
El Estrecho de Ormuz: minas, marineros atrapados y un bloqueo que cumple tres meses sin solución
Han transcurrido tres meses desde que el Estrecho de Ormuz quedó militarmente bloqueado, y la situación dista mucho de resolverse. Petroleros, cargueros y graneleros permanecen inmovilizados dentro del Golfo Pérsico a la espera de poder salir, mientras otras embarcaciones aguardan en el Golfo de Omán para entrar. Los escasos buques que lograban cruzar con autorización iraní ya no pueden hacerlo: la marina de Estados Unidos los obliga a retroceder.
El ambiente en la zona oscila entre la tregua y el conflicto abierto. En las últimas horas, fuerzas de ambos países volvieron a intercambiar fuego en el estratégico paso marítimo. Irán reportó haber repelido aeronaves estadounidenses que habrían ingresado a su espacio aéreo, en tanto que Washington informó haber atacado embarcaciones militares iraníes en el estrecho. Aunque existen acercamientos diplomáticos en algunos puntos, como activos congelados y material radiactivo, la reapertura total podría tomar semanas o incluso meses.
Uno de los principales obstáculos para reanudar la navegación normal son las minas submarinas. Fuerzas armadas británicas confirmaron que Irán habría sembrado el estrecho con estos artefactos en al menos tres ocasiones. La Agencia Internacional de la Energía advirtió que los dragaminas de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania requerirían varias semanas solo para desplegarse en la zona. Esta realidad mantiene las primas de seguros marítimos en niveles históricamente elevados, lo que complica aún más la reactivación comercial.
Detrás de las cifras económicas hay una crisis humana que la Organización Marítima Internacional de la ONU calificó como «sin precedentes». Aproximadamente 20,000 marineros se encuentran retenidos a bordo de alrededor de 1,500 buques varados desde febrero. Las condiciones a bordo se deterioran progresivamente: retrasos en salarios, escasez de agua potable, racionamiento de alimentos y desgaste psicológico en tripulaciones integradas mayoritariamente por trabajadores de Pakistán, India, Bangladés y Egipto. Algunos marineros han recurrido al agua de los sistemas de aire acondicionado para labores básicas, y varios capitanes reportan que sus tripulaciones llevan meses sin comunicarse con sus familias debido a las interferencias de la guerra electrónica.
Los barcos mismos representan otro problema logístico de gran magnitud. Tras meses de inactividad en aguas cálidas y sin mantenimiento, los cascos acumulan organismos marinos que afectan su velocidad y maniobrabilidad. Especialistas del sector naviero calculan que, incluso si se firmara un acuerdo político de inmediato, podrían pasar entre 30 y 45 días antes de que el tráfico marítimo regrese a la normalidad. La coordinación del cruce de 1,500 embarcaciones en un paso de apenas 38 kilómetros en su punto más angosto añade una complejidad operativa adicional que ninguna negociación diplomática puede resolver por sí sola.
Con información de El Mundo.
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Fuente: El Mundo


