
Restauración de manglares: comunidad revive ciénega
Habitantes de Yobaín llevan décadas recuperando el ecosistema de manglar dañado por huracanes, con apoyo académico e internacional.
En la localidad de Chabihau, perteneciente al municipio de Yobaín en el litoral norte de Yucatán, hombres y mujeres comparten con orgullo la historia de cómo su comunidad ha logrado recuperar el ecosistema de manglar de su ciénega, dañado por el paso de dos huracanes en las últimas décadas del siglo XX.
Décadas de trabajo comunitario en la restauración de manglares
La ciénega forma parte de la Reserva Estatal Ciénegas y Manglares de la Costa Norte de Yucatán, un ecosistema que resultó severamente afectado por los huracanes Gilberto, en 1988, e Isidoro, en 2002. La restauración de manglares arrancó en 1999, impulsada inicialmente por un grupo de aproximadamente 100 mujeres que contaron con el respaldo de investigadores académicos y organismos internacionales.
Con el paso de los años, algunas de esas mujeres han continuado el trabajo junto a sus hijos, quienes aportan nuevas ideas, y con la participación activa de pescadores de la zona. La principal solución técnica que permitió el repoblamiento del mangle fue diseñada y aplicada por los propios habitantes, según señalan funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán.
El proceso incluyó la limpieza de manantiales, lo que permitió que el nivel topográfico del terreno se elevara y que las plantas encontraran condiciones favorables para crecer sin ahogarse. Tras cinco años de plantación intensiva, el ecosistema comenzó a mostrar signos de recuperación, con árboles de distintas edades y tamaños que se integraron de manera natural o mediante siembra intencional.
El manglar, clave para la economía y la biodiversidad local
El ecosistema cumple una función estratégica para la economía de Chabihau, cuya vocación es principalmente pesquera. En la ciénega se reproducen el camarón y diversas especies de peces, y también se cultiva la llamada "Chivita", un caracol endémico de la zona.
Durante la temporada de nortes, cuando las condiciones climáticas impiden la pesca en mar abierto, la ciénega se convierte en el sustento de familias que dependen del ingreso diario. Según los especialistas, el aprovechamiento de este espacio durante esas semanas permite a los habitantes capear el periodo crítico sin comprometer el futuro del ecosistema.
Luego de casi tres décadas de esfuerzo sostenido, el sitio ha adquirido relevancia también en términos de biodiversidad: alberga una gran variedad de aves, venados y otros animales que llegan atraídos por el agua dulce. Especialistas consideran que el lugar tiene potencial para desarrollar un turismo científico de observación de aves.
Los recursos de la iniciativa Herencia Maya, que combinará inversión privada con fondos del Gobierno de Yucatán para fortalecer el manejo de once áreas naturales protegidas en la entidad, podrían reforzar el trabajo de conservación ya iniciado en la comunidad. Para quienes impulsan estas acciones, la clave está en que la conservación ambiental vaya siempre de la mano del bienestar económico de la población local.
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Fuente: Luces del Siglo


