
El hongo alucinógeno que provoca visiones de gente diminuta
Una especie comestible de China genera alucinaciones de personajes de dos centímetros durante días, y su sustancia activa aún es un misterio científico.
En la provincia de Yunnan, en el sur de China, crece un hongo que combina dos características poco comunes: sabor exquisito y efectos alucinógenos intensos. Se trata del Lanmaoa asiatica, una especie del grupo de los boletos que vive en asociación simbiótica con pinos y que es ampliamente consumida en esa región, aunque con consecuencias que pueden sorprender a quienes no lo conocen.
Visiones de personas diminutas, un efecto que dura días
Quienes ingieren el Lanmaoa asiatica sin prepararlo adecuadamente reportan alucinaciones muy específicas: visualizan personas de aproximadamente dos centímetros de altura, vestidas con ropa de colores llamativos, que corren, saltan y trepan en entornos completamente cotidianos. Lo particular del fenómeno es que estas visiones no duran horas, sino que pueden prolongarse durante varios días.
A diferencia de los llamados hongos mágicos del género Psilocybe —cuyo efecto alucinógeno proviene de la psilocibina y se extiende por algunas horas—, el Lanmaoa asiatica no tiene ningún parentesco con esas especies. Además, las alucinaciones que produce son notablemente consistentes: casi siempre involucran esas mismas figuras pequeñas.
La sustancia activa sigue sin identificarse
Hasta ahora, la comunidad científica desconoce cuál es el compuesto químico responsable de estos efectos. Un investigador de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, trabaja actualmente en identificar dicha sustancia, pero los resultados aún no han sido publicados.
Lo que sí se sabe es que el alucinógeno puede eliminarse con cocción: preparar el hongo durante al menos 15 minutos antes de consumirlo neutraliza el compuesto y lo hace seguro para comer.
En cuanto a su distribución geográfica, el Lanmaoa asiatica tiene una presencia muy limitada en el mundo. Además de la provincia de Yunnan, únicamente se ha registrado en un segundo sitio: Filipinas. Esta distribución restringida lo convierte también en objeto de interés para biólogos y micólogos que estudian la biodiversidad fúngica de Asia y el Pacífico.
El caso ilustra cómo especies comestibles y apreciadas gastronómicamente pueden contener compuestos bioactivos aún no descritos por la ciencia, lo que subraya la importancia de continuar investigando la micología más allá de las especies ya conocidas.
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Fuente: The Guardian Science


