
Cuando el oportunismo se cuelga de causas legítimas
Servicio de agua potable: ciudadanos cuestionan a políticos que instrumentalizan un tema que afecta miles de hogares, exigiendo soluciones concretas sobre in...
Hay causas que no necesitan reflectores porque ya tienen que ver con algo mucho más poderoso: la vida diaria de miles de personas. Y el servicio de agua potable es una de ellas.
Todos conocemos a alguien que ha tenido problemas con el suministro, con un cobro que considera injusto o con una fuga que tardó en atenderse. Son situaciones que generan molestia legítima. Nadie necesita convencer a la ciudadanía de que el servicio de agua importa; basta con abrir la llave para entender por qué es un tema tan sensible.
El agua no necesita campañas políticas
Por eso resulta inevitable hacerse una pregunta cuando aparecen ciertos personajes encabezando protestas, convocando a manifestaciones o convirtiéndose, de pronto, en los nuevos defensores de una causa que lleva años existiendo.
¿De verdad buscan resolver el problema... o simplemente buscan un escenario? La diferencia parece pequeña, pero no lo es.
Quien quiere solucionar un conflicto suele llegar con información, propuestas, seguimiento y disposición para acompañar a los ciudadanos incluso cuando ya no hay cámaras. Quien sólo busca construir una candidatura necesita otra cosa: fotografías, transmisiones en vivo, discursos incendiarios y, sobre todo, un enemigo permanente.
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Es una fórmula conocida. Se toma un tema que genera indignación o polémica, se simplifica hasta convertirlo en una consigna y se presenta como si todo dependiera de una sola persona. Mientras más enojo despierte, mejor funciona la estrategia. Porque el objetivo no siempre es resolver; muchas veces es posicionarse rumbo al siguiente proceso electoral.
Un debate con matices
Eso no significa que empresas o autoridades no sean cuestionadas. Al contrario, la ciudadanía tiene derecho a exigir eficiencia, transparencia, tarifas claras y una atención oportuna cuando surgen problemas.
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Pero también vale la pena reconocer que la realidad suele ser más compleja que un discurso de buenos y malos. La concesionaria del agua ha realizado inversiones en infraestructura, trabajos de mantenimiento, reparación de fugas y ampliación de redes que benefician a miles de usuarios.
¿Es suficiente? Para muchos, no. ¿Hay aspectos por mejorar? Sin duda, pero reducir un tema tan amplio a la idea de que todo funciona mal tampoco ayuda a encontrar soluciones. Cuando el debate pierde los matices, se acaba también la posibilidad de construir.
La causa no puede quedar en segundo plano
Lo preocupante es que, en ese proceso, la discusión deja de girar alrededor del servicio de agua que reciben los ciudadanos y se centra en quienes aparecen frente al micrófono. La causa pasa a segundo plano y eso debería preocuparnos.
La ciudadanía merece un debate serio sobre cómo fortalecer la infraestructura hidráulica, garantizar el abasto, exigir inversiones y mejorar la atención a los usuarios. No necesita que cada inconformidad se convierta en el capítulo más reciente de una campaña adelantada.
También vale la pena preguntarnos algo como ciudadanos. ¿Estamos apoyando una causa o simplemente ayudando a impulsar la imagen de alguien? Hay una pista bastante útil: cuando termina la manifestación y se apagan las cámaras, ¿esa persona sigue trabajando por el tema o desaparece hasta la siguiente oportunidad?
Las causas auténticas sobreviven a las elecciones. Las campañas, en cambio, suelen cambiar de bandera según lo que marquen las encuestas. El servicio de agua seguirá siendo una necesidad cotidiana cuando pasen las campañas, cuando cambien los candidatos y cuando aparezcan nuevos aspirantes prometiendo ser la voz de la ciudadanía.
Ojalá para entonces también hayamos aprendido a distinguir entre quienes buscan resolver un problema y quienes simplemente encontraron en él la plataforma perfecta para promocionarse. Porque el agua merece soluciones; los ciudadanos, resultados; y la política, un poco menos de oportunismo.
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