Es tu problema, no el mío

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Rocío Martínez Preciado

Esa se ha convertido en mi frase favorita, y no se trata de unas palabras para liberarme  cuando la he pasado mal por equivocarme, o como cuando un joven se porta mal en la escuela, o cuando no obedece a sus padres y cae en problemas de mala conducta. Esas palabras podrían decirle sus padres o maestros, “te portaste mal, asume las consecuencias, es tu problema”.
Efectivamente esa sería la corrección adecuada a un niño o a un joven, incluso a un empleado que se ha equivocado en su conducta, ¡Es tu problema, no el mío!

Esa frase, mi frase consentida la pronuncié cuando escuchando mi corazón, acababa de tener una mala noticia de mi neurólogo en hospital, lo que me dijo me había impactado, me sumió, me abatió. Sentí que la vida se me terminaría, pronto mi refugio fue, mi recámara y mi silencio interior, luego, mi compañera tristeza junto con el desánimo y el temor, también se integraron a la reunión. Fueron dos días de reunión con ellos en mi recámara metida en la cama. Cuando de repente, ¡Llego una hermosa señora llamada Fe!, ella se metió en mi corazón y me sacudió por completo diciéndome: “Rocío despierta estoy aquí”.
La señora Fe me presentó a su compañera llamada Esperanza, las tres charlamos durante horas y entonces comprendí lo maravilloso de la vida, me levante de la cama, me bañé, me arreglé bonita y salí a buscar a mi antiguo neurólogo, el que siempre me ha chequeado de mi epilepsia, pero antes de salir de mi refugio que era la recámara, me acerque al Cristo empotrado en mi pared con toda la seguridad y confianza, que creo nunca había tenido en mi vida, y sobre todo fe, le dije en voz alta, con amor dirigiéndome a mi Dios, señalándolo con mi mano en alto, ¿Sabes qué Dios?, ¡Es tu problema, no el mío! Al decirle eso, sonreí y sentí de repente, como ese peso que cargaba se aligeraba.
Aún lo recuerdo y me emociona tanto.
Fui con mi neurólogo, me dio el diagnóstico un poco menos terrible que el primero, el del hospital, y con el cariño que tenía hacia mi persona, me hizo las recomendaciones pertinentes, sugiriéndome que me cuidara más, porque que siempre me dejo al último.
Luego comprendí que tuve una lección hermosa, preciosa, llena de luz cuando más lo necesitaba. Gracias espíritu santo por haberme dado esa luz de entendimiento, que cuando uno realmente tiene la confianza de un niño, todo se dará por añadidura.
Mi vida sigue con retos, con sueños, con planes, con desafíos; pero, la lección quedó dentro de mi corazón y se la recuerdo a mi cerebro cada vez que lo necesito, ¡Señor, es tu problema, no el mío!
También soy  presidenta de la asociación “Grupo reto Irapuato”, donde me reúno con señoras que padecen cáncer, por lo que ayer aprendí una gran lección de Lupita, que ayer me escribió este mensaje mientras recibía su quimioterapia:
Hoy, estoy sentada en esta sala fría con la esperanza de vivir muchos años mas, con la fe puesta en mi creador, rodeada de olor a alcohol, jeringas, sueros, químicos, pero también de personas con uniformes blancos dándonos su tiempo y conocimiento, regalándonos una sonrisa que tranquiliza el alma.
Sólo puedo pensar que mañana todo estará bien, y aun cuando no lo estuviera, no tengo miedo, porque afrontar nuestra muerte es… parte de la vida.
Esta vida que se me concedió para disfrutarla, lo cual lo he hecho al máximo, donde Dios me ha dado regalos tan maravillosos como los que hoy disfruto; mis hijos, mi marido, mi trabajo, mi estadía en este lugar. Hoy estoy tranquila, hoy solo estoy recibiendo esperanza de vida, donde mis células se preparan a luchar esta batalla, en la que mi cuerpo tendrá que responder favorablemente a este tratamiento, por que él sabe que lo amo, que cada célula que mora dentro de mí, me hace inmensamente feliz y estoy dispuesta junto con ellas a librar esta batalla.
El cáncer no está malo como se cree, no es tan desastroso como lo vemos, el cáncer es una enseñanza, un aprendizaje que nos viene a confirmar cómo amar la vida, cómo debemos perdonar al que nos hizo daño, cómo debemos olvidar todo lo que nos causa insatisfacciones, preocupaciones, hastío, rabia, odio, infinidad de emociones negativas. Hoy yo, Lupe, lucho por mi vida porque amo la vida y esta es sólo una.
¡Sorprendente!, escuchar a mi prójimo envuelto en tanto amor de Dios, son lecciones a mi vida. Al instante le respondí su mensaje con estas palabras:
Lupita, eres tan admirable y tus palabras son de Dios que mora en ti, cuando sientas de repente algún malestar provocado por el tratamiento o alguna noticia, sólo levanta tu cara al cielo y dile a Dios, ¡Señor, es tu problema, no el mío!, esa fe en Dios pronto tendrá su respuesta, abrazos preciosa mujer.
En este mes de Octubre se dedica al cáncer de la mujer, yo lo llamaría de otra manera, es un mes donde todas las hermosas mujeres, hijas de María, sacan enseguida la llama de amor de Dios cuando el cáncer ha llegado a lastimar. Ese fuego que arde con tanta intensidad, llega a pulir a cada una de esas guerreras de la vida, destacando su brillo hermoso, el cual es imposible dejar de percibirlo, ellas dejan a su paso huellas imborrables de que el amor de Dios existe.
Señor te diré una vez más, que cada piedra que se atraviese en mi camino, no le temeré, porque con el corazón en la mano y con la otra señalándote como lo hiciera un niño, te diré con toda confianza, ¡Es tu problema, no el mío.
Posdata: Te amo Dios
Dios por delante.
Rocío Martínez Preciado
Presidenta
Los Planes de Alonso.
Cel. 4626058359

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