
Hibernación humana: la clave para viajar a Marte
Científicos buscan reproducir en humanos la biología que permite a los animales sobrevivir meses sin comer ni beber para hacer viable el viaje al espacio profundo.
El viaje espacial prolongado representa una amenaza seria para la salud humana. La exposición a niveles elevados de radiación, el deterioro muscular y óseo provocado por la microgravedad, y el impacto psicológico de vivir confinado durante meses son obstáculos que la ciencia aún no ha logrado resolver del todo. Sin embargo, un grupo creciente de investigadores cree haber encontrado una pista de 250 millones de años de antigüedad: la hibernación.
Los animales que hibernan reducen casi por completo sus funciones corporales. No comen, no beben, no se mueven, y tampoco sienten hambre, sed ni frío. Esta capacidad, presente en mamíferos, aves y peces, podría ser la base para desarrollar lo que los científicos llaman torpor sintético en humanos: un estado de desactivación metabólica inducida artificialmente.
Por qué la hibernación protegería a los astronautas
Durante la hibernación, los animales disminuyen su actividad metabólica, consumen menos oxígeno y compactan sus cadenas de ADN, lo que los protege contra el daño por radiación. Además, sus organismos desarrollan mecanismos de reparación genética muy eficientes. En el contexto de un viaje a Marte, donde no existe escudo atmosférico contra las partículas ionizantes, esta protección sería fundamental.
Además de mitigar los efectos de la radiación, el torpor reduciría la pérdida de masa muscular y ósea, disminuiría el desgaste psicológico del confinamiento y recortaría significativamente la cantidad de alimentos y agua necesarios para la misión, lo que aligera la carga del vehículo espacial y podría acortar los tiempos de viaje.
La investigadora Elena Gracheva, de la Universidad de Yale, estudia ardillas de tierra de trece líneas que llegan a sobrevivir hasta ocho meses sin beber agua. Su trabajo ha identificado una región cerebral llamada órgano subfornical que parece regular la supresión de la sed, y que también existe en los humanos, lo que abre la puerta a eventuales aplicaciones clínicas.
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De los animales a los humanos: los métodos en exploración
La bioquímica Kelly Drew, investigadora de la Universidad de Alaska financiada por la NASA, lleva más de dos décadas estudiando cómo las ardillas árticas protegen su cerebro, corazón y músculos a temperaturas bajo cero. Sus hallazgos sugieren que la clave está en la forma en que ciertas proteínas musculares modifican su uso de energía durante el frío extremo.
Hasta ahora, la mayoría de los experimentos para inducir torpor en animales han requerido cirugía cerebral, lo cual no es viable para su aplicación masiva en astronautas. Por eso, desde 2023, varios equipos científicos —entre ellos uno de la Universidad de Washington en San Luis— exploran el uso de ultrasonido, una técnica no invasiva, para desencadenar este estado en organismos vivos.
Christiane Hahn, responsable de investigación en biología espacial de la Agencia Espacial Europea, califica esta línea de trabajo como prometedora y señala que podría transformar por completo el futuro de la exploración espacial de larga duración.
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Fuente: The Guardian Science


