultural de una preparación que ha trascendido generaciones.
La secretaria de Desarrollo Turístico de Puebla, Carla López-Malo Villalón, destacó que el mole poblano reúne más de 20 ingredientes, entre elementos dulces y salados, aunque su riqueza va mucho más allá de la receta.

“Hoy el turismo en Puebla tiene un rostro diferente, y es un rostro humano”, afirmó, al subrayar el papel de las personas que conservan estos conocimientos.
Por otro lado, para Lázara Pérez Silva, cocinera tradicional de Huauchinango, el mole es también memoria. Durante el encuentro explicó que representa “siglos de historia, el encuentro de dos culturas y la herencia de los pueblos originarios”.
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La cocinera recordó además que la palabra mole proviene del náhuatl y hace referencia a una salsa o mezcla, mientras que sus raíces se encuentran en preparaciones prehispánicas que posteriormente incorporaron elementos de otras culturas.
EL MOLE, MUCHAS IDENTIDADES
El mole no es exclusivo de Puebla. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, en México existen alrededor de 50 variedades, con recetas que cambian según los ingredientes disponibles, las técnicas y las tradiciones de cada región. Oaxaca, por ejemplo, reconoce siete grandes expresiones: negro, rojo, amarillo, coloradito, verde, chichilo y manchamanteles.
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También existen preparaciones emblemáticas en otros estados, como el mole rosa de Taxco, Guerrero, el mole verde de Michoacán y distintas variedades en Veracruz. Esta diversidad convierte al mole mexicano en un mapa gastronómico de sabores regionales: una misma palabra reúne recetas que pueden ser muy diferentes entre sí, pero que comparten una profunda relación con el territorio y la memoria culinaria.
En el caso del mole poblano, su composición es además una muestra del mestizaje de la cocina mexicana. El Sistema de Información Cultural identifica entre sus ingredientes tradicionales variedades de chile, chocolate, tortilla de maíz, jitomate, ajonjolí, almendras, especias, plátano, galletas y productos incorporados a través de distintos intercambios culturales.
DEL FOGÓN AL TURISMO
Las autoridades turísticas hablan de la temporada del mole poblano que representa una oportunidad económica para productores, cocineras tradicionales, restaurantes, hoteles, artesanos y otros prestadores de servicios.
Durante el homenaje participaron representantes de sectores como la producción de sidra, berries y miel, evidenciando la diversidad de actividades que confluyen alrededor de la gastronomía poblana.
Esta apuesta adquiere mayor relevancia ante la preparación de Puebla para recibir el Tianguis Turístico del 9 al 12 de mayo de 2027. Durante el evento, el gobernador Alejandro Armenta Mier destacó además que la entidad pasó de seis a 20 vuelos nacionales e internacionales, con conexiones hacia ciudades como Chicago, Newark, Nueva York, Los Ángeles y Houston, una mayor conectividad que busca facilitar la llegada de visitantes interesados en su oferta turística y gastronómica.
Así, el inicio de la temporada anunciada por las autoridades representa no solo una celebración culinaria. También pone en la mesa el trabajo de quienes cultivan sus ingredientes, conservan sus recetas y mantienen vivos los saberes de sus comunidades. Cada plato servido vuelve a contar una historia; la de Puebla, pero también la de un México que encontró en el mole una de sus formas más profundas de hablarle al mundo.
Sin embargo, cabe resaltar que en realidad la temporada del mole en Puebla existe todo el año. En sus calles, en fondas, restaurantes y fiestas patronales se elabora prácticamente a diario. No requiere un día ni una celebración especial. Cada familia, cada ama de casa, cada cocinera, tiene su proía receta y su toque especial.
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