El vientre de mi madre

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Rocío Martínez Preciado

Sabes, te compartiré algo, hoy me siento triste, cansada, molesta, un poco enferma y tengo muchas cosas por hacer del trabajo. Así que decidí hacer lo siguiente:
Entre a mi recamara, me recosté en la cama,  no me importó que fuera de día, cerré la puerta y las cortina para que no pasara la luz; al cerrar mis ojos comencé a respirar lento pausado y prendí el control de mi cabeza, mi cerebro comenzó a recordar cuando yo estaba dentro del vientre de mi madre, o al menos me lo imagino.
El deseo de dejar a un lado toda la tensión y preocupación que desea lastimar e interrumpir mi paz; no lo iba a permitir así que seguí con mi descanso, el silencio y oscuridad de mi cuarto invitaron a mi mente y cuerpo a buscar ese rincón, ¡Tan excepcional y hermoso como el vientre de mi madre!, me imaginé escuchando sus latidos del corazón, hablándome, como una canción, transmitiéndome armonía y luz aun dentro de su vientre.
Imaginé cómo sus venas recorrían su cuerpo, unidos como una red que atrapaba al mío, haciéndome sentir esa caricia de su sangre con la mía, y esa dulzura, la tibieza de sus manos cuando acariciaba su vientre, me acariciaba, yo me movía feliz dentro de ella, como respondiendo a sus caricias y al mismo tiempo le dibujaba una sonrisa.
Sigo acostada, con mis ojos cerrados, mi respiración continua lenta y mi cuerpo se vuelve diminuto al seguir imaginándome dentro de ese nido de amor maternal.
¡Qué silencio!, ¡Qué paz!, ¡Qué amor!, ¡Qué luz!, porque aunque sea oscuridad, mi madre me da su luz e ilumina mi vida que está formándose, no existe días, no existen noches, no existe el frío ni el calor, estoy en lo más infinitamente reconfortable que existe, ¡El vientre de mi madre!
Continuo acurrucada en mi cama, doblo mis piernas, mis brazos y pongo las manos bajo mi mejilla, sigo imaginándome esa quietud, en la sintonía de amor entre mi madre y yo; la ilusión de ella por esa nueva vida que lleva dentro me hace sonreír; me endulza el alma imaginar a ella lo que pensará por mí.
Mamá, en estos momentos de mi vida soy adulta, soy madre y abuela, confieso que necesite meterme en tu vientre para olvidar días, días pesados, mi carga de trabajo, mis dificultades y cansancio; corrí, corrí como niña en mi imaginación a jugar a las escondidas y buscar un refugio, que fue tu vientre.
Mamá, te amo y cada día que pasa de mi vida te amo más y más. Te fuiste cuando yo tenía trece años, siendo aun una niña, pero me enseñaste a luchar por mis sueños, a enfrentar retos y reconocer el amor al prójimo, por eso hoy, no necesito un psicólogo, una amiga para que me escuche, o un compañero, no, hoy sólo necesité el calor de tu regazo, y esa calidez que ni la muerte, ni los años que han pasado, los han podido borrar.
Gracias madre María Elena por seguir siendo mi refugio, gracias por ser mi luz aun cuando a veces vea oscuro por los obstáculos, porque cada vez que me sienta como hoy, jugaré a volverme niña, volveré a jugar a las escondidas para encontrarnos de nuevo y llenarme de tu paz.
Dios mío te amo y nunca dejaré de agradecerte por mi vida, por ese vientre de mi madre que me dio lecciones, y donde no existe la obscuridad cuando se vive con fe, no existe el temor ni la duda cuando uno en sí mismo encuentra la confianza, no existe la derrota cuando uno comprende que fue una lección y un aprendizaje para avanzar más como ser humano.
Estimado lector, nunca estés solo, busca, cuando lo necesites, refugiarte en el vientre de tu madre.
Dios por delante.
Rocío Martínez Preciado.
Presidenta
Los Planes de Alonso.
Cel. 4626058359

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