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Imagen ilustrativa · Bandera nacional (dominio público)

Berlín acoge un festival que reivindica la burocracia creativa como pilar de la democracia

La novena edición del evento reunió a funcionarios públicos innovadores que debaten cómo modernizar el Estado sin perder el factor humano.

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Lumenia Díaz·
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En el barrio berlinés de Kreuzberg, conocido por su ambiente alternativo, un recinto habitual de conciertos se convirtió esta semana en el escenario del Festival de la Burocracia Creativa, que llegó a su novena edición con la premisa de que el servicio público puede —y debe— reinventarse. El evento se autodefine como el mayor encuentro mundial dedicado a la innovación dentro de la administración gubernamental.

La paradoja no pasa desapercibida: Alemania, y Berlín en particular, cargan con la reputación de tener una burocracia lenta y con escasos recursos. Sin embargo, el ambiente del festival fue deliberadamente optimista, con talleres sobre empatía en la gestión pública, jardines con música en vivo y distintivos de «Burócrata Creativo» que los asistentes portaban como insignia de identidad.

Una de las voces centrales fue la de Theresa Twachtmann, directora ejecutiva de PD, consultora interna del sector público alemán. Subrayó que muchos de los participantes habrían podido optar por empleos mejor remunerados en el sector privado, pero eligieron contribuir a la administración pública por convicción. Para ella, contar con una burocracia que funcione no es un detalle menor: carreteras transitables, puentes seguros, escuelas construidas a tiempo y trámites digitales accesibles son, en su lectura, los cimientos concretos de la confianza ciudadana en la democracia.

Entre los casos presentados destacó el del alcalde de Calw, una ciudad al sur de Alemania, quien relató cómo la jubilación masiva de un tercio de su plantilla lo obligó a digitalizar procesos y reorganizar espacios de trabajo. El ayuntamiento adoptó una dinámica similar a la de los espacios de coworking y recibió solicitudes de asesoría de otras administraciones locales. El funcionario advirtió que la percepción de un Estado que no opera bien genera un daño real sobre la credibilidad democrática.

El festival también tocó las limitaciones de los grandes anuncios reformistas. Twachtmann describió un fenómeno que llamó «atasco reformista», en el que los gobiernos impulsan simultáneamente múltiples transformaciones —digitalización, infraestructura, eficiencia fiscal— sin que los ciudadanos perciban mejoras inmediatas. Palabras como «reforma» o «sostenibilidad» han acumulado, según ella, connotaciones negativas entre la población.

En materia tecnológica, el director de datos del gobierno de Estonia expuso los beneficios de incorporar inteligencia artificial a los procesos administrativos. No obstante, Twachtmann fue enfática en señalar que digitalizar no equivale automáticamente a mejorar: un proceso deficiente sigue siéndolo aunque se traslade a una plataforma en línea, y la ausencia de contacto humano puede alienar a los ciudadanos.

Una de las propuestas más sencillas, pero que generó atención, provino de un instituto neerlandés que desarrolló un método centrado en escuchar directamente a personas en situación de vulnerabilidad para ayudarlas a navegar la burocracia estatal. El modelo ya opera en alrededor de cien municipios de los Países Bajos.

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Fuente: DW Español

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