
Escocia: de capital de asesinatos a nación segura
El enfoque de salud pública transformó radicalmente las cifras de violencia en Escocia durante dos décadas.
A principios de los años 2000, Escocia era considerada el país más violento del mundo desarrollado, según la Organización de las Naciones Unidas. La probabilidad de sufrir una agresión allí era casi tres veces mayor que en Estados Unidos. Dos décadas después, la nación figura entre las más seguras del continente europeo. La clave del cambio fue tratar la violencia como un problema de salud pública, no solo como un asunto de justicia penal.
Glasgow, el epicentro de la crisis
Entre 2003 y 2005, Glasgow registró la tasa de homicidios más elevada de toda Europa. La ciudad más grande de Escocia arrastraba décadas de enfrentamientos entre bandas juveniles, tráfico de drogas y agresiones con arma blanca que se habían vuelto casi cotidianas en ciertos barrios del este de la ciudad.
Los analistas policiales detectaron un patrón relevante al revisar los datos: la mayoría de los homicidios no estaban vinculados al crimen organizado ni eran premeditados. Generalmente surgían de peleas espontáneas en las que alguno de los involucrados portaba un cuchillo. Esa conclusión fue determinante para replantear toda la estrategia.
En 2005 se creó la Unidad Escocesa de Reducción de la Violencia (SVRU, por sus siglas en inglés), impulsada por la Policía de Strathclyde y ampliada al año siguiente como iniciativa nacional por el gobierno escocés. Su premisa era clara: abordar la violencia desde una perspectiva integral que incluyera factores sociales, educativos y de salud, no solo la persecución penal.
Sesiones de derivación voluntaria y resultados concretos
Uno de los experimentos más llamativos de la SVRU ocurrió en octubre de 2008, cuando 85 integrantes de bandas rivales de Glasgow fueron convocados al Tribunal del Sheriff local. Sin juicio ni acusaciones formales, escucharon testimonios de víctimas, médicos y familias afectadas por la violencia. Al concluir, se les ofreció un número de contacto para quienes quisieran abandonar ese entorno.
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Tras diez sesiones similares, en las que participaron 473 jóvenes, cerca de 400 realizaron esa llamada pidiendo apoyo. Fue el inicio de las denominadas sesiones de derivación voluntaria, una herramienta que combinó presencia institucional con acompañamiento social.
Los resultados fueron significativos. En la década siguiente a la puesta en marcha de estas medidas, la tasa de homicidios cayó un 56% en Glasgow y un 38% en el conjunto de Escocia. Los delitos violentos en general disminuyeron casi un tercio en todo el país entre 2006 y 2015.
Hoy, el número de homicidios en Escocia se encuentra en su nivel más bajo en más de 20 años. El país ocupa una posición intermedia entre las naciones europeas, con tasas per cápita menores a las de Suecia, Francia o Inglaterra y Gales. El cambio de enfoque —de la sanción al acompañamiento— es señalado como el factor central de esa transformación.
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Fuente: BBC Mundo


